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¿De verdad mal pagados?

-¿Y si mañana por la mañana nadie estuviera dispuesto a pagar por lo que tú haces?

Reconozco que la pregunta me dejó estupefacto.

Recapitulo: saben, por otras entradas, que tengo un familiar directivo de energéticas con el que comparto sobremesas con cierta frecuencia y que tiene a bien replantearme mis esquema médico-asistenciales desde perspectivas sustancialmente diferentes. En este caso, la conversación se arrastraba penosamente sobre el tema de los sueldos de los médicos en España. Porque usted y yo, médicos ambos, estamos de acuerdo en que vaya asquito… ¿No? Pues vamos a sentarnos con la parte contratante de la otra parte, a ver qué piensa, y nos reímos un rato. Por no llorar, claro.

Que resulta que somos lo mejorcito de la enseñanza secundaria. Los mejores expedientes. Que nos pasamos luego seis larguísimos años de flexo, apuntes y tocho. Memorieta inmisericorde. Como aplicados alumnos de una madrasa islámica recitando el corán, día y noche, sabedores de que al final no tenemos nada, que tenemos que ir a la reválida del MIR, puesto que sin una especialidad nuestra licenciatura o nuestro grado es purito papel higiénico. Total, completa tu formación con cuatro o cinco años más, aunque en un régimen laboral que podría calificarse de peculiar. En teoría es un aprendizaje tutelado y de adquisición progresiva de capacidades. En la práctica facultativo eres desde el primer día y la Ley puede aplicársete con todo el rigor. Así que mucho ojo.  Concluyes la residencia y puta calle. Nada. Y van diez-once años de formación – nada de ocho horas diarias; muchas, muchas más -. A mendigar un contrato. Lo que sea. Como sea. Y buena cara. A renovar. Lo que sea. Como sea. Y buena cara. Nada de ocho horas diarias; muchas, muchas más – la formación continuada corre a cargo de uno -. En fin… ¿A qué seguir? Ya se sabe.  Es cansino.

No invoquen sus méritos. No relaten sus sufrimientos. No sirve de nada. Se lo digo por experiencia. La población pasa de nosotros. Va a lo suyo. Suficiente tiene con sus problemas – que ya son -. Sólo les interesa una cosa de nosotros: que estemos ahí cuando les hagamos falta y que no les costemos el dinero. Por lo demás, nos pueden ir dando. Ya sabíamos de qué iba la cosa, ¿No? No habernos metido en este lío. Ahora te jodes o te buscas otra cosa. Es un mundo cruel. Las prioridades del público no son nuestras prioridades. Sus preocupaciones no son nuestras preocupaciones. Me he llevado una ingrata sorpresa con un familiar próximo – de cultura media – de cuya diabetes he tenido que hacerme cargo. Imposible. Se lo digo, imposible. Para él, sólo cuenta el corto plazo, el hoy. Y el hoy son las molestias derivadas del tratamiento de la diabetes, que le hacen la vida insufrible. Piensa, como mucha gente, que el mañana no se sabe, que es imposible saberlo. Y hablarle de complicaciones de la diabetes es hablarle de quimeras que serán o serón. Lo que sí es real son los pinchazos de la insulina hoy. Y ahora pregúntele si encima estaría dispuesto a pagar por ello.

Y ahora vamos a reírnos más todavía. Pregúntenle ahora a los campeones del cinismo, el estrato directivo. A caballo entre una casta política de verbo fácil y un ejército profesional trincado por los güevos y hábilmente manejado por una jauría de cargos intermedios. No les lloren. No les vayan con sus estúpidas prioridades. Demasiado que a veces consiguen que les escuchen. Tienen sus consignas, sus presupuestos y sus propias prioridades. Sólo les interesa una cosa de nosotros: que no haya ruido mediático y que costemos el mínimo dinero. A ver cómo nos las apañamos para que los del párrafo anterior se van contentos haciendo asistencia light. Y conseguir alguna medallita para ellos, que tienen que justificar el sillón.

