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Profesión Cautiva

Estamos viviendo momentos terriblemente tensos en la Sanidad Pública Andaluza. Lo que se está viendo no se ha visto nunca en la historia de nuestro Sistema Sanitario: la segunda reducción de salario organizada desde el poder en democracia y sin contestación efectiva. Demasiado fuerte en demasiado poco tiempo. Demasiada intensa la tentación de agarrar por la solapa a nuestros directores de Unidad de Gestión Clínica – el rostro visible del régimen – y darles un buen zamarreo. Pero no, debemos contenernos. Cualquier acción o expresión verbal deben dejar a salvo las relaciones personales, ¿saben?, simplemente porque en este país y en esta comunidad autónoma es más fácil divorciarte que perder de vista a una jefa insoportable o un compañero maleducado. Y de esto va esta entrada, sépanlo ya, de las peculiaridades íntimas, sociológicas y burocráticas de la Sanidad Española y Andaluza.

He dicho muchas veces que los españoles somos gente curiosa. Somos como muy de pueblo. Rascas un poco en la genealogía de cualquiera y el pueblo está ahí, a poco, a dos, tres generaciones. Y se nota. En la forma de pensar, en la de hablar. En la de estar en la vida. Les acepto que esto no pasa de burda generalización, todo hay que decirlo, y que convive con todas las excepciones del mundo. Y que también es verdad que somos un país en evolución y que nos vamos alejando gradualmente de ese lugar común. Que pesa aún, de cualquier manera. Somos de pueblo y de nuestras raíces. Y nos gusta. Lo de ciudadanos del mundo es aún para unos pocos, aunque es tendencia en expansión. Afortunadamente.

Una parte de las enfermedades de la Sanidad Pública Española y Andaluza guarda relación íntima con las enfermedades del sector de la vivienda y con la perentoria pereza del personal a la hora de trasladarse. Me dijeron mis mayores que el sistema del funcionariado de plazas por oposición fue creado para evitar el nepotismo. De ese modo, al crear un cuerpo de funcionarios con fuertes derechos a todos los niveles, se profesionalizaba a la administración y se evitaba que una nueva bandería de poderosos instalara a los suyos. Algo de eso se consiguió a lo largo del siglo XX, desde luego. Aunque, posteriormente, esos derechos se tornaron un blindaje que hizo de los funcionarios un cuerpo rígido, difícilmente sensible a las cambiantes necesidades del momento. Se crea  al final del pasado siglo una dialéctica no resuelta de profesionalidad-mérito frente a enchufismo, necesidades de la administración frente a blindajes y rigideces, que desemboca frecuentemente en la creación de paraestados clientelares o adictos.

Que me voy del tema. El funcionariado en general y el sanitario en particular no fueron siempre un cuerpo tan estático y tan plantado en tierra. En la época preautonómica la salud del sistema venía favorecida por la frecuente convocatoria de oposiciones – sí oposiciones, y no concursos – oposiciones, donde la limpieza es más cuestionable  -. Y el hecho de obtener un destino no deseado venía rápidamente paliado por la rápida convocatoria de nuevas oposiciones donde una parte sustancial se la llevaban las plazas a traslado, donde el infeliz exiliado podía irse acercando a su destino final. Cosas de otra España. El café para todos y las taifas acabaron con este sistema. A estas alturas de la vida, todavía me pregunto qué mente malsana y malvada acabó con la convocatoria regular de oposiciones en un sistema que nunca dejó de ser funcionarial. ¿Era premeditado? ¿A qué nivel se tomó esa decisión? Cosas de la opacidad y falta de democracia con que nos han gobernado todos estos años. Si lo normal en los setenta era tener tu plaza – la que fuera – a los treinta, en mi época nadie la tenía antes de los cuarenta. ¿Cómo nos dejamos escamotear ese derecho fundamental? Mis mayores firmaron la plaza en el 92 tras un largo período sin oposiciones, yo firmé la mía en el 2005 – que manda güevos – y mis menores creo que la firmaron en el 2010 – algo mejor que yo escaparon -. Siempre se me ha ocurrido la idea malpensada de que detrás de todo esto se asienta la convicción de que el personal con plaza en propiedad tiene un trato difícil y que el personal interino se compone de, en general, seres asustadizos, más dúctiles y dóciles. Es inevitable suponer que el poder tienda a retrasar la consolidación en favor de largos interinatos. Es más cómodo y da resultados. Sólo que… ¿Por qué no le echáis cojones de una puñetera vez y refundáis el Sistema sin plazas en propiedad, con personal laboral? Tengo que recordar que eso de la plaza en propiedad no existe en el norte de Europa. Es algo propio del sur, porque son cosas muy propias del sur el páramo laboral, el nepotismo, el enchufismo y sectarismo. Y sería irresistible la tendencia del poderoso – como ya se ve en Agencias, Fundaciones y demas entes del Paraestado – la tendencia a colocar familia, amigos, amigas o gente afín. De pensarlo, da pánico. Resultado, la pachanga española y andaluza.

