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«Becket», o morir por el honor de servir a Dios

Becket
Peter O’Toole como Enrique II, y Richard Burton como Becket

Becket, o la conversión. La búsqueda del ideal de servicio que comporta el sacrificio de la propia vida. El tema no es baladí, en modo alguno. Más bien al contrario, de rabiosa actualidad. Justo la madera que hace a los clásicos.

            Hablo de «Becket», película británica de 1964, dirigida por Peter Glenville en la que asistimos al duelo estelar entre Richard Burton (en el papel de Thomas Becket) y Peter O`Toole (en el de Enrique II de Inglaterra). El filme lleva a la gran pantalla la obra de teatro «Becket o el Honor de Dios» (1959) de Jean Anouilh.

            Sobre un clásico, se dice que nunca está todo dicho, que gana con el paso del tiempo. Y más si versa acerca de un dilema viejo como la humanidad: amoldar o no la conciencia al poder, convivir con él sin conflicto o, por el contrario, romper, confrontar abiertamente, aunque ello traiga consecuencias fatales.

            Más de cincuenta años después de la realización del filme, encuentro el tema apasionante y, por tanto, me atrevo a traerlo a colación a los lectores de este blog, cuya vocación es el lado oscuro del poder.

            Confieso que comentar «Becket» me crea dificultades. Por mezclar la Historia — de hecho, el relato contiene inexactitudes —, con lo propiamente cinematográfico, para terminar en la cuestión de fondo.

            En «Becket» encontramos a dos de los más grandes en su mejor momento profesional (Peter O’Toole interpretó «Lawrence de Arabia» en 62 y Richard Burton lo hizo con «Cleopatra» en el 63 y «La Noche de la Iguana» en el 64). Británicos ambos, criados en el teatro y traspasados luego a la gran pantalla, para darnos los mejor, como la película que nos ocupa.

            Así, se nos presenta a Thomas Becket como un sajón — y, por tanto, la casta inferior y conquistada para la nobleza normanda — que escala y se hace con la confianza del rey Enrique II. Un rey mundano, cínico y entregado a los placeres terrenales que, sin embargo, se revelará como un astuto animal político, como veremos a continuación.

            Animo a los lectores a ver la película, si no la vieron en su momento, y luego, a leer algo acerca del contexto histórico. En síntesis, nos subraya que el medievo está lejos de ser esa edad oscura que algunos creíamos, y que tiene mucho más que ver con la época de luchas palatinas de los siglos posteriores. Los reyes medievales tipo Enrique II están obsesionados por extender y afianzar su poder, y lo harán contra la gran nobleza y la cúpula de la Iglesia Católica — entonces, Inglaterra no había roto con Roma —.

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            Burton-Becket hace creíble una mutación que aún hoy es difícilmente explicable. Un O’Toole-Enrique II ávido de eliminar las trabas que la Iglesia pone a su poder aprovecha la muerte del arzobispo de Canterbury — cabeza de la Iglesia de Inglaterra  — para situar a quien cree su peón incondicional: Becket, «un hombre vacío», según nos explicará él mismo en un excelente parlamento.

La «conversión» de Thomas Becket

            Y de repente el peón descubrirá ahí una misión y una cruzada, para la exasperación de su antiguo compañero de juergas y valedor. Según indican las fuentes, el cortesano alegre y amante de los placeres dio paso a un prelado austero y piadoso con ropas de monje agustino y dispuesto a sostener hasta la muerte la causa de la jerarquía eclesiástica. Repartió entre los pobres sus riquezas, acogía en su propia casa a los necesitados, lavaba los pies a los pobres a diario e incluso lloraba al celebrar la eucaristía.

Becket

            En el filme se recoge lo que nos transmite la Historia: que nada hay en este cambio que nos haga sospechar la falsedad o la doble intención. Y que ello caló en el pueblo y, por consiguiente, suscitó la cólera real y de su entorno. Lejos de mi intención agotar aquí los detalles de la trama, aunque ya pueden anticipar el final, por supuesto trágico.

Tras la tragedia

            Subrayo al fin un detalle cinematográfico, que sirve de inicio y de colofón a la película, pero que encuentro insuficientemente explicado. El asesinato de Becket — para más inri, en sagrado — tuvo hondas repercusiones en la Europa del momento. Desde el Papa a los reyes de las monarquías vecinas, todas las élites informadas tuvieron la noción de una nación gobernada poco menos que por el diablo. En consecuencia, Enrique II fue excomulgado y anatemizado. Un poco más adelante, en un momento de especial fragilidad interna y externa para la corona, se advierte el zorro político que habitaba bajo la piel del rey.

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El asesinato de Becket, en alabastro de Nottingham

            Para conseguir su rehabilitación ante la Iglesia y el pueblo, Enrique tuvo que peregrinar a la tumba de Becket vestido de saco. Llegó caminando descalzo, para terminar azotado por los monjes. Ello, amén de cuantiosas donaciones que tuvo que hacer a los cruzados en Palestina. Como se pone de manifiesto en la película, no eran remordimientos de conciencia, sino el precio a pagar por retener la corona.

            (Nota de interés: Enrique II Plantagenet es antepasado en línea directa de nuestra Isabel la Católica, al ser esta nieta de Catalina de Lancaster)

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

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2 thoughts on “«Becket», o morir por el honor de servir a Dios

  1. concha_ea says:

    En el caso de los clásicos no solo es solo es que se pueda volver a ellos sin cansancio sino que, cada vez que se hace, se descubren nuevas e interesantes perspectivas. Enhorabuena por la entrada.

    Responder
    1. admin says:

      Gracias, Concha! Efectivamente, el trabajo bien hecho está lleno de matices. Revisitarlo después de un tiempo te permite descubrir nuevos aspectos y puntos de vista.

      Responder

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