Y vuelvo a la pregunta con la que comencé esta entrada: «¿Y si mañana por la mañana nadie estuviera dispuesto a pagar por lo que tú haces?» O, dicho de otro modo… ¿Y si el recorte económico es tal que nos devuelve a un estado de prestaciones sanitarias propio de los ochenta o principios de los noventa, donde nos mal apañábamos con un sistema que disponía de sustancialmente menos recursos y personal que ahora? ¿Recuerdan cómo estábamos? Yo lo veo como en una cinta de vídeo; no me es difícil evocar recuerdos.
Y ahora vamos a imaginar que no sólo se restringe personal y prestaciones, sino que vamos a varios años de deflación – bajadas de sueldos -. Usted y yo sabemos lo organizados y eficacez que somos los sanitarios en cuanto a acciones sindicales y lo organizado y eficaz que es el poder al echarnos a los medios y la población encima. Las movilizaciones iban a durar menos que un dulce a la puerta de un colegio. Que experiencia sobrada tuvimos en la lamentable huelga del 95, perdida en el extinto Insalud nada menos que frente a una inflexible Carmen Martínez Aguayo – ¿Les suena? -. Que no, que pueden ir planteándose cuál es el límite de lo aceptable. Que les digo que aceptan dos mil euros. Y, pasado el tiempo, mil ochocientos. Y después, mil quinientos. Cabreados. Gruñendo. Pero yendo todos los días a trabajar. Y aceptando contritos la llamada del poderoso para saltarse la lista de espera y atender a su amiguita fuera de horario. No sea que… Que ya dije en otra entrada que tenemos que estar verdaderamente desesperados para liar el petate e irnos a otra parte.  Y si, por otro lado, se le ocurre la peregrina idea de montar una huelga, simplemente mire las personas que le rodean. Verá cuatro grupos:

1) Los cabreados. Gente como usted más o menos. Qué casualidad, menudean gentes cuyos ingresos familiares son su nómina o su nómina complementada con otra sustancialmente inferior.
2) Los interinos. Los silenciosos. Comprensiblemente, gente muy atemorizada que no van a pronunciarse jamás en público. Sus cum quibus penden de un hilo y miran angustiados al poder. Che sarà, sarà?
3) Los desnortados. No saben, no contestan. Son gentes que no saben decir una cosa sin contradecirse a la siguiente o sin salir por peteneras. O que, para salir de ésta, invocan que hablemos con Obama o con Ángela Merkel. O que es preciso actuar ya sobre el cambio climático, que tiene la culpa de nuestra situación laboral. Expertos enmarañadores de una asamblea o reunión laboral.
4) Los adaptados a la situación. Corrección política ante todo. «Comprendo que la situación es difícil y que exige esfuerzos, pero…» Pero el poder sabe y no se le molesta. No se le molesta porque estoy a gusto con el poder y él lo está conmigo. Así que todos a acomodarse. No se extrañen en ver ahí gentes cuyos ingresos familiares son dos nóminas como la suya más algunos extras. Pueden sufrir los recortes y ser compensados de otro modo, aunque no sea con dinero.

Visto el panorama… ¿Quién se anima a emprender movilizaciones? Derrota anunciada. Retomando la fatídica pregunta con que inicié esta entrada y que repetí más tarde, sólo me quedó responder a mi agudo interlocutor: «Sanidad es hocicar o largarse… Y si nadie paga o te echan a la cara una miseria por el producto de tantos sacrificios, sólo te queda tomar las de Villadiego, resignarte o reinventarte en otra profesión – que es otro modo de tomar las de Villadiego -.» Aunque luego pensé que hay formas imaginativas para movilizaciones. Pero lo dejo para otra entrada.

Mis cosas, en twitter.

Veinte años de experiencia en el Sistema Público de Salud, en una novela descargable a un click.

