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Todos los Hombres del Rey

Broderick Crawford es Willie Stark en “El Político”

Me veo obligado a escribir acerca de «Todos los Hombres del Rey» y, por una vez, no sé por dónde empezar. Tal es la conmoción en la que estoy instalado tras concluir su lectura, hace unas horas. Decido que es mejor contar las cosas tal y como sucedieron, como me sucedieron, a ver si así las entiendo yo un poco mejor.

            Escritor como intento ser, tengo una relación de amor y odio con los libros que leo. Hay obras consagradas por la crítica que abandono — sí, sin tapujos, las abandono — por insufribles. En el catálogo: «Yo, El Supremo», «El Maestro y Margarita», «Rayuela», «La Montaña Mágica» o «Detectives Salvajes». Se lee por placer, no para anotarse tantos. Por tanto, me es difícil, muy difícil, encontrar mi libro. Lo encontré con «Todo Fluye», de Grossman (comentado en este blog). Y lo he vuelto a encontrar con «Todos los Hombres del Rey» de Robert Penn Warren.

            Mi llegada a la novela que nos ocupa ha sido del todo casual. Buscaba películas — otra relación amor-odio — y recalé de modo casual en «El Político» (1949, tres merecidísimos óscar y cinco globos de oro, 7.4 de Filmaffinity). Un clásico como un piano que (casi) nadie menciona en la actualidad. Un peliculón como un camión que me hizo profundizar en las raíces: la novela que nos ocupa, Premio Pulitzer 1946, clásico entre los clásicos de la narrativa norteamericana y un relativo desconocido en nuestro medio. O, al menos, no lo oigo mencionar. Y debería.

            (Inciso: hay un remake cinematográfico reparto-de-lujo con crítica-demoledora de 2006. No lo he visto. Estoy enamorado de la película del 49 y de la novela, mucho más, y comprenderán que no quiera estropearlo).

            Digo que deberíamos haber oído hablar mucho de «Todos los Hombres del Rey» en estas últimas décadas en España. Porque todos los que nos lamentamos de la degradación del panorama político en nuestro país nos entregamos a la estupidez de la leyenda negra. Necesitamos obras como esta que nos digan, negro sobre blanco, y en la mejor prosa, que la degradación no va unida al espíritu latino o español, sino a la condición humana. Y que el populismo, el autoritarismo, el abuso de poder y la corrupción son más viejas que el andá p’alante, como decimos en mi tierra.

            «Todos los Hombres del Rey» se merece más de un post en este blog. Es una obra larga, profunda, intensa, llena de recovecos psíquicos que torturan al protagonista. Y de ello hay que hablar un poco. La película (la del 49) engaña, siendo magistral. Porque cercena una novela que solo con muchas dificultades podía ser llevada a la pantalla. El prota no es «El Político», Willie Talos (una siempre negada versión literaria de la biografía de Huey Long, gobernador de Luisiana). El verdadero prota es su asistente, Jack Burden, en un tortuoso viaje a su interior y su pasado.

            Para simplificar, sin desvelar la trama, Jack Burden es el hijo de una familia desestructurada que, sin ser marginal, trata de orientarse profesionalmente en el periodismo local. Ello le lleva a contactar con una figura emergente: Willie Talos, paradigma del self-made man americano, prodigio de fuerza, tenacidad y voluntad, que se enfrentará con las oscuras fuerzas vivas del Estado de Luisiana en su lucha — inicial — por la decencia y por una justicial social.

            Compleja la trama, ya anuncio que el Willie inicial dará lugar a un gobernante despótico, ávido de poder, de todo el poder, y poco escrupuloso de la forma de conseguirlo. Para él, las restricciones legales no existen, o son interpretables. Porque, sin lugar a dudas, su misión está por encima de todo eso. Su misión que es él mismo. Pero él mismo hace alarde de su misión a cada paso. Evidentemente, esto no podía acabar bien.

            Willie Talos y el poder, el poder y Willie Talos. ¿Llevaba el ansia dentro desde el principio, o la fue generando y ampliando a medida que la fue degustando? Demasiado hemos visto de tantos casos, en nuestro entorno. Y, además de instituciones y partidos, en entornos empresariales, universitarios o en servicios hospitalarios. Al final, era lo del romano: «recuerda que eres mortal».

            Solo que, queriendo derribar obstáculos, Willie Talos encomendará a su asistente uno en concreto que hará a este remover su pasado. Y situar, por tanto, a la historia de Willie dentro de la historia de Jack. La que da sentido a la novela. Por ello, su lectura va mucho más allá de la película.

            Pero hay un segundo post, como escribí líneas arriba. Nos dirá mucho de Willie, de Jack. Y de nosotros mismos.

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

Mis libros

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Versión cinematográfica de “Todos los Hombres del Rey”, 1949

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