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«El Padrino»: Releerse un Clásico de la Novela Negra

Tiro de la definición de novela negra del blog de Lola de la Cámara  — ¡Gracias, Lola! —. Creo que merece la pena repetirla:

— La resolución del misterio, no es el objetivo principal.
—Desarrollo de la trama, se suele dar en clases sociales bajas y con ambientes muy violentos. La atmósfera es asfixiante de miedo, violencia, injusticia, inseguridad y corrupción del poder político; siendo un reflejo de la sociedad de primeros del s. XX : la crisis tras la primera Guerra Mundial y la Gran Depresión de 1929, da lugar a historias policiacas inspiradas en la ”Ley Seca”. No es tan intelectual e inquisitivo como en la narrativa policial británica.

El Padrino

Me preguntaba yo que hago en este lío y, viendo la definición, vuelvo a mis veinte y caigo en una de mis primeras lecturas: «El Padrino» de Mario Puzo. Lo leí un par de veces y no os digo cuántas he visto las dos primeras partes de su versión cinematográfica. La tercera me gusta menos.

Visto en perspectiva, encuentro ahí mis razones para estar en el noir. Y, sorprendentemente, las entreví a mis veinte. Al menos, que recuerde.

Me veo reconfortado en que lo prioritario no es la resolución del misterio. Porque uno no es fan de Agatha Christie — sin negarle su enorme valor y sin menospreciar a sus legiones de seguidores —. La obra de Christie es la quintaesencia de la novela policial. Sin embargo, me da en la nariz que los enamorados de la novela negra buscamos otra cosa. Más allá del misterio, o a pesar del mismo.

Lo que me encantó — y me sigue encantando — de «El Padrino» es la disección social y psicológica de la violencia estructural. Y lo admito, me asalta la vena intelectual. Metido en la novela, no puedo sino quedar atrapado por la historia de este jovencísimo emigrante siciliano expulsado del terruño por la violencia endémica. Algo absolutamente real, y que sigue siéndolo para muchos a día de hoy, venidos del corazón de África, de Oriente Medio, de Latinoamérica o del Este de Europa.

Si toco un clásico como «El Padrino», me da la impresión de que es difícil reventarle a nadie el argumento (odio el anglicismo “spoiler”). Pero es mejor tomar precauciones, ya que es probable que buena parte de las jóvenes generaciones aún no se haya asomado a esta obra, considerada en la actualidad como la Biblia de la literatura de la Mafia.

El Padrino
Robert de Niro, como Vito Corleone en «El Padrino II»

Para mí, lo impactante es que el joven Vito Corleone recala en una sociedad violenta y hostil, como era la norteamericana de hace un siglo — como lo sigue siendo hoy, en los Estados Unidos y también en nuestro país, aunque de otro modo —. Se trataba de la América del juicio y muerte de Sacco y Vanzetti, por poner un ejemplo. Tal vez tengamos la ocasión de abordarlo más en profundidad en este blog, cuya vocación es, lo digo ya, las historias negras donde el poder es el malo, o anda muy cerca.

Pero no reviento «El Padrino» a nadie si afirmo que lo magistral es el análisis íntimo de la psicología y sociología mafiosa. Que, ante todo, el joven Vito quiere sobrevivir. Y, para conseguirlo, hace lo que generaciones de italianos del sur han venido haciendo a través de los siglos: asociarse frente a una sociedad hostil. Defenderse de un Estado negligente, corrupto y depredador, tanto en su tierra de origen y como en la de acogida. Y lo hacen vertebrándose a través del modo más elemental de asociación humana: la famiglia.

Hombres de honor — y no es sarcasmo —, con normas estrictas y «delitos aceptables». Por ejemplo, el juego. Equilibrios que se rompen cuando delitos inaceptables o más peligrosos asoman por la puerta. Como, por ejemplo, el tráfico de drogas. La mafia que conocemos. La mafia de nuestros días.

Vito lo sabía, y se opuso. Porque la fuerza de la familia es la infiltración en el Estado: tener en nómina jueces, gobernadores y senadores. Un mundo de sobornos que garantiza la protección, y que se vendría abajo si las actividades mafiosas cayeran fuera de “lo aceptable”. Si la violencia se descontrolara y fuera excesiva.

Pero no digo más. Invito a la lectura (o relectura) de esta excelente novela negra. Que sí lo es, cumple con creces con la definición. Salvo la última frase, con la que discrepo. ¿Que no es tan intelectual e inquisitivo como en la narrativa policial británica? Más bien al contrario, es ferozmente intelectual. Y, probablemente, de rabiosa actualidad.

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

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