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LCD-based Medicine (Medicina basada en la pantalla LCD)

Primero era usted. Y mi enfermera. Y yo. A usted le pasaba algo, y entre los tres lo intentábamos lo mejor que podíamos. No era perfecto. Es más, era muy imperfecto. Cualquier tiempo pasado no fue mejor. En muchos aspectos, fue mucho peor. Pero en algunos aspectos hemos perdido. O hemos querido avanzar, pero nos hemos desorientado.

Decía yo que hace veintitantos años, en el Paleolítico, cuando yo empecé a intentar arreglar el mundo asistencial – pobre idiota -, éramos tres. Y me desesperaba de estar abandonado en medio de un mundo que avanzaba rápidamente en cuestiones de tecnología – pobre idiota, segunda vez -.

Hace poco más de diez años se acordaron de mí. Se acordaron de todos los enanos de la Tierra Media. Y nos conectaron a la red y a la pantalla, como en la imagen. «¡Eureka!», me dije – pobre idiota, tercera vez -, al ver las posibilidades del Sistema. Y realmente las tiene, para qué lo vamos a negar. Volver al 89 o al 91 es volver a construir acueductos como lo hacían los romanos – que, por cierto, lo hacían muy bien, y duraban mucho -.

Pero ya no somos tres. Ya somos dos y medio. Porque mi enfermera o auxiliar es compartida. Se fueron jubilando las veteranas y muchas plazas se fueron amortizando. El problema es que no somos dos y medio. Somos tres y medio. El tercero es la enorme pantalla que nos han puesto entre usted y yo. Donde, según debe ser, figura todo. Todo lo suyo y todo lo mío, que enfermo soy algunas veces. ¿No quería uno instalarse en el progreso tecnológico? Pues hete aquí que te coge parte de la mesa, de la mirada, de la atención y del tiempo de consulta. Tu ojos bailan de la paciente a la pantalla, de ésta al teclado, luego a la auxiliar – si está -, y de nuevo a la paciente. Y te da por cerrar la historia clínica digital justo cuando la paciente añade algo que se juzga de importancia. Y tu miras a la buena señora disimulando el fastidio… Porque claro, ¿Por qué tiene ella que saber que eso es importante y que estás cerrando una historia para la que tienes que introducir usuario y clave con toda la atención?

Y llegamos a un nuevo problema: que no somos tres y medio. Somos cuatro y medio. El nuevo miembro de la familia es la seguridad informática. Trabaja uno con datos de máxima privacidad en una red de terminales protegida. Cada pasito que des, te pide usuario y clave de acceso. De modo figurado, es como andar por tu casa abriendo y cerrando puertas con dos cerraduras. Y, por si fuera poco, te cambian las llaves cada cierto tiempo. En cada acto médico, desde que se abre la historia clínica hasta que se culmina el proceso, son un número de entradas de usuario y clave. Y no valen las claves facilonas: no son «seguras». Tienes que alternar números y letras, y meter alguna mayúscula. Y sobrepasar cierto número de caracteres. Y no vale repetir una de las últimas diez claves. Introduce usuario y clave un número de veces por paciente, veinte veces al día. Porque si doblas jornada, son casi treinta. Y yo me equivoco mucho introduciendo las dichosas claves. Sobre todo si la buena señora se acuerda de algo cuando estoy cerrando una historia clínica.

¿Gajes del oficio? Es que no somos cuatro y medio: somos cinco y medio. No se rían y sigan conmigo. Detrás de todo esto hay un Sistema endiablado – reconozco que la gente del Sistema curra en esto un huevo, al César lo que es del César – que de repente, sin venir a cuento, «se cae». No pasa todos los días pero, de repente, te deja como un idiota mirando el circulito Explorer en la pantalla, con el paciente estupefacto al otro lado de la mesa. Porque no se puede dar un solo paso – ni uno solo, oiga – sin el Sistema de las narices. Con varios pacientes esperando, te pones a llamar a informática y te enteras que un ente misterioso llamado «servidor» «se ha caído» en un lugar remoto y que la gente está trabajando ahí como negros (perdóneseme la expresión, es ya antigua).

