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La Voz, Libre, por Encima de las Suspicacias

voz callada

Tu voz, callada. Que no se trata de que tú decidas callar; se trata del medio en el que vives y trabajas. Todo te lo aconseja de ese modo. Me desdigo, por tanto: al final, eres tú el que decides no abrir la boca, no decir esto o lo otro. Pero lo haces porque estás harto o harta de ser un “contreras”, la “oveja negra” o un “tiquismiquis”. Optas por resignarte a vivir en el gruñido.

            Somos seres sociales; no vivimos solos. Desde pequeños, hemos aprendido las normas del grupo. La familia, la escuela, y otras formas. Cada grupo social conlleva ligazones emocionales. Y jerarquías, voces cantantes. Voces que, a veces, hablan a través de miradas elocuentes. Miradas a las que conviene no sustraerse. Es el código genético de la vida en común que, luego, gana en complejidad, sin desdecirse de lo elemental.

            Más tarde, a lo largo de nuestras vidas, cuesta encontrar un espacio propio. Lo que se llamó tantas veces un lugar bajo el sol, un rincón donde podamos decidir algo. Y, sin querer, acabo de introducir el verbo “poder”. Porque poder es eso: capacidad de decidir en libertad. Esta noche ceno tortilla o huevos fritos. Estudio Medicina o Derecho.

            E insisto en que, a lo largo de nuestras vidas, cuesta tomar decisiones en libertad sin mirar de reojo a derecha e izquierda. Sin sopesar las repercusiones sobre el medio y, en muchos casos, la aceptación del mismo. Si ello es así, aun es más difícil participar en las decisiones que se toman sobre las cuestiones que atañen al grupo. Porque afectan a gente con las que tenemos lazos afectivos. Y las discrepancias tensan dichos lazos. Y, a veces, los rompen.

            Vuelvo al principio de este minipost. El ejercicio de la libertad personal es complejo. Porque va ineludiblemente ligado al conflicto, a veces con los que más queremos. Y ello nos empuja a la comodidad, a sofocar nuestra voz por mor de mantener ciertas sonrisas. Lo que irremediablemente agria nuestra sonrisa interior.

            No, cada paso en libertad va a rechinar en los oídos de muchos. Y, en la medida en que no violente las reglas elementales de la vida en común, uno hace bien en caminar firme sobre esa senda y en oír su voz de forma clara. En decidir no callarse y actuar, vaya.

Firmado:

Federico Relimpio

Federico Relimpio

@frelimpio

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