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Por Real Decreto (y dos).

Por Real Decreto (y dos). Y nunca mejor dicho. Porque vamos a por el artículo dos del Real Decreto. Como en el post anterior, aquí esta el link al texto completo.

Nota previa, a fin de evitar malos entendidos. Asumo que el Real Decreto se titula: «de medidas urgentes en materia de teletrabajo en las Administraciones Públicas y de recursos humanos en el Sistema Nacional de Salud para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19», y el artículo 2 «Medidas de contratación excepcional de personal facultativo y no facultativo».

Porque, en un momento más ingenuo de mi vida profesional y personal, me hubiera creído a pies juntillas todo lo que pone en el párrafo anterior. Es decir, que las medidas que voy a comentar a continuación son solo urgentes, en el contexto de la emergencia sanitaria que vivimos, y con carácter excepcional. Pero entremos en harina.

Artículo 2, apartado a. Lo abrevio: que pueden contratarse graduados en Medicina sin especializar. Sin MIR. Solo con el grado en Medicina. Como en los ochenta, vaya.

Primero, veamos el hecho desnudo. Cualquier persona profana en la materia podrá preguntarse: «¿Pero qué problema hay?».

Será preciso contestarle que, hasta ayer, para ejercer en el Sistema Público de Salud, cualquier médico tenía que terminar con éxito la especialidad vía MIR. Y que ello supuso un hito en la medicina española, por lo que de garantías ofrece de cara al paciente. Algo que hizo que el título español de Medicina Familiar y Comunitaria, por citar solo un ejemplo, fuera reconocido y respetado en toda la Unión Europea y abriera muchas puertas. Y por si fuera poco — a los hechos me remito —, nuestros títulos se convirtieron en un buen pasaporte profesional para la emigración en busca de mejores condiciones de trabajo. A esto le llamamos homologación.

El hecho es que, excusado por la emergencia y la excepcionalidad, sin oír más voz que la suya, el gobierno acaba de prescindir de esta garantía. El resultado del artículo 2 del Real Decreto no es ninguna minucia. Insisto: el graduado en Medicina sin MIR hasta ayer no podía ser contratado por el Sistema Público de Salud. El entorno europeo al que pertenecemos tiene por consenso que el grado de Medicina a secas no garantiza una formación adecuada para la atención al paciente. Hablando en plata: que el paso por las aulas sin prolongarlo con una época de guardias tutorizadas  — «fuego real» donde lo haya —, formación estructurada, sesiones y muchas otras cosas que conforman la residencia no ofrece las garantías debidas a la población. Esa idea tomó carta de naturaleza en muchos países en los sesenta, y terminó cuajando — con dolores de parto — en España entre los ochenta y noventa.

Lo siguiente es el apartado b. Extranjeros no comunitarios. Es lo mismo y no lo es. Porque estos vienen con una formación acreditada, pero de Bolivia, por ejemplo. Hasta ayer, el procedimiento los ponía en una larga antesala en la que tenían que detallar su formación, antes de homologarse. De no realizar dicho procedimiento, sería posible pasar como ginecólogo a un señor que traía un título firmado por un familiar, sobre la base de un rotatorio de seis meses, que simultaneaba con otras actividades. Algo común en la España de otros tiempos, por otra parte. Debo subrayar que al exigir una homologación cuidadosa no se peca de xenofobia, sino de velar por las garantías. Y prescindir de estas, es dar un salto al vacío sin red.

Emergencia y excepcionalidad… ¿Hasta cuándo? Porque una vez que el Real Decreto está en BOE como «Legislación Consolidada», la situación vuelve a ser muy cómoda para los responsables de RRHH. La gloria de los años de «petróleo barato» de los que habla Juan Simó. Se descubre, pues, un filón inagotable de precarios sin formación reglada con que rellenar esos puestos difíciles de cubrir en «áreas lejanas». Y, de nuevo, una presión a la baja para las reivindicaciones salariales. Un déjà vu en estas décadas de plomo en la degradación de las condiciones laborales de la Medicina en España.

