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Si esto fuera El Corte Inglés…

“Si esto fuera El Corte Inglés, ya estarías en la calle…”
Y así se despachaba, el hombre. Y no lo dijo una vez, sino muchas. No era un calentón, tras dos o tres cervezas. Lo dijo en su despacho, charlando de esto y de lo otro. Y también en el bar, tomando café. Y luego, con la cervecilla. En días diferentes, en meses diferentes, a lo largo del tiempo. Recogía un sentir personal, un punto de vista: la discrepancia no era bienvenida. Es más, ni siquiera tolerada. De una persona como yo, se espera algo más que la sumisión. Se esperaba la entrega, el entusiasmo. Y, al encontrar el escepticismo, la crítica a una jerarquía rígida y boba – luego, el tiempo me ha ido dando la razón -, me fue reiterando la frase con la que comienzo el post. Eran los albores de la gestión clínica, y fue más que eso: fue una revolución. Y nosotros, la punta de lanza. Algo de eso recojo en K.O.L. Líder de Opinión.
El hombre en cuestión era de izquierdas. Muy de izquierdas. Convencido. No era lo que se dice un trepa. Pero, para él, el ejemplo era El Corte Inglés, una vez y otra. Siempre me lo he preguntado, y nunca lo he aclarado con él, personalmente, pese a que nuestras relaciones son buenas en la actualidad. Si apostaba por lo público en Sanidad, ¿Cómo me salía con esas cada vez que intuía – intuía solo, tampoco es que me dejara explicitar mucho – mi discrepancia? En su visión militante – casi militar – de la acción política y social, ello debía calar en tu puesto de trabajo, a las consignas dadas y de ahí, a todo lo demás.
Transmitió eso a sus sucesores, que participaban de un Sistema de Salud que, en tantas cosas, se mostraba inflexible, autoritario – o eso nos parecía -. La crítica no era bienvenida, y publicitarla, pecado nefando. Las redes sociales, invento del diablo. Y emplearlas, meterte derechito en la lista negra. A menos que te situaras en los aledaños de un régimen de cosas. O del régimen, por decirlo de una manera. Se me dijo que el arreglo del sistema, siempre desde dentro. Como la pederastia en el Vaticano, me dije yo: cincuenta años después, ahora que acaban de estrenar Spotlight.
Con el pasar del tiempo me di cuenta de que esto no es cuestión de las izquierdas o de las derechas, que para todos el ejemplo era El Corte Inglés, y que el funcionariado se había convertido en obstáculo, pura inconveniencia. Que un tipejo con plaza en propiedad, responsable ante el ciudadano y la Justicia, se convertía en ser incómodo, una china en el zapato, a consolidar lo más tarde posible. Y si consolidaba, debía ser amedrentado o silenciado por todos los medios posibles. Que haberlos, haylos.
Pero, lo siento: esto no es El Corte Inglés, y no vendemos nada. La gente no se acerca a comprar perfumes o un par de botas, y no estamos de rebajas. Somos un servicio público esencial, de lo primerito que se dota un país que se precie. Administramos asistencia médica, un componente importante de la Salud, en sentido amplio, de la hipertensión a las cataratas. Estamos aquí para garantizar que la muerte en el parto sea algo excepcional, y que esta garantía sea igual para todas. Y ahora, suma y sigue en la cartera de servicios.
La riqueza del sistema está en el cerebro de sus trabajadores, en el par de ojos que te atienden, mal que una generación de tipos – y tipas – mal aleccionados hayan desarrollado un modelo de gestión basado en el pisoteo de la autoestima. El poder del sistema es su poder sanador, no el poder coercitivo sobre los sanadores. Su eficacia reside en crear una organización adecuada para que los sanadores realicen su función, y no en acosarles – o desmotivarles -. En fomentar una atmósfera idónea para el trabajo y el estudio, y no para el silencio acrítico. No es contra la gestión clínica que escribo, sino contra la deriva tóxica de la misma. La que percibo. La que leo a diario, en tantos tuits, en tantos posts. El resultado, aquí y allá, de entender la Sanidad Pública como algo parecido a El Corte Inglés. Cuando El Corte Inglés es mucho más práctico. Y más inteligente. ¿No lo veis?

@frelimpio

2 thoughts on “Si esto fuera El Corte Inglés…

  1. Federico Relimpio says:

    O de la necesidad de introducir modos más civilizados, si se desea hacer avanzar el espíritu colectivo o de empresa.

  2. Anónimo says:

    "la discrepancia no era bienvenida. Es más, ni siquiera tolerada. De una persona como yo, se espera algo más que la sumisión. Se esperaba la entrega, el entusiasmo. Y [no] el escepticismo, la crítica a una jerarquía rígida y boba". Ya el Sr. González, Don Felipe, advirtió a su tropa de la enorme peligrosidad del "fuego amigo", aunque fuese en otro contexto.

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