Tu voz, callada. Que no se trata de que tú decidas callar; se trata del medio en el que vives y trabajas. Todo te lo aconseja de ese modo. Me desdigo, por tanto: al final, eres tú el que decides no abrir la boca, no decir esto o lo otro. Pero lo haces porque estás harto o harta de ser un “contreras”, la “oveja negra” o un “tiquismiquis”. Optas por resignarte a vivir en el