Pasará la pandemia, y esperemos que su factura humana sea la mínima posible. En tal momento, le recordaremos a las administraciones que el Real Decreto ya no tiene sentido, y que prescinde de una serie de garantías de formación ineludibles para la atención sanitaria a la población. Y entonces, ¿qué pasará con esa legión de graduados sin MIR y extranjeros homologados por la vía rápida que cubrieron el hueco? ¿A la calle y gracias, como los del IFEMA?

En el fondo de la cuestión, la irresponsabilidad de tirios y troyanos, todos con responsabilidades de gobierno en las CCAA y en el gobierno central, que no tomaron en consideración — por ejemplo — las jubilaciones masivas de los médicos de Atención Primaria. Mientras tanto, miles de especialistas de todo tipo se nos iban yendo a la Unión Europea, donde ahora disfrutan de otra situación profesional.

La conclusión es simple: el pueblo español ha pagado durante todos estos años un buen sistema de formación médica especializada. Mientras tanto, una clase dirigente negligente e irresponsable ha abdicado de sus deberes de planificar los RRHH, no ha estimado la necesidad de plazas de especialistas ante el alud de jubilaciones que vivimos, y ha perpetuado unas pésimas condiciones laborales para un sector clave del Estado del Bienestar, favoreciendo la emigración. Y ahora fingen apañar el problema «de modo urgente y excepcional» prescindiendo de las garantías del buen hacer sanitario.

(Publicado en SevillaInfo el 9/10/2020)

Firmado:

Federico Relimpio

Federico Relimpio, médico y escritor

Observatorio de la Sanidad Pública del Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla @RICOMSevilla.

Tu dirección de e-mail, aquí abajo

 

 

3 thoughts on “Por Real Decreto (y dos).

  1. Katzinsky says:

    La cosa tiene una explicación simple. Gobierno tras gobierno (De cualquier signo), año tras año, día tras día, se ha recortado en Sanidad, en derechos laborales y en personal. Se ha obligado a las ya de por si exiguas plantillas a estirarse al límite, sin contratos o con contratos basura que hacían que la gente o colgara el fonendo o se fuera con la música a otra parte. En definitiva, transformando una chabola de muros viejos aunque relativamente sólidos en otra más «vistosa», con ordenadores, lista interminable de derechos del usuario, garantías a granel de todo… Con muros de papel. Un papel finísimo, que esperaba una tenue brisa para romperse. Pero he aquí que de brisa, nada. Huracán de los de película americana de terror. ¿La solución? En lugar de tomar medidas, abrir la puerta de par en par a gente que mal que les pese no tienen la formación requerida. Porque claro, ¿No son todos los médicos iguales? Craso error, propiciado por generaciones y generaciones de políticos empeñados en envilecer el acto médico, en hacer pasar, o mejor dicho transformar al médico en un simple oficinista más, una rueda del engranaje en la monstruosa maquinaria del Estado. Buena cosa para mantener a los médicos calladitos, y aguantando quina. La formación se ha menospreciado, la experiencia se ha ignorado en pos de los números, fríos y adorados por los gerentes. Médicos dóciles, haciendo medicina de calidad (Porque a eso obliga la ética profesional) con los recursos que buenamente haya. Lo que era Medicina de Guerra, vaya.

    ¿Y ahora, qué? Pues ahora, ahora ven que de tanto apretar el pescuezo de la gallina de los huevos de oro, la gallina está en la UCI. Justo cuando más falta hace… ¡Insolidarios médicos, que se han ido al extranjero abandonando a la Patria en su peor hora! (Nótese la ironía, ya que la Patria, y los políticos que gobiernan sus designios, son los que les han dado el puntapié primero, aplastado, machacado, explotado, y son los responsables de todo este fiasco, que a nadie le quepa duda. Con la complicidad de la Sociedad, callada y a veces incluso aplaudiendo). Se les ocurre maquillar al casi cadáver, cual Rodrigo Díaz de Vivar, introduciendo profesionales que con escasa o nula experiencia van a tener que atender casos graves, y no sólo eso, trasladar a los profesionales de un sitio a otro por las buenas. Lo que tiene el mismo resultado: poner a alguien inexperto o peor aún, lego en la materia, a hacer de aprendiz de brujo. A exponer el pellejo propio y del paciente: el propio, porque errores y demandas están asegurados; y el del paciente porque le va literalmente la vida en ello. No, señores políticos. Un ginecólogo no va a saber diagnosticar un linfoma de Hodgkin, un traumatólogo no va a saber tratar una diabetes y un radiólogo ni de lejos puede tratar a un pluripatológico frágil. Que la Medicina no es como la vida de vuesas señorías, carguito y a vivir del cuento, para siempre a costa del erario público, que lo hace cualquiera aunque no sepa siquiera leer o escribir. Que es una ciencia que requiere pararse a pensar, tener los conocimientos y la experiencia necesarias. Que un chaval recién terminado no tiene los conocimientos necesarios ni la experiencia como para enfrentarse a esta realidad sórdida que USTEDES han creado. Ni se lo recomiendo, porque pueden arruinar sus vidas para que ustedes conserven su pellejo. No apelen a que es necesaria ayuda y se necesitan manos, no trasladen la responsabilidad a las espaldas de unos jóvenes inexpertos y con ilusión, no sean como el maestro Kantorek, engañando a los jóvenes para alistarse e ir al frente.

