A veces, me sonrío íntimamente cuando oigo a ciertos colectivos hablar de malos tratos y de recuperar la dignidad. Es algo que está ahí, en los platós, en las entrevistas de radio o en las columnas de prensa. Cualquier colectivo caracterizado por esto o por lo otro elige un portavoz dotado de cierta elocuencia y helo ahí, exponiendo cuitas, siglos de incomprensión y ninguneo, y la urgentísima revisión de una situación opresiva, intolerable, a todas
