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¿No me gusta mi jefe? ¡No me gusta mi empresa!

¿Conoce el blog «No me gusta mi jefe»? Se lo recomiendo. He leído varios de sus posts y contienen reflexiones acerca de lo mórbido que puede ser el ejercicio de la jefatura o dirección de las unidades clínicas. Y digo unidades clínicas porque es un blog contenido en Diario Médico y cuyos post vienen siendo redactados por Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

El tema es complejo y apasionante. Ya he comentado en este blog que a menudo comparto tertulia con gentes de otros campos que ejercen cargos directivos, me transmiten sus puntos de vista y tienen una influencia sobre el mío. El tema de los recursos humanos es peliagudo, aquí y donde sea. Y en Salud, mucho más, porque se trata de un personal delicado, por dos razones objetivas: la formación es larguísima y el menester que se ejerce tiene especiales repercusiones sobre la vida y la felicidad de los ciudadanos. Especialmente, de los más desfavorecidos. Podría añadirse que es muy posible que, en estas cuestiones, el obrero tiene más cualificación y perspectiva técnica que el directivo. Mete encima a la política por medio. Un lodazal.

En medio de la depresión económica general que atravesamos y cuyo fin no vemos en modo alguno, algunas cuestiones sólo podrán ser analizadas en retrospectiva. Porque las exigencias del momento las hace molestas o inconvenientes. Cuando pase un tiempo, se verá que nos salvamos de ésta por la agregación familiar. Sólo así se soportaron desahucios y un paro tan elevadísimo. Exiguas pensiones de mayores que se estiraron como chicle y vueltas al hogar materno-paterno. Y porque, además, somos un pueblo resignado, acostumbrados a la pobreza, a la falta de expectativas y a la emigración. El sueño español fue corto y falso. Del mismo modo, de vez en cuando veo reconocer a algún alto cargo el secreto del milagro sanitario español. No conviene a nadie hablar de ello y cualquier palabra encuentra por eco el silencio. Algún día se analizará que la Facultad de Medicina del tardofranquismo infló el mercado de licenciados – la bolsa histórica de parados -, creando un colectivo especialmente débil para la acción colectiva. Los gobiernos socialdemócratas desarrollaron su versión del Sistema Nacional de Salud – las taifas sanitarias – con un ejército de médicos funcionarios que compensaban su blindaje con un sueldo de risa. Y no son invenciones mías.

Mucho se ha escrito sobre el funcionariado médico – el famoso régimen estatutario -, sus bondades o sus perversiones, y a ello me remito. No creo que vaya yo a abrir huecos de luz prominentes, a estas alturas. La inercia es un motor importante en historia y explica el mantenimiento de estructuras y sistemas mucho más allá de su fecha de caducidad. El estatuto se mantiene porque el Sistema es barato y ha proporcionado niveles inauditos de asistencia – no de Salud, que es algo más complejo – a la población. El desmontaje del Sistema obligaría a replantear el binomio seguridad en el puesto de trabajo retribución apropiada al nivel de responsabilidad, máxime cuando nuestra juventud empieza ya a formarse con un horizonte hacia la emigración, donde esta ecuación podría resolverse de modo más favorable, compensando el precio de las emociones (viejo post de esta casa).

