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¿Qué espera usted de un Congreso Médico en el siglo XXI?

Durante muchas décadas el Congreso Médico – u otros eventos de esa índole – ha significado mucho en la vida de los avances científicos y técnicos en los que se basa nuestra profesión. Es en este contexto en el que intercambiábamos ideas y experiencias, conocíamos colegas y sometíamos nuestros conceptos al contraste de otros puntos de vista.


Sin embargo, tal vez haya llegado el momento de poner todo esto en cuestión.

Hoy, la realidad de los eventos científico-médicos está muy lejana de aquellos eventos minoritarios, casi familiares, de hace un siglo o siglo y medio. De aquellas reuniones artesanales – tertulias casi -, hemos pasado a megaconvenciones donde queda poco espacio para el intercambio de ideas. Dentro del Congreso, probablemente es el simposio el evento estrella, donde el flujo de información es vertical, de arriba abajo, adoptando el viejo aire magistral de las aulas universitarias. Queda poco tiempo para la pregunta y el debate. Los resultados de los grupos de investigación se relegan a aulas minoritarias donde acudirán unos pocos interesados en áreas superespecializadas. Y qué decir de las áreas de pósters, comunicaciones orales de segunda categoría.

A nadie se le escapa que todo este prodigio se hace realidad – viaje, inscripción, cómoda estancia – por el generoso patrocinio de la industria farmacéutica. Es ella la inversora y la beneficiaria. “El que paga, manda”, dice el viejo refrán. Y el Congreso aparece saturado de llamativos stands. No extraña que los eventos claves sean los simposios, a los que aludí antes, organizados hábilmente como… ¿sesiones de propaganda?

Es preciso hablar claro, y subrayar que los eventos médico-científicos se convirtieron hace mucho en un generoso club social con fines publicitarios. La industria se reembolsa con creces la inversión efectuada con las agradecidas recetas de la tribu galénica, a la vuelta a la consulta, y niéguese la mayor.

En los tiempos de internet y redes sociales, no es preciso desplazarse a varios miles de kilómetros para actualizarse, sépase. No es preciso escaquearse de una asistencia a la que falta todo el tiempo del mundo y más todavía. Sólo es preciso tener interés, abrir el portátil y ponerse a estudiar. Que si tienes dudas, le escribes al investigador, que suele contestar. O creas un foro, que se anima enseguida. Y desmontamos de una vez una pamplina con cargo al contribuyente.

@frelimpio

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