    Porque soluciones hay. Hay médicos jubilados, que pueden hacer funciones de descarga. Hay facultativos dispuestos a trabajar, a dar el callo. Como siempre fue. Como siempre será. Desalojen primaria de burocracia fútil, de cadenas en forma de miles de papeles. Desháganse de lo superfluo, de lo accesorio, no de lo crucial. ESCUCHEN Y DÉJENSE ASESORAR POR LOS QUE ESTÁN EN PRIMERA LÍNEA DE BATALLA. Dejen, por una vez, si es que pueden, su maldita prepotencia aparcada por ahí, manden a paseo sus intereses partidistas, preocúpense de una buena vez de arreglar algo y no de ser peores que el problema. Sean humildes por una vez en la vida, y podremos tal vez salir de ésta. Sigan como van, y les auguro que generaciones futuras no les perdonarán lo que están haciendo. Tiempo al tiempo.

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  2. P.A. says:

    Me llama la atención que ud. se ha fijado en las mismas cosas y en el mismo orden que yo: lo primero, la «militarización» de la sanidad, que hace que el trabajo precario de por sí sea aun más precario, y menos atractivo.
    Y luego por detrás la «homologación express». Que es un problema no porque venga gente de fuera (yo no tengo ningún problema con eso), sino porque las homologaciones son necesariamente un tema delicado. De país Europeo a país Europeo tardan meses a pesar de haber un acuerdo. Y ese acuerdo tardó décadas en alcanzarse. Hay que asegurarse de que las cosas se corresponden. Hay especialidades que cambian mucho de país en país… por ejemplo, en su día oí el caso de un otorrinolaringólogo que buscaba homologar el título… pero en su país ORL estaban separadas la parte médica y la quirúrgica (él había hecho la primera). Su formación era excelente para manejar la consulta de otorrinolaringología, pero no había pisado su quirófano en su vida. Y no se podía convalidar el título sin subsanar este aspecto con formación extra.

    Y el problema de base sigue siendo que el trabajo en España es precario y poco atractivo. El otro día leí que el 70% de los médicos que homologan el título no llegan a colegiarse en España. No me sorprende en absoluto: el problema de base es el poco atractivo (y bajando, con la nueva «disciplina castrense») del trabajo sanitario en España. Aumentar las plazas MIR o hacer homologaciones express no sirve de nada si la oferta es tan mala que tanto unos como otros van a estar de paso lo justo para buscarse algo mejor en otro sitio..

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    1. admin says:

      Gracias. Este país se debate ante la incapacidad de manejar la cohorte crónicos complejos, pluripatológicos y polimedicados. Concibió y financió su sistema en torno a la accesibilidad (a Primaria, y de ahí a Hospitales). Desgraciadamente, no es posible compatibilizar la demora cero con atención no masificada en Primaria. Y ello hace a Atención Primaria un lugar estresante, donde difícilmente se pueda controlar adecuadamente la cohorte a la que aludía en la primera frase. Esto no tiene arreglo en esta generación. Será en otro tiempo, con otra disponibilidad económica. Mientras tanto, cualquier joven con una razonable ambición profesional tendrá que buscar su desarrollo profesional más allá de nuestras fronteras.

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