Pero yo vuelvo al principio. A lo de si me gusta o no mi jefe. Porque, con lo que se tiene entre manos, creo que el debate es erróneo, insustancial. Centrar el problema en un ejercicio de la Escuela Andaluza de Salud Pública acerca de si los jefes sanitarios son o no demasiado cabrones es hurtar la mayor. Porque a mí, la verdad, lo que no me gusta es mi empresa. El problema no es mi jefe. Mi jefe podrá o no ser así pero, cuando levanto los ojos y veo el servicio de más allá, y el otro y el otro, y el del otro hospital… Veo un patrón bastante uniforme, la verdad. Una estructura piramidal tipo triángulo isósceles muy apuntado hacia arriba donde hay una cúspide que no conocemos ni nos conoce, pero que da continuamente la impresión de conocerlo todo y a todos, y de llegar a todas partes. Y que transmite hacia abajo con una presión insoportable a través de un ejército de cargos intermedios seleccionados ad hoc con la idea de que lo de arriba no se cuestiona. Se cuestiona la falta de colaboración de los de abajo, su descreimiento, su pereza o, simplemente, su falta de sintonía. El jefe será de su padre o de su madre, tirio o troyano, jefe o jefa, pero concebido y elegido como un comisario político en un modelo de Medicina Basada en la Desconfianza. Ello genera una degradación – desmoralización progresiva de un Sistema hipócrita cuya propaganda alaba al profesional y cuya práctica lo presiona y lo chantajea hasta la extenuación. No es mi jefe – me lo podría plantear -. Es la empresa. No me gusta mi empresa. Está enferma. Y no puede estarlo. Porque se dedica a sanar. Sobre todo, a los que menos medios tienen.

@frelimpio

8 thoughts on “¿No me gusta mi jefe? ¡No me gusta mi empresa!

  1. Federico Relimpio says:

    Especial alegría por volverte a leer por aquí, Enrique, y especialmente bienvenidos tus comentarios. Como no podía ser de otra manera, pones a la figura en su paisaje, para que podamos comprenderla mejor. Si yo partí del problema del jefe para ir al del Sistema, tú pones al Sistema en su contexto. No hay mejor Sistema posible porque adolece de la enfermedad del tiempo, en el sentido orteguiano de la palabra: falta de Democracia con D mayúscula. Excede de las posibilidades del blog o del recuadro y pide tertulia. Me coge con la "Nueva Historia Social de Roma" de Géza Alföldy, entendiendo el fracaso de la República Romana y conectándolo con como podemos avanzar tanto en lo tecnológico y tan poco en lo ético y en lo social. Sin embargo, a fuerza de generaciones, la piedra de Sísifo no vuelve al lugar de partida.

  2. Enrique Piriz says:

    Lo que enuncia Federico (como casi siempre acertado), no es más que una expresión a pequeña (o mediana) escala de un problema generalizado en todas nuestras instituciones.
    El jefe es fruto del sistema perverso que lo nombra. Se puede ir, pero vendrá otro igual.
    Y esto es aplicable desde el jefe de la unidad de gestión clínica y de esta organización; pasando por algún cargo intermedio del departamento de grandes contribuyentes de la agencia tributaria tan nombrado estos día; hasta el presidente del gobierno, que se irá en las próximas elecciones y cederá el despacho a otro perro con distinto collar.
    Es la constatación de lo que denunció el 15M y la pléyade de movimientos herederos. Sin un cambio profundo en las instituciones, del congreso a los centros de salud, no hay cambio posible desde dentro. si un cambio profundo en la cultura de nuestras instituciones, ni el jefe perderá el miedo a desaprender, ni el presidente perderá el miedo a los bancos.
    Sin un replanteamiento profundo de Lo Público en el sentido más amplio y más noble, este está condenado al desprestigio y a un desapego de los ciudadanos que no moverán un dedo cuando se anuncie su final, vía privatización o desaparición pura y simple como ha ocurrido con la radiotelevisión valenciana.
    Se puede tachar este razonamiento de maximalista y utópico, pero a estas alturas, ya no nos creemos lo de la suma de pequeños cambios, el cambio desde dentro o la transformación de cada uno desde nuestra posición. Primero, porque ya hemos visto de que poco sirve y segundo, porque a los que llegamos de nuevas, no nos dejan ni tener una posición desde la que tranformar

