Primero, no se escribe en caliente. Segundo, no se excitan las pasiones. Y, mucho menos, las peores, las que piden cosas horribles. Dicho lo cual, es preciso subrayar que ciertos debates vienen siendo ineludibles. El pensamiento más clásico insistía en la responsabilidad individual del delito, y en la acción punitiva puntual – con todas las consideraciones debidas – de la Justicia. Un poco, aquello de “el que la hace, la paga”, para entendernos. Eran otros…