El 27N pasado: huelga de los médicos de Atención Primaria. Una jornada intensa, llena de eslóganes y reivindicaciones. Sobre el tapete, la calamitosa situación de este nivel de asistencia, perpetuo hermano pobre de un Sistema que le regala piropos y le escamotea todo lo demás. De fondo, la cuestión sanitaria: la parte del león del presupuesto de la Junta.

De todo lo visto y oído en esa jornada, hay unas palabras de los compañeros que me llamaron especialmente la atención: la reivindicación de “libertad de prescripción”. Hoy, me gustaría invitaros a reflexionar un poco acerca de este aspecto.

Todos hemos visto las portadas que recogían la protesta de los galenos. Era manifiesto que la mayoría ya tienen una edad. Lo que, en si, es un motivo de reflexión. Pero el otro, más grave si cabe, es que reivindiquen libertad para prescribir. Porque, cualquiera que los viera, podría pensar: “Si no deciden estos con qué me van a tratar, ¿quién lo hace, en su lugar?”.

Al observador habría que responderle que su pregunta no es fácil de contestar. Porque, sobre el papel, el facultativo tiene esa facultad, justamente reconocida por la Ley: diagnosticar el problema, y elegir la mejor opción posible de tratamiento. ¿Otra Ley convertida en papel mojado?

El demonio, como siempre, se oculta en los detalles. Les repito lo de Romanones: “quédense con la Ley, y déjenme los reglamentos”. Quédate tú, doctor, con la libertad – teórica – de prescribir, que te crearé una atmósfera irrespirable, al hacerlo. Ahogo tu día a día en agendas infernales, bajo la excusa de la demora cero. El resultado, ya lo ven: seis minutos por acto médico, parte de los cuales se van en burocracia e informática. Que el médico apenas pueda oír a su paciente, y que de ningún modo pueda pensar. Que quede preso del acto automático y de los dictados del programa que, a cada prescripción, le inserta un paso que le indica que tal o cual medicamento seleccionado por el infeliz no es el de primera elección según la “guía farmacoterapéutica de referencia de Andalucía”. Para otro artículo, los pormenores acerca del guías y referencias, en este contexto. Baste decir hoy que los responsables del Servicio Andaluz de Salud elaboran sus directrices, y el sufrido galeno las ejecuta, sí o sí, que tiene a diez esperando en la sala de espera, y no le da tiempo ni de ir al baño. Como para terminar el día exhausto, la conciencia profesional hecha papilla.

¿Seleccionado por fin el fármaco conveniente? Vamos, pues, directamente al genérico de la subasta. La puja más barata del mercado internacional, sin que consten controles o inspecciones, procedente, con frecuencia, de laboratorios cuestionados o expulsados de otros países más serios.

Y si alguna o alguno osa desviarse del mecanismo descrito, queda sujeto a reuniones periódicas con su jefa o jefe, convertido en verdadero comisario del Sistema. Se encontrará ahí con el dedo acusador: que si ya no tiene compromiso con la sostenibilidad del Sistema de Salud o si pasa de los objetivos de prescripción, en menoscabo de todos los compañeros, que los respetan religiosamente. Chantajes emocionales de una u otra especie y, siempre, en el aire, la amenaza sobre actividades formativas o la posibilidad de coger vacaciones en las fechas seleccionadas. Cabizbaja o cabizbajo, nuestra médica o médico entrega la cuchara de su autoestima y acata la autoridad, más por no tener problemas, que por otra cosa.

“La libertad de prescripción de los médicos la pagamos todos”, dicen los más afines a la Administración. La misma que libera a los médicos del trabajo asistencial, para formarse en congresos u otras actividades financiadas por la Industria Farmacéutica. Allí se les induce a incorporar novedades terapéuticas que luego son reprimidas por la misma Administración, esgrimiendo el argumento de la sostenibilidad del Sistema de Salud. Kafkiano, no cabe duda.

Los límites de la libertad de prescripción podrían plantearse mejor en un contexto formativo libre – y valga la redundancia – de los mensajes del mercader que vende la píldora. Y, desde luego, libre también de la Administración pagadora que restringe la libertad, y fuerza la prescripción de medicamentos de dudosa procedencia. Llevan razón, pues, los compañeros de Atención Primaria en exigir libertad y tiempo como elementos clave para el ejercicio profesional. De ahí, cualquier desarrollo posterior. Pero siempre en libertad.

Los resultados de las recientes elecciones andaluzas abren la puerta a la posibilidad de un cambio político sustancial. Ello no obstante, debe advertirse la terrible dificultad de modificar los hechos arriba mencionados. Si se concreta el cambio, tardaremos en tener nuevos responsables en lo sanitario. Y es de presumir que estos requerirán de un tiempo para la toma de contacto. Luego vendrá el choque con la realidad: las expectativas acumuladas y la dificultad para encauzarlas. Porque tocar una ficha en este dominó tiene – no lo olvidemos – inmensas repercusiones presupuestarias.

(Publicado por Diario de Sevilla en versión impresa el 16 de diciembre del 2018)

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, Observatorio de la Sanidad del RICOMS

Twitter: @frelimpio

Mi primera novela K.O.L. Líder de Opinión. «En resumen, un libro sublime, una pequeña joya muy recomendable para cualquier médico. Debería ser de lectura obligatoria en las Facultades de Medicina”. Mónica Lalanda (@mlalanda) Clic aquí

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