  3. Federico Relimpio says:

    Gracias por el interés y la participación. Bienvenida a la más negra de las listas. En mi caso, con nombre y apellidos. Encargado de que haya un lugar que contrapese las "verdades oficiales" y se pueda hablar en libertad. Porque verdad oficial es que allá por los ochenta, un partido hizo la reforma del Sistema y de la Primaria y prometió el oro y el moro con lo de Alma Ata: http://www.alma-ata.es/declaraciondealmaata/declaraciondealmaata.html
    Sin embargo, sería interesante ver qué hicieron éstos por AP en la época en que mandaron y qué hacen ahora dónde siguen mandando en comparación con los demás. Porque, de lo que me llega – que por supuesto estoy equivocado, claro está -, la consejera saliente les llenó de declaraciones altisonantes, palmaditas en la espalda, papeles y burocracia para enterrar San Telmo y un ejército de controles y controladores. Y calidad, mucha calidad. La calidad, que no falte. Lo que tú dices: por tierra, mar y aire o quedarse en la ratonera. Pero sin tocarles las palmas ni reírles las gracias. Si no hay un gordo, que lo digan. Pero que se ahorren los papeles, las pantallitas y el porculo. Y si siguen con los manejos o tejemanejes de palacio, que no se note. Es que deprime. A ver si se enteran.

  4. Isabel says:

    Como diría José Mota…¿ tu también te has dado cuenta, no?. Un día, en mi consulta de mi centro de salud/UGC conseguí levantar la vista del teclado a duras penas entre los 50 pacientes que me habían visto ( porque yo no ví a ninguno) y pensé..¿ Esto es lo que quieres para tus próximos 40 años?.
    Los pacientes te ven como el escollo que hay que salvar para llegar al especialista, para que le den la baja o para que las medicinas que ya le ha mandado el especialista ( de pago, por supuesto, que saben mas..) le salgan más baratas.
    Tu te ves a tí mismo atado a una mesa, sin poder tener una formación continuada ( no hay sustitutos), sin tener asuntos propios ( no hay sustitutos), sin tener salientes ( no hay sustitutos) y sin perspectivas de carrera que no sean una plaza en propiedad ( es decir, lo mismo hasta que te mueras o te jubiles, lo que llegue antes)
    Y tu empresa te ve como alguien con bata blanca ( da lo mismo que sea médico o churrero) que está detrás de la mesa para que el usuario/paciente/votante tenga alguien que le de las derivaciones al especialista, las bajas y las recetas y no chille. Por cierto ya se encarga tu empresa de que no recetes mucho, ni derives mucho, ni des muchas bajas. Pueden isinuarte la precariedad de tu plaza o si la tienes en propiedad, darte una limosnita en forma de productividad, limosnita que cada vez es un porcentaje mayor de tu sueldo, asegurandose así una sumisión absoluta y que protestes con la boca pequeña cuando te recorten de tu legítimo salario.
    Tienes dos opciones: callar y tragar o protestar. Si callas te conviertes en un zombi que repite como un mantra " si no vale la pena". Si protestas eres inmediatamente puesto en la lista negra con lo que ello conlleva ( en el caso de la eventualidad, la puñetera calle)
    Como bien dices, el sistema premia la mediocridad, pero a partir de 1994 la nota de corte de la carrera de Medicina se ha mantenido invariablemente, año tras año, como la más elavada de todas las faculatades, por lo que desde principios de 2000 lo que menos hay entre los recién licenciados es mediocridad y ganas de conformarse con un " esto es lo que hay". Ya no tienen nada que perder. Por eso los residentes fueron los únicos que tuvieron agallas de plantarse. Por eso, se vieron solos y abandonados en su batalla de David contra Goliath. Y por eso, a esta situación yo sólo veo una salida. Bueno, tres: por tierra, mar o aire.