6 thoughts on “¿De verdad mal pagados?

  1. Federico says:

    Estoy completamente de acuerdo. Esto va mucho más allá de la paga de Navidad de los funcionarios. Estamos ante una crisis de Sistema. Sistema político en general. La Constitución y su deriva partitocrática está cuestionada. Sistema económico-productivo en general también. Sobre él, el marco regulatorio financiero. Un cambio demográfico sin precedentes que hace reventar las costuras de un sistema sanitario maltrecho a causa del punto anterior. Por último, la perentoria necesidad de matizar quiénes son "ellos". Los que han abierto la senda griega. Si los economistas ultraliberales y los políticos que adoptaron sus ideas y que incubaron esta crisis. Si los socialdemócratas que no advirtieron a tiempo de sus efectos e intentaron contrarrestarlos. Si la corriente de mando predominante en la Europa contemporánea que calcula mal las políticas de ajuste y austeridad sobre una sufrida periferia europea que puede ser irresponsable a veces, pero no tanto. Si unos gobiernos conservadores de esta periferia que intentan aplacar a todo trance a unos voraces mercados a fin de que les baje un poco el agua del cuello. O si, por fin, unos gobiernos locorregionales que no recortan un ápice su demagogia y su clientelismo, que no van a tocar un minuto a uno de los suyos o de las estructuras creadas ad hoc para colocarlos y van a descargar el peso del ajuste sobre todos los demás. ¿Quiénes son, pues "ellos"? Pues, probablemente, todos un poco. Gracias por el interés, Enrique.

  2. Enrique Piriz says:

    Afortunadamente, las moviliaciones en sanidad no van a depender de los medicos. Aunque todos los miembros de esta desclasada e inmovil casta sigamos acudiendo a trabajar todos los días, como si no pasara nada, sin enfermeros, auxiliares, celadores, administrativos y el impriscindible personal de limpieza, cualquier centro sanitario se queda paralizado.
    Ellos han abierto la "senda griega", ya sabemos como sigue: huelga general cada 6 semanas y barricadas en las calles.
    Los medicos podemos seguir como si nada,pero esto va mucho más allá de la paga de navidad de los funcionarios

  3. Julio González says:

    Enhorabuena Federico. Metes el dedo en la llaga y dejas al rey en pelotas. Esto es lo que hay. Ni más ni menos. Yo soy interino, cabreado y con esposa en paro cobrando una nómina sensiblemente inferior a mi sueldo.
    Un saludo cordial.

  4. Ana B. says:

    A estas horas de la madrugada (camino de las 2) y después de la desesperanza o desesperación en que me ha dejado tu entrada me quedo con la última frase y estaré a la espera de que me cuentes formas imaginativas de mobilizaciones. A ver si hay alguna posibilidad. Una ya va siendo mayor para cambiar de aires.Un abrazo.

  5. Federico says:

    Me da usted la razón. Salvando distancias y con el debido respeto, como los judíos con los nazis: primero perder derechos civiles. Luego al guetto. Luego al campo de trabajo. Que resulta que no, que era la cámara de gas. A ver si al menos eres joven y fuerte y te cogen de sonderkommando, hasta que vengan los rusos… Ellos no se van a ir. Tú sí puedes. Como los judíos listos, que se lo olieron.

  6. Cid Campeador says:

    Y hoy, querido amigo, nos vuelven a quitar una paga extra (ya no sé cual, pues se pelean entre el SAS y Rajoy por nuestras pagas extras). Y hablan de compensarnos con un fondo de pensiones (que nos quitarán dentro de un año al considerar que es un privilegio de los funcionarios). ¿Por qué simplemente no se van ellos? Propongo: en vez de emigrar todos los españoles de este país en decadencia, que emigren los políticos, los falsos empleados públicos enchufados por ellos y todos esos carguillos lameculos que no tienen más función que alabar al de arriba.

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