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Paraíso Fiscal por Amor a la Ciencia

Es curioso lo predecible de las instituciones y cómo están sometidas a la más tradicional de las dinámicas: la inercia. La costumbre, la fuerza de lo consuetudinario. No cambiar ni la hoja del calendario, de riesgo a que nos muestre la hoja roja, como en la novela de Delibes, y nos diga que estamos en tiempo de descuento.

Seré breve e iré al grano: el Congreso de los Diputados, que examina los Congresos Médicos. Lo ancestral legislando acerca de lo antediluviano. Y el resultado no podía ser otro que el que hemos visto: entonar, todos juntos, “La Vida sigue Igual”, de Julio Iglesias. Lo de los congresos médicos es un clásico, con sus adeptos y sus detractores. Algo que parece consagrado, pero que no deja de oler a rancio, no sé por qué – tal vez sea mi posición personal, no lo descarto –. De mis infantiles años, recuerdo las páginas de Astérix, y cómo ya se ironizaba acerca del particular aunque, por aquel entonces, yo no fuera capaz de relacionarlo con el tema, claro…

Bueno, al toro, que es una mona: hace un año o así, nos sorprende a todos BigPharma (la Industria Farmacéutica), anunciando que cada vez que se lleve a su druida (léase médico) a un congreso, le imputa los costes en el IRPF como pago en especie. 

Terremoto nacional hospitalario, como no podía ser de otro modo.

Les explico, brevemente. Sabrán que la puesta al día o aggionarmento, la necesaria actualización acerca de los nuevos medicamentos que nuestros médicos les van a poner mañana o pasado mañana, sea a usted o a su familia, corre a cargo de los laboratorios (en adelante, la Industria)… que vende luego dichos medicamentos, aparatos o útiles a nuestros centros hospitalarios – y que todos los pagamos a través de impuestos –. Y que las autoridades del hospital – en nombre de todos nosotros – liberan a los médicos para ir a gastos pagados – y no precisamente a la Pensión de la Cucaracha – a adquirir los necesarios conocimientos… para situar estas novedades terapéuticas en lugar prioritario en la cabeza del galeno, pero luego en su mano prescriptora. Sobre todo en su mano prescriptora, que es lo que interesa… a la industria, claro, que es la que paga el viajazo.

(Nota, y pausa para publicidad: todo esto se describe pormenorizadamente en mi novela KOL Líder de Opinión. Pueden picar aquí para sinopsis y referencias)

Es preciso explicar que el coste de un congreso internacional tutiplén puede significar muchos miles de euros. Y que un especialista hospitalario bien situado puede ir, a lo largo del año, a muchos congresos internacionales y nacionales. Y que si la industria coge estos “pagos en especie”, los transforma en cash, euro a euro, y se los imputa al médico personalmente en su IRPF, al buen señor o señora le lanza un torpedo contra la línea de flotación. Como para que cualquiera considere dejar de ir. El fin de los congresos, vaya.  Una revolución, oiga, en un mundillo críptico del que nada se sabía.

Pero nada de esto pasó. Imposible. Tumbao en el trámite parlamentario con la iniciativa de Ciudadanos y el apoyo del PP.  Lo que le acabo de decir, al principio: Julio Iglesias no tendrá que cambiar su canción de siempre, “La Vida Sigue Igual”. Inamovible. Predecible, por otra parte.

Y ahora, el debate, tirios y troyanos, desgarro de vestiduras y entonar las profundas lamentelas: la misión fundamental de los congresos médicos, la contribución inestimable que realizan a la difusión científica, lo poco o nada que nuestras administraciones hacen por la formación continuada de nuestros galenos (qué malo, el gobierno – bueno, ya se sabe -) y lo buena que es la industria, que nos salva a todos de esta desidia con su contribución desinteresada. Pueden echar un ojo a un par de puntos de vista acerca del particular, uno reciente, de @javierpadillab y otro, más antiguo, del que escribe. 

Admito que, siendo yo mucho más viejo, tengo menos bagaje intelectual que Javi Padilla. Pero más sabe el diablo por viejo, ya conocen el refrán. Y, desde hace más de una década me vengo planteando qué magnífico interés tiene la industria farmacéutica en llevarnos a Chicago, a Roma o a Berlín, a que escuchemos el último grito de polimorfismos, terapia génica, cirugía robótica o… la publicación de una nueva Guía de Práctica Clínica, defendida por un KOL (Key Opinion Leader) que, casualmente, ha estado a la cabeza del desarrollo de un nuevo medicamento (baratísimo, por cierto), y que sale – sorprendentemente – bien posicionado para su empleo en la nueva Guía. Bien en segunda línea de tratamiento o incluso como primera elección. Porque – casualmente – se aprovecha para presentar un trabajo en que se demuestra que los efectos indeseables del viejo medicamento de primera línea… son más frecuentes de lo que parecía.