¿Hemos terminado por fin? ¡Ojalá! La informatización no ha acabado – ¿Lo hará alguna vez? -. La gente de Primaria y nosotros no estamos conectados del todo. Todavía es preciso imprimir informes. Con lo cual llegamos a un paso más: que no somos cinco y medio. Somos seis y medio. Nos faltaba la impresora. La impresora con su tóner. La impresora que de repente se niega a imprimir el informe que tanto le falta a la señora para no se qué tramite o no se qué juzgado o, en todo caso, porque se lo ha pedido su médico de cabecera. Puedes optar por pelearte con la impresora – algo incluido en el rotatorio de todas las especialidades, sean médicas o quirúrgicas -, o decirle que ya se lo mando por correo cuando se reanime al aparatejo, lo que significa encasquetar el trabajo para otro día.

Bueno, la señora por fin tiene su informe y está de lo más contenta. Adioses y parabienes. «¿Cuándo vuelvo, doctor?»…. ¡Horror, la cita!… Ahora viene una palabra temida en Sanidad-Andalucía: ¡Diraya!…. O sea, que ahora somos siete y medio, como el juego de cartas. No sé ustedes, pero a mí esta familia tecnológica me recuerda al camarote de los hermanos Marx. Y la familia se ensancha: súmale receta XXI, retinografía, programa de hormona del crecimiento y cualquier otra aplicación que se haga en otra especialidad.

Fin de la historia: tras la pelea con la impresora, el informe se imprimió por duplicado. La copia que se quedó en consulta dice que la señora tenía sesenta y dos años. Me quedo tranquilo: la voz correspondía con una mujer de sesenta y dos años, más o menos. Una zozobra de última hora: ahora que acaba de salir, no sé si era rubia o morena. O si se tiñe las canas. O si lleva gafas… ¿Venía con acompañante? Dice mi medio auxiliar que sí, que venía con su hija. En cualquier caso, la muchacha no ha dicho ni mu. Qué prudente…

«La depresión de Najah… ¿La precipitarían los ordenadores?»

K.O.L. Líder de Opinión, página 283

@frelimpio

2 thoughts on “LCD-based Medicine (Medicina basada en la pantalla LCD)

  1. Federico Relimpio says:

    Lo que planteas es tan interesante que se va a introducir en el cuerpo de un nuevo post que me ronda por la cabeza: LCD-based medicine, posibles soluciones. Muchas gracias por el interés y la participación.

  2. Anónimo says:

    A menudo yo tambien noto esta sensacion que relatas de desatender al paciente en pro de hacer una "bonita" historia clinica (miro a la pantalla, en lugar de al paciente) y de estar perdiendo mi tiempo de trabajo (de cada 60 minutos, 15-20 los paso tecleando o mirando a la pantalla)

    Creo que la unica solucion viable a estos problemas es reducir al minimo el texto escrito de historia clinica

    Esto me plantea una duda…¿Donde podria enterarme de las consecuencias legales de no escribir en la historia clinica o reducirla al minimo (10-20 palabras)?

    Por otro lado, si un diseñador de programas de gestion de datos o de aplicaciones de moviles viese los sistemas de historia clinica informatica que usamos, se daria de cabezazos contra una pared…Ergonomia y practicidad en niveles minimos….Engorro y procesos repetitivos (insertar contraseñas, confirmar una orden 3-4 veces…) en niveles muy altos….

    Es una pena que los programas de gestion de datos no piensen en la comodidad del medico ni del paciente y esten pensados solo como metodo de obtener estadisticas y de vigilar la manera en que recetamos (una especie de "gran hermano" de la consulta)…

    Si,iluso de mi, se tuviese como objetivo final la comodidad del medico y, por tanto, del paciente; quizas se llegasen a diseñar aplicaciones para nuestro trabajo tan rapidas, agiles e intuitivas como el conocido programa de mensajes por movil "what's app"

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