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Es Cara, la Chispa de la Vida

Hola;

No se engañen; no voy a hablar de CocaCola. Quiero hablar de cáncer.

Para muchos, la palabra suena a lo que suena, para qué vamos a andar con eufemismos.

Mañana es jueves, y tengo Hospital de Día de Diabetes. Todo el día, y valga la redundancia. De ocho y media a ocho. Sin ser oncólogo – perdónenme ustedes por escribir de esto, sin permiso -, veo a muchos de sus pacientes todos los jueves. Porque los tratamientos oncológicos provocan diabetes, o descompensan una diabetes previa.

Veo cáncer, por tanto. Y me corrijo de inmediato: veo cánceres, que un poquito sé del mundo oncológico. La estirpe celular y lo avanzado del proceso. Las metástasis a distancia y las condiciones subyacentes (edad, nutrición y un largo etcétera). El sumatorio de procedimientos a que se somete el paciente y la capacidad de recuperación de cada quién. La larga lucha. La larga espera.

Porque me reescribo: no veo cáncer, ni cánceres, sino pacientes con cáncer de colon, mama o pulmón, de este tipo celular o el otro, en un estadio precoz, intermedio o avanzado, sometidos a pautas de todo tipo o a ensayos clínicos.

No soy experto en la materia. Soy colaborador clínico muy próximo. Y ello no me da autoridad, pero sí justifica un interés, humano y clínico, y me tengo que corregir una vez más, porque todo interés clínico debería conllevar una buena dosis de interés humano. ¿O de qué va, si no, el interés clínico?

Largo me salió el introito explicativo y justificativo. Ahora iré al grano.

Es preciso celebrar los avances de la oncología moderna. Gracias a ella, la palabra cáncer no es sinónimo de muerte. Mucho se ha hecho, al respecto. Sin embargo, no cabe la menor duda que mucho más queda por hacer. Desde un punto de vista obtusamente general, en el imaginario colectivo la palabra cáncer aún suena como una amenaza.

Muchos de los pacientes que veo cada jueves escalan líneas de tratamiento asociando varios quimioterápicos de diverso grado de toxicidad. La respuesta es variopinta y el resultado, muchas veces, es el que todo el mundo sabe “tras una larga enfermedad”, como se reseña eufemísticamente en prensa cuando alguien famoso muere de eso, de cáncer. En estas circunstancias, los pacientes y sus familiares buscan las nuevas moléculas con denuedo, como un producto milagroso que les hará derrotar definitivamente a la enfermedad o, cuando menos, prolongar la supervivencia.

Un poquito de ello puedo comentar – con perdón de los expertos, una vez más -.

Durante cuatro años fui miembro de la Comisión de Farmacia y Terapéutica de mi hospital y revisamos muchos de estos nuevos productos. Los estudios fueron examinados, uno tras otro. Aplicables a este tipo de cáncer, o al otro, y para esta línea de tratamiento, o a la otra. Con frecuencia se obtenía la significación estadística – comprobación inequívoca de la ventaja del medicamento nuevo respecto a la alternativa tradicional, para los profanos -, pero era preciso valorar el efecto. La ventaja quedaba probada, pues. ¿Pero de qué ventaja se trataba, a menudo? Pongamos tres meses y medio más de vida, por ejemplo. ¿Y a qué precio, comparativamente? No se lo pueden imaginar, el pastizal.

Claro que cualquiera aquí podrá reprocharme que le ponga precio a los días, minutos y segundo que va a vivir un señor o señora, que es su padre o madre. Que ahorren en lo que sea. Comprensible. Yo digo lo mismo en twitter, todos los días.

La cuestión se me hizo un poco más diáfana después, a través de la experiencia de una amistad, sometida a lo que vivió como tormento por el proceso oncológico de un familiar que terminó del modo más desfavorable de los posibles. Me comentaba esta persona su pobre impresión del trato recibido en la atestadísima sala de espera y Hospital de Día Oncológico, donde su familiar sufrió lo indecible, una vez y otra, en cada ciclo. Y me refería el contraste con la excelente impresión que le causaron los profesionales implicados en la atención paliativa domiciliaria, dispensadores estos de unos cuidados que sí proporcionaban una verdadera mejoría en la calidad de vida.

Le comenté algo a esta persona acerca de lo dicho más arriba sobre el coste de los fármacos, y lo tuvo claro: la sobrevida conseguida tenía una escasa calidad y no le justificaba la inversión. Como familiar – no médico – hubiera preferido mejores recursos asistenciales y más dotación en paliativos. Era su opinión, claro.

Lo sangrante del asunto se me restaura cada jueves, como se pueden imaginar. Posteriormente, algo he leído sobre la materia. Expertos hay que se quejan de la desigualdad en el acceso, y de que la investigación ofrece con frecuencia falsas expectativas, medicación muy cara de la que pocos se van a beneficiar algo. Hay grandes pasos adelante, pero cada diez años, por ejemplo.

Más que leí, más que me convenzo. Aquí en Andalucía Occidental tenemos un triángulo de elevada incidencia de ciertos tipos de tumores. El análisis es complejo, y se me escapa de un post que me salió larguísimo. Podríamos hablar de pobreza y obesidad, ligada a algunos tipos de cáncer. Y también a la salud medioambiental, que es manifiestamente mejorable. No puedo ocultar que hay indicios de que la administración hace la vista gorda con determinadas empresas.

Concluyo ya. Creo que todo se ve mucho mejor desde la perspectiva del paciente. La inmensa mayor parte son personas sensatas mucho más interesadas en no sufrir – o mejor dicho, en vivir sin sufrimiento – que en contar minutos y segundos. Un esfuerzo coordinado para sopesar tratamientos, esperas, desplazamientos, información compartida entre profesionales y amabilidad es mucho más crucial que la propaganda en torno a la adquisición de un aparato ultramoderno o una molécula mágica. Y planificar e invertir mucho más en lo otro, en lo que antecede al cáncer. Insistir que la muerte por cáncer probablemente depende menos de la tecnología y los medicamentos, y más de una reorientación sanitaria. Y además, sale barato.

@frelimpio

P.D. Todo esto deriva de una reflexión más global sobre un Sistema Sanitario precisado de una reorientación colectiva. Personalmente, elegí la novela, género que creo más permeable al público en general. Les dejo la referencia (abajo) y el enlace: clicar sobre KOL Líder de Opinión.

5 thoughts on “Es Cara, la Chispa de la Vida

  1. Carmen Real says:

    Cuando trabajaba en SILCO y me tocaba hacer entrevistas a oncólogos normalmente el laboratorio patrocinador del estudio nos instaba a los entrevistadores a que el profesional describiera especialmente qué fármacos usar en las distintas líneas de tratamiento . Recuerdo que a uno de los muchos oncólogos a los que entrevisté nunca pude sacarle el tratamiento a usar en una tercera línea. A la pregunta qué usaría en una tercera línea siempre respondía un padrenuestro y dos aves maría. Traigo esto a colación porque seguimos en el mismo debate ético-científico: ¿prolongar supervivencia? ¿dinero invertido para ganar uno o dos meses de vida y quizás sin calidad de vida?. Muy complicado ponerse en este tema en el pellejo de los actores implicados: paciente, familiares y médicos…sin olvidar el papel que en todo esto también juegan los laboratorios farmacéuticos. Lo que sí tengo claro es la importancia de concienciar y mejorar sobre una buena atención paliativa.

    Responder
  2. Juan de la Cruz. says:

    Como anestesista y durante muchos años miembro de la comisión de farmacia de mi hospital, ratifico ampliamente tu exposición.
    Saludos.

    Responder

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