Todo termina en restaurantes de lujo, reuniones entrañables en las que conviven autoridades académicas, jefes de hospitales de importancia y cargos relevantes del laboratorio en cuestión. Sonrisas y parabienes. Pactos. Nuevos criterios de utilización y nuevos flujos de dinero – a la misma bolsa, claro -. La famiglia deve rimanere unita, Carlo… 

Sobre la ida y la vuelta del asunto de los congresos y hacienda, no se me quita de la cabeza que la industria amagó lo de hacienda para conseguir algo. Y una vez conseguido, la maniobra se desmonta. Papeles clasificados. Como lo de Kennedy. Se enterarán mis nietos.

@frelimpio

P.D. De KOL Líder de Opinión (picar aquí)

 


2 thoughts on “Paraíso Fiscal por Amor a la Ciencia

  1. Anónimo says:

    Es la pescadilla que se muerde la cola: como los congresos y los cursos los financia la industria, son caros. Hay algunas sociedades científicas que han decidido hacer congresos libres. No hay percebes en el aperitivo pero son asequibles para el bolsillo. En cualquier caso, también esta la posibilidad de que los médicos se paguen la formación ellos, asi valoraran si merece la pena el curso o no antes de matricularse

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  2. Anónimo says:

    Muy interesantes las entradas de su blog, sobre todo las que hacen referencia a aspectos generales de la profesión. Y este es un tema casi "tabú". Vaya por delante que hace años que no acudo a "congresos" (excepción hecha de cuando los organiza mi servicio, en mi hospital), entendidos como esas reuniones anuales de amiguetes para contar batallitas y salir de cena. Para empezar, porque salen caros, entre inscripciones, viajes y alojamientos. De 1000€ para arriba. Mi hospital no me los va a dar, a pesar de que se supone que es por mi "formación continuada". Puedo pagarlos yo, o aceptar una invitación de un laboratorio, con lo cual, quedo en deuda, soy su prisionero. Y no quiero. Sobre todo porque la calidad científica de los congresos suele ser ínfima, excepto algún relator puntual que es experto en una materia. Comunicaciones y posters suelen ser para olvidar, y además suelen circular durante hasta varios años por los congresos nacionales, autonómicos, de subespecialidades o de especialidades "afines", con mínimas o ninguna modificación. No se pide rigor científico, se acepta todo lo que se quiera presentar. En realidad, seamos serios, al congreso la gente va a hacer vida social, a que algún laboratorio le invite a cenar un un restaurante famoso, a hacer turismo… No hay más que ver lo que sucede en un servicio cuando se avecina un congreso en un lugar atractivo por su clima o su gastronomía, y cuando el congreso es en alguna ciudad mesetaria perdida y poco accesible. En el primer supuesto hay peleas por conseguir los días y la financiación. En el segundo, simplemente se ignora, o si algún representante ofrece inscripciones, se le sugiere a un residente que prepare algo para llevar diciéndole "qué suerte tienes, chaval, que te vas de congreso". Y de todas formas los congresos no suelen puntuar en el currículum, ni las comunicaciones presentadas, así que si el resi disfruta de los días libres será lo único que se lleve del caso.
    Otra cosa son los cursos, los talleres… Eso sí es interesante y ahí sí que intento ir, y como son tan caros, a veces tengo que claudicar ante la industria. Porque nadie paga un céntimo para mi formación. El Sergas asegura que oferta cursos de formación continuada, por supuesto, y lo hace, pero sobre todo de aspectos organizativos, manejo de programas o equipos informáticos, seguridad laboral… No hay cursos sobre uso de nuevos materiales, no hay talleres para aprender nuevas técnicas quirúrgicas… Eso sigue en manos de la industria, mal que nos pese. Incluso cuando uno de esos cursos es gratuito (los hay, en mi hospital organizamos alguno con cirugías retransmitidas en directo), la financiación mayoritaria viene de la industria, que coloca sus aparatos, sus prótesis, etc. de forma bien visible en el curso. Vamos, que en esos cursos se implanta la prótesis del patrocinador, utilizando el material quirúrgico del propio patrocinador. Siguen teniendo, pues, su "caballo de Troya".
    No sé cuál es la solución. Un curso de tratamiento de traumatismos bueno como el ATLS cuesta más de 700€, sólo la inscripción, y su segunda parte, el DSTC, más de 1000€. Como son varios días, además de conseguir que te firmen los días en tu trabajo si no es en tu ciudad o cerca necesitas el transporte, el alojamiento, la manutención… Si el curso tiene carácter práctico con animales de experimentación, la cosa se puede ir por encima de los 5000€, sólo la inscripción. Y mi sueldo anual, bruto, antes de que pase Montoro y coja lo suyo, no llega a los 70.000€, guardias incluidas. Y luego, de esos 45.000€ más o menos que dejan Montoro y sus secuaces, vienen los bancos a por lo suyo para la hipoteca, las eléctricas, todos los recibos… ¿De verdad alguien espera que yo me pueda pagar un curso experimental de 5.000€, más alojamiento, viaje y gastos, de mi propio bolsillo, para aprender cirugía laparoscópica de puerto único o lo que sea?
    Pues mientras esto siga así somos rehenes de los laboratorios y las multinacionales farmacéuticas.
    Jose, desde el SERGAS

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