Sólo que, en los largos interinatos, organizo mi vida: me caso, me meto en vivienda, tengo hijos, les busco cole. La vida sigue… ¿No? A muchos da tiempo hasta de abrir privada, pagar la primera vivienda y dar la entrada para la segunda. A otros, de fracasar en un primer matrimonio o relación e iniciar la segunda y recomponer familia. Complejo como la vida misma. También la vida en los servicios clínicos se organiza: se desarrollan líneas de actividad e investigación, se adquiere experiencia en un área…

Al fin, por mor de todo, tiene que llegar la estabilización y es un bombazo, un estrés. Cuántas plazas salen, dónde, quiénes somos, cuántos somos, cómo se apaña. Digo que cómo se apaña el cambio lampedusiano: que algo cambie para que todo siga igual, que es de lo que se trata. Ya decía que hemos adquirido en esto la misma estaticidad que la vivienda: el español medio, al tender desde hace décadas a la compra de vivienda y no al alquiler, y al encarecerse ésta tantísimo y tener que hipotecarse a tantos años en los últimos quince, se ha echado una cadena a la tierra y a la vida, impidiendo el desarrollo de una economía dinámica, que permita la movilidad geográfica-laboral. En Medicina ello viene a multiplicarse con la segmentación en taifas autonómicas, con las barreras lingüísticas, con los largos interinatos y todo lo que les rodea. Seres estáticos, con la idea de que aquí he caído y de aquí nadie me saca. No hay forma de salir o cambiar. Si se desea, claro. Porque los que cayeron de pie o en su sitio lo que hacen es blindarse bien y adquirir poder.

En este país, en esta comunidad autónoma puedes elegir muchas cosas. Puedes elegir profesión y miles de objeto de consumo. Puedes elegir compañero o compañera de vida, romper con él o con ella cuando te dé la gana, con rapidez, elegir salir del armario o no, optar por vivir solo o con un canario. Ser católico, musulmán, baptista, ateo convencido o creyente sólo en las bondades del Ribera del Duero. Puedes votar lo que te dé la gana, no votar o votar en blanco. Un vasto mundo de posibilidades. Pero ojo con la profesión. Porque si usted elige estudiar Medicina, saca un determinado numerito en el examen MIR y va a darle a la dichosa teclita para elegir plaza para formarse en una determinada especialidad en un determinado hospital, ahí va arrojando el 95% de las cartas de la baraja. Y cuando por fin obtenga el ansiado contrato renovable o en interinidad le quedan una o dos cartas, no más. Mire las caras que le rodean. Obsérvelas atentamente. Porque va a enevejecer inexorablemente con las mismas caras, le gusten o no. Que le digo yo que más fácil es emigrar a Inglaterra que conseguir un traslado a un hospital a seis kilómetros porque no aguanta a su jefa. Todos a mirarnos las caras en sesión, día tras día, año tras año. Todos a desayuñar juntos en el mismo bar. Como tus abuelos en el pueblo. Igualito.

Lo sorprendente es que en un ambiente tan estimulante – y más estimulante que está tras el recortazo de Griñán – se publiquen artículos científicos, se dispensen buenos cuidados y se apliquen técnicas novedosas. Catetos, pobretones y con boina, pero la mar de apañaos. A mandar, a lo que usted quiera. A lo que digan los de arriba. ¿No fue así siempre?

Mis cosas, en twitter…

Veinte años de experiencia en Sanidad Pública, en una novela en descarga on line.

1 thought on “Profesión Cautiva

  1. Alfonso Pedrosa says:

    Me quedo con esa alusión al sistema mçetrico-genital en lo de refundar el sistema con contratos laborales… Gran debate. Gran asunto. Si te llega el runrún de que empieza a moverse el paisaje por ahí, avisa, que no me lo pierdo, :DDDD

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