  5. Federico Relimpio says:

    Gracias por el interés y la participación. De veras que responderte no es fácil. Abordas cuestiones de calado y creo que la respuesta de cada quien puede ser muy diferente, con plaza o sin ella, más o menos comprometido con el Sistema, de una tendencia o de otra, más quemado o menos, más acomodado o menos. Yo mismo podría haberte dado una respuesta diferente hace unos años. Creo que el Sistema Público Español es un pacto de mediocridad – en términos generales -. Para lo que cuesta, el nivel de prestaciones es aceptable. Pero para lo que un ciudadano demanda, se quedó corto hace años. Para las aspiraciones de un profesional del siglo XXI, es castrante y asfixiante. Burocrático y limitado. Sólo vale para una persona hiperadaptada y que pone sus ilusiones en otra parte, que va allí a sacar un sueldo, sin dejarse demasiado la piel (tipo empleado clásico de banca, lo expongo en mi novela K.O.L. Líder de Opinión, el capítulo "El Festín" https://www.facebook.com/KOLRelimpio). Se mantiene y se mantendrá así porque cualquier esfuerzo modernizador – en serio -, por encima de la propaganda política, va a costar muy, muy caro. Es el coche viejo y malo, pero que todavía tira.

  6. Juan says:

    Como médico antes trabajando en el sistema público de toda la vida, y ahora en un hospital privado, no puedo sino certificar lo expuesto en el artículo:
    – medicos funcionarios que compensan su blindaje (los que alcanzan la plaza) con sueldos bajos. Me pagan poco, me exigen poco. Hasta alcanzar la plaza hay que tragar; después la mayor privatización de la sanidad pública, la plaza en propiedad. Todos los profesionales se quejan, pero su máxima ambición es conseguir la plaza.
    – el sistema público de salud como un sistema inercial muy estable, que ofrece asistencia universal (otra cosa es que sea resolutiva)
    – el sistema efectivamente es barato, permite tener muchos empleados porque sus retribuciones son limitadas. Esto contribuye a la sostenibilidad del sistema. Medicos financiadores.
    – jefes que en realidad son encargados, sistema piramidal cuya cúspide es ocupada por el comisario politico de turno, cuya finalidad es sobre todo, "que no haya problemas".
    – lo peor: cuando miro a mis compañeros que llevan 20 años más, jefes de sección, con plaza y carrera profesional, veo desencanto y pasotismo, porque el sistema termina por agotarte, por repetición, por falta de cambios y pérdida de ilusión
    Pero, ¿de verdad quieren los médicos un sistema nuevo, con contratos laborales, similar al mundo real de las empresas? Cuando veo las manifestaciones en defensa de la sanidad pública, a mi no me engañan, defienden sus puestos de trabajo (lo que me parece muy normal), pero nunca antes los vi protestar de esa forma para mejorar el sistema. Lo que quieren es que no cambie su sistema funcionaria, del que se han vuelto dependientes.

  7. Federico Relimpio says:

    Gracias, por lo que me toca. "Algo huele a podrido en Dinamarca…" (Hamlet). "Algo va mal" (Tony Judt). No te falta razón. La gestión clínica pudo haber sido una buena idea. Pero se hizo con calzador, apurando plazos, politizada, dirigista, agobiante. "El camarada Napoleón siempre tiene la razón" ("La Granja de los Animales", George Orwell). ¿Resultado? "Nadie conoce a nadie", nadie se fía de nadie. Todos pueden ser delatores, porque todos quieren sacar algo de un "Gran Hermano" ("1984", George Orwell) que lo vigila todo, que lo sabe todo. Es la esencia de la Medicina Basada en la Desconfianza. Se inspira vagamente en los comisarios políticos del Ejército de Stalin: "todos pueden ser traidores; sólo se lucha bien con una pistola en la nuca." Viene descrita, más o menos, en el capítulo "La Terreur" de K.O.L. Líder de Opinión (enlace: https://www.facebook.com/KOLRelimpio)

  8. Anónimo says:

    La empresa está enferma, sí, pero los que en ella pululan, también. Con la que está cayendo, y sólo los residentes tuvieron lo que hay que tener hace un año por estas fechas. Un espíritu muerto en escalafones superiores (Salvo honrosas excepciones entre las que te encuentras, Federico). En aquellas fechas, pude ver cómo los adjuntos no sólo ni se movían, sino que incluso algunos ponían a caldo a los residentes por hacer huelga, ellos, los que debían apoyarlos. El resultado: desconfianza no sólo entre jefes y adjuntos, sino entre adjuntos y residentes. ¿Medicina basada en la desconfianza? Acertado sin duda.

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