fbpx

Vida y Destino de una Profesión

Vida y Destino (Vasili Grossman, Editorial Debolsillo pp 172-3).

La operación había comenzado a las once de la mañana y se prolongó hasta las cuatro de la tarde. En la intervención estuvo presente el doctor Dimitruk, el director del hospital. Según las opiniones de los médicos que asistieron a la operación, ésta había sido un éxito.


Máizel, ya en la mesa de operaciones, había resuelto correctamente dificultades que no habían sido previstas o tratadas en la descripción de la publicación médica.


El estado del paciente durante la operación fue satisfactorio; su pulso se mantuvo constante, sin caídas.


Hacia las dos el doctor Máizel, que tenía sobrepeso y estaba lejos de ser joven, se sintió indispuesto y durante algunos minutos se vio obligado a interrumpir la operación. La terapeuta, la doctora Klestova, le suministró Validol y luego pudo terminar su labor sin más interrupciones.  Poco después del final de la operación, sin embargo, cuando el teniente Sháposhnikov fue trasladado a cuidados intensivos, el doctor Máizel sufrió una grave angina de pecho. […] Evidentemente, el ataque se había originado por la excitación nerviosa y la sobrecarga excesiva de un corazón enfermo.
[…]
Las constantes vitales de Sháposhnikov no habían sufrido alteraciones destacables y la doctora dijo a la enfermera Teréntieva:
-Máizel le ha dado una nueva vida y él casi se muere. 
A lo que la enfermera Teréntieva  respondió:
-Oh, si al menos el teniente Tolia lograra salir adelante… 

***

Les recomiendo la novela, especialmente si son aficionados a la Historia Contemporánea. Se concluye – basada en experiencias autobiográficas – casi dos décadas después de concluir la batalla de Stalingrado, el punto de viraje de la Segunda Guerra Mundial. Ello no obstante, fue secuestrada por el régimen soviético y escapa a los censores en 1980, fuera de las fronteras de la Unión Soviética. Su autor muere en Moscú en el ostracismo sin verla publicada.

Sin embargo, no la traigo hoy aquí por esto. El manuscrito es de un periodista ruso que cubrirá para la eternidad la batalla entre dos totalitarismos que van a marcar el siglo XX. Se escribe poco a poco, tal vez en los cincuenta, compilando notas o recuerdos de aquel fatídico 1942. Pero, entre miles de otras cosas, deja una idea muy concreta de la Cirugía.

No soy cirujano. Mi padre lo fue. A través de su vida y sus padeceres siento la lectura de este par de páginas más viva y universal que nunca. No soy cirujano, lo repito. Pero creo que  tal vez no sea preciso serlo. Los clínicos de cualquier especialidad dejamos bastante la piel en ello, aunque no incidamos la piel con un bisturí: basta plantearnos dudas diagnósticas o conductas alternativas ante una historia personal delicada.

Creo que el espíritu de estas líneas de Vasili Grossman está lejos, muy lejos del aire que respiro en mi país, y sobre todo en mi comunidad autónoma, Andalucía. Tengo la impresión que, con demasiada frecuencia, damos la perfección de la Medicina por garantizada y su imperfección por punible. Hemos creído por un momento que tenemos derecho a cualquier sacrificio, a cualquier renuncia porque ello es lo que exigen conceptos como son la vocación o la profesionalidad. Invocamos constantemente estos conceptos a la hora de exigir resultados o, mejor que resultados, la idea del mejor resultado al menor coste – lo que viene a ser llamado la eficiencia – sin pensar para nada en las sufridas coronarias del personal que dispensa los cuidados –  ¿Qué más da, si hay recambio? -.

En estos momentos en que la difícil cuadratura de las cuentas públicas parece exigir un durísimo ajuste, aquí en Andalucía han encontrado una aplicación peculiar – ¿A todos por igual? O tal vez no: mayor rebaja a los sectores más cualificados, a los cirujanos, por ejemplo – pensando ilusamente que mañana por la mañana nuestros cirujanos, nuestros clínicos van a luchar con la misma moral de combate – ¿No es eso la profesionalidad? ¿No consiste en eso la vocación? -.

O tal vez sea la contraria, que nos conocen demasiado bien, los de arriba: que podemos ser gruñones, pero en el fondo, somos sumisos. Hemos aceptado hace tiempo nuestra condición de frailes – o de borricos -, dándole vueltas a la noria, aunque con mucha más formación y más difícil sustitución. Probablemente saben bien hasta dónde pueden llegar antes de que el fraile abandone el cenobio, pero eso lo dejo para otra entrada. De lo que ya he hablado es de la crisis de fe del fraile – que en si no es gran problema, mientras siga dando vueltas a la noria – y de la posibilidad de una revuelta secreta que le complique un poco las cosas al abad. Y al arzobispado.

Mis cosas, en twitter…

Veinte años de experiencia en el Sistema Sanitario Público, en una corta novela a un sólo click.

1 thought on “Vida y Destino de una Profesión

  1. Anónimo says:

    Estimado Dr. Relimpio,
    Soy una compañera de profesión que esta absolutamente de acuerdo contigo y que efectivamente piensa que todo lo que están haciendo podría resumiese en: "están creando un monstruo"….. Que se revolverá lenta pero contundentemente contra ellos, ya son muchos en las redes, en los wats, en las catacumbas luchando contra el régimen… Tal que Frankstein, no saben que han hecho… Somos mas , somos mas fuertes ,

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde