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«Mr Jones», o la búsqueda de la verdad

Mr Jones
James Norton, como Gareth Jones

Hoy comento acerca de «Mr Jones», y parece casualidad. De hecho, lo es. Escribía yo el otro día acerca de «Todo Fluye», de Vasili Grossman, y de su pasión por la verdad. Y buscando qué película llevarme a los ojos y oídos, me encuentro «Mr Jones». No es poco. Porque es probable que Gareth Jones tuviera mejor información acerca del genocidio soviético de campesinos que el mismo Grossman y que, libre en Occidente, se encargara de que todos supiéramos que la «utopía estalinista» mató de hambre sistemáticamente a millones de ciudadanos. Pero a la película.

           «Mr. Jones» es un filme polaco de 2019 dirigido por Agnieszka Holland. Antes de expresar mi impresión, diré que me sorprende lo variopinto de la crítica: Luis Martínez, en El Mundo, la califica muy mal, mientras que Javier Ocaña, en El País, y alguno que otro, le dan una buena valoración. Mi posición está próxima a estos últimos. Tal ver porque soy entusiasta del tema, e iba tras él.

            «Mr Jones» es una obra digna y desasosegadora. Tiene cosas de aquel Wajda en «Katyn» (también polaca y , del mismo modo, con críticas variopintas). Polonia tiene un problema con Stalin y la Unión Soviética, y lo refleja en su filmografía reciente. En «Mr Jones», como en «Katyn», la verdad está oculta, negada, silenciada tras kilómetros de ferrocarril y nieve. Las instancias oficiales poseen la verdad oficial y la bombean de modo machacón. Sin embargo, la verdad emerge a poco que se le preste atención. En «Katyn», de las fosas comunes. Y en «Mr Jones», de la audacia de un periodista galés.

Mr Jones
El verdadero Gareth Jones

            «Mr Jones» no es una obra de ficción, sino un biopic. Un homenaje a Gareth Jones, el periodista que se coló en el avión de Hitler cuando apenas empezaba su carrera criminal, y se coscó perfectamente del peligro que entrañaba. De fondo, también un homenaje a George Orwell que, sobre la base del relato de Jones, pergeñará «Rebelión en la Granja», una de las novelas de más influencia en el mundo contemporáneo, donde desmitificaría de un modo nítido e inteligente la Revolución Rusa.

            Sin pretender destripar el filme, comento tres elementos fundamentales, para mí:

  1. La descripción del poder soviético estalinista y su control de la información y la propaganda. Los periodistas extranjeros están confinados en el Hotel Metropol, en Moscú, y sirven la información que se les proporciona, sin capacidad de verificar nada por su cuenta. Son el objeto de espionaje y, cuando su relato es inconveniente, se les aparta o incluso se les asesina.
  2. La descripción de la hambruna. Tiene planos expresivos, terribles. Las isbas desiertas en la llanura nevada y el carromato recogiendo cadáveres. Pero, viniendo uno de «Todo Fluye», me sabe a poco. En la novela de Grossman todo es mucho más vívido, horripilante. Y gana horror con el absurdo.
  3. La batalla mediática, que llega hasta el día de hoy. Fue difícil para Jones difundir el relato de lo visto. Y de inmediato se encontró con un contrarrelato bien alimentado desde la oficialidad soviética: «aquí no hay hambruna». Era casi imposible realizar una verificación independiente. Y los gobiernos de aquel entonces estaban abrumados por otros miles de problemas.
George Orwell
Joseph Mawle, como George Orwell

Pero Jones lo hizo. Entre otros muchos, convenció a Orwell, escritor de ideología izquierdista que participó en la Guerra Civil Española. Como he indicado más arriba, cabe pensar que el relato de Jones y la propia experiencia de Orwell con los comunistas — entonces estalinistas — en nuestra guerra fueron la base de «Rebelión en la Granja».

De la película, tan horrible como el genocidio por hambre — «holodomor» — de millones de campesinos ucranianos y de otros lugares de la Unión Soviética es el negacionismo occidental. Ya hemos subrayado más arriba cómo el régimen soviético contraatacó valiéndose de sus agentes mediáticos negando el relato de Jones. Y cómo no era posible en aquella época realizar una verificación independiente. El presidente de Francia realizó una visita en la que se maquilló cuidadosamente todo el recorrido, a fin de que el mandatario declarase que todo eran mentiras malintencionadas.

Todo tenía su lógica. La Revolución era joven, y la intelectualidad occidental estaba embelesada. La concreción de la utopía igualitaria no podía sino enamorarla. Desde los periódicos, las cátedras u otros lugares, el experimento atraía la atención, y los resultados informados por el régimen soviético se traducían en loas encendidas. El relato de Jones eran unas malas noticias que pocos estaban dispuestos a aceptar de buen grado. Porque la Revolución tenía muchos enemigos malintencionados, capaces de pagar a un tal «Mr. Jones» para propalar sus mentiras. Desgraciadamente, decía verdades como puños, y Iósif Stalin y los suyos habían ejecutado un genocidio a la altura del Holocausto.Y, gracias al escepticismo de cierta intelectualidad occidental, a punto de pasar inadvertido.

Mr Jones
Vanessa Kirby, en «Mr. Jones»

Les dejo. «Mr Jones», merece la pena. Porque la búsqueda de la verdad lo merece. Es la esencia del periodismo. Y al periodismo, como a la ciencia, no puedes pedirle ideología o militancia. Como le escribe a Jones la protagonista femenina: «Leí tu artículo. Tenías razón; solo hay una verdad».

No les desvelo cómo acaba Gareth Jones, como es obvio. Porque les invito a ver la película. El siglo XX está lleno de genocidios, además del horror del Holocausto.

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

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