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«Todo Fluye», o el horror de Stalin

Todo Fluye
«Holodomor», el genocidio estalinista descrito en «Todo Fluye», de Vasili Grossman

«Todo fluye» no es una novela. O sí lo es, pero se trata una novela extraña. A mitad de camino entre el ensayo, unas memorias y una dolorosa reflexión sobre una patria que los rusos llevan más dentro que nadie — “el alma rusa” —. Pero, vayamos por partes.

            Podría uno plantearse qué hace «Todo Fluye» aquí, en un blog cuya vocación es la novela negra ambientada en los aledaños del poder. Y de inmediato nos encontramos con la respuesta: «Todo Fluye» no es un noir, pero comparte muchos de sus elementos. El crimen es colectivo, brutal y prolongado. Un crimen silenciado, con miles, cientos de miles de cómplices. Muchos de ellos, en destacadas posiciones de la academia o la vida política de todo el mundo, aún hoy. Y el asesino también es de todos conocido, aunque sus cómplices se hayan esforzado para que miremos a otra parte. Aquí, sin embargo, el misterio es el móvil. El por qué. O, mejor dicho, para qué.

Vasili Grossman, autor de «Todo Fluye«

            Llegué al autor — Vasili Grossman — hace mucho tiempo, y por causalidad. Un compañero y amigo me recomendó su obra principal «Vida y Destino», y ahí estuve durante unos meses — soy lector lento —. Pasó el tiempo, y cayó en mis manos un artículo que hacía mención al gran genocidio por hambre del primer plan quinquenal del estalinismo (Holodomor). Se hacía mención a «Todo Fluye» y ahí fui, de cabeza.

            «Todo Fluye» es el canto del cisne de Grossman. Resignado a no ver nunca editada «Vida y Destino», consagra ocho años a la redacción de su segunda y última novela, que tampoco llegará a ver publicada. La obra arranca con las vivencias de un hombre recién liberado del Gulag tras la muerte de Stalin, Iván Grigórievich. Este fue arrestado y condenado a una larga cadena por un delito menor durante su período estudiantil, en los años veinte. Vuelve de Siberia a Moscú y Leningrado, a reencontrarse con la Unión Soviética de la post Segunda Guerra Mundial, un lugar que ya no reconoce y donde encuentra pocas caras conocidas.

            No puedo evitar la impresión de que la obra escapó de las manos del escritor. De que, en su redacción, la vida y las vivencias de Grossman estaban tan presentes que fue imposible para este imponerse la frialdad que exige el plan de la obra, y que el inconsciente literario le impuso temas y ritmos. De este modo, tras arrancar como una novela convencional, se convierte en un ensayo acerca de las dos décadas en que la Unión Soviética estuvo sometida al designio implacable del segundo zar rojo. Y habiendo sigo el autor testigo en primera persona del atroz sufrimiento de todo un pueblo, el texto se le convierte en elegía, en lamento. El pueblo ruso proviene de una larga esclavitud, y su destino es seguir siendo esclavos.

             Como acabo de decir, Grossman sabía de lo que escribía. Vivió en primera mano la «Gran Purga», el clima de terror que asoló la Unión Soviética a lo largo de los años treinta. Hemos oído hablar de él, pero no lo hemos vivido. Hace falta leer «Todo Fluye» para sentirlo, vivirlo. Interiorizar que no es preciso haber dicho o escrito nada contra Stalin o el régimen para sufrir un arresto, una deportación o una ejecución. Te condena solo la mera posibilidad de pensar contra el régimen. O no haber denunciado a un compañero de trabajo condenado por posibles actividades antisoviéticas. O, simplemente, ser la mujer del anterior.

            Tras leer las dos novelas del autor, quedo más profundamente impresionado por esta, aunque sea menos conocida. Estremece la descripción del laberinto kafkiano y arbitrario que te aparta de los tuyos y te sumerge en los ferrocarriles y en los barracones de Siberia, donde muchos de los penados justifican a un régimen en el que creen («es un error; se trata de un error, la libertad está próxima»), la sociología miserable del Gulag y, aun peor, de la red de denunciantes que, con frecuencia, también terminan en el Gulag, y cómo toda una generación que construyó la Revolución se vio arrestada, torturada y firmando confesiones falsas, sin comprender nada. Es preciso leer cada página para vivir un horror que, sin embargo, resulta del todo incomprensible. Preguntarse «¿por qué?» a cada línea, y querer avanzar en la lectura para aclararse.

            Mención aparte merece la hambruna — holodomor — descrita en los capítulos 14 y 15. Al lector de este blog animo a leer «Todo Fluye», aunque solo sea por amor a la realidad contemporánea, por Justicia debida a tantos campesinos anónimos borrados de la faz de la Tierra y de la Historia. Porque, con el texto de Grossman en consideración, pocas dudas caben de que lo ocurrido en Ucrania y en otras partes de la Unión Soviética durante los años treinta fue un verdadero genocidio. Muerte por hambre de millones de personas, decidida personalmente por Stalin.

            Grossman nos transmite tanto su indignación como su perplejidad ante la magnitud y la inutilidad del genocidio. Describe la deskulakización — enajenación y deportación del granjero propietario —, y lo asemeja al Holocausto nazi. Y lo peor aún estaba por llegar. Porque el koljós — la granja colectiva de la Revolución, la «tierra para el que la Trabaja» — iba a ser el escenario definitivo del genocidio. Así, la Revolución del Obrero y el Campesino, la que lleva la hoz en su emblema nacional, en todos los Partidos Comunistas de la Tierra, confinó y condenó a muerte a ancianos, mujeres, hombres y niños en sus mismas casas. A morir de hambre. No les dejó salir del lugar, ni acercarse a las estaciones de ferrocarril. Les requisó el grano , y no les dejó nada. Solo el derecho a morir en la cama, uno a uno, que el hedor espanta.

Yósif Stalin

            Y aún queda el móvil del crimen, el «¿por qué?». ¿Qué conseguía Stalin con todo esto? Pero este es un blog de novela negra y no os voy a destripar la novela. Se cuenta el crimen, pero no se revienta el final. Si queréis saber por qué Grossman dejó una obra maestra — lírica, emotiva — sin publicar, reflexionando acerca del móvil de uno de los crímenes más terribles de la historia reciente, tendréis que leérosla. Por dos razones. Porque no defrauda, y porque es de rabiosa actualidad.

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

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