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¿Quién mató al Zar?

¿Quién mató al zar? Toda novela negra arranca o acaba en un asesinato. En este caso, el cadáver debajo de la sábana es el último zar, Nicolás II. Porque su abuelo, Alejandro II, también fue asesinado. Pero hoy nos ocupamos del primero, porque su muerte es, con mucho, más relevante.

¿Por qué nos importa esta “novela negra”?

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Fundamentalmente, porque es un elemento clave en la Revolución Rusa. Un punto de no retorno. Y la Revolución Rusa será el elemento nuclear de la historia mundial del siglo XX.

Desde el punto de vista de la Historia Contemporánea, el siglo XX se considera un siglo “corto”, que va desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín. O, desde otro punto de vista, del nacimiento a la caída de la Unión Soviética. Comunismo y Anticomunismo.

¿Quién era el zar?

No me extenderé demasiado en el tema, que excede con mucho las posibilidades de este post. A los cinéfilos, les recomiendo la excelente película «Nicolás y Alejandra» que, pese a contener algunos errores, ilustra de forma bastante precisa los hechos que vamos a comentar. Podemos considerarlo como el hombre inadecuado en el momento inadecuado, o una simple víctima de la Historia.

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Un hombre arrojado al trono de una autocracia atrasada y feudal que se quiere incorporar a la Historia, pero es destruido en una estúpida guerra de imperios coloniales.

¿Cuándo y cómo asesinaron a Nicolás II?

El lector de este post permitirá que le alivie los detalles, que puede consultar en otras fuentes. Básicamente, la catástrofe en el frente y el hambre en la retaguardia obligarán a la abdicación de Nicolás II en su nombre y en el de su hijo, enfermo de hemofilia.

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El gobierno provisional continuará la guerra en 1917 y no sabrá que hacer con la familia imperial, en un clima social y político degradado que no le permitía dar seguridad a Nicolás II y los suyos.

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Kerensky

Convertidos en un grupo de apestados, el exilio será algo imposible y el jefe del gobierno, Kerensky, optará por llevárselos al este, por alejarlos de los grandes núcleos urbanos.

Como es bien sabido, en meses después sobrevendrá la Revolución de Octubre, complicando mucho más las cosas. No en vano, será el comienzo de una larga y sangrienta guerra civil entre bolcheviques y rusos blancos — monárquicos —, ayudados por Inglaterra, Francia y los Estados Unidos.

Ante el deterioro de la situación interna, las nuevas autoridades de Moscú dan la orden de trasladar a la familia imperial y sus sirvientes desde su confinamiento siberiano hasta el sur de los Urales, en la ciudad de Yekaterinburg.

Será ahí, en el sótano de la casa que les albergaba donde un pelotón de chequistas consuma el fusilamiento de la familia imperial, el médico personal y algunos sirvientes en las primeras horas de la madrugada del 18 de julio de 1918.

¿Quién fue el asesino?

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Si por tal nos referimos al que aprieta el gatillo ante su víctima, su nombre está claro, sin dudas:  Yákov Yurovsky. Ferviente comunista, se encargará personalmente de disparar contra el zar y su hijo, mientras que el resto del pelotón dará buena cuenta de los otros, a tiros y a bayonetazos.

¿Fin de la historia?

El asesino se movía por pasión ideológica. Y sus compinches, por odio. Hacía falta fanatismo y odio para asesinar a sangre fría a doce personas en un sótano aquella madrugada de julio de 1918. Pero, siendo fanatismo y odio condiciones necesarias, no eran suficientes ni fueron determinantes.

En la Unión Soviética que nacía, la organización y la obediencia era su elemento vertebrador, y la aniquilación de la familia imperial y sus allegados era un aspecto lo suficientemente crucial como para dejarla en manos de un comisario político.

¿Quién tomó la decisión?

Lo podemos imaginar. Se decidió en lo más alto, como no podía ser de otro modo. La idea inicial fue trasladar el zar a Moscú, y juzgarlo. A la Revolución no le interesaba dar la impresión de que se trataba de una pandilla de salvajes. Se trataría, por tanto, de repetir lo sucedido con Carlos I en Inglaterra en el siglo XVII o de Luis XVI en Francia, cuando la Revolución Francesa. Luz y taquígrafos. Pero algo precipitó los acontecimientos.

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El zar estaba lejos, en zona insegura. Nadie garantizaba que Nicolás II llegara a Moscú. O que cayera en otras manos. Por ello, se optó por lo más seguro: eliminar al zar. Y a toda su familia. Y la decisión se tomó fríamente.

¿Cuál fue el móvil del crimen?

Si lo mira uno bien, no fue nada personal; solo negocios. Ni pasión ideológica, ni odio. Lenin había esperado largos años de exilio preparando la Revolución. Que tuviera éxito tuvo mucho de casualidad, y no estaba dispuesto a malograr la ocasión.

Lenin se había impuesto en 1917 y, en el primer semestre de 1918, la situación era incierta. La naciente Unión Soviética controlaba solo una parte pequeña del territorio.

En 1918, el frente era confuso y estaba muy cerca de Yekaterinburg (ver mapa, más arriba). En un movimiento, los rusos blancos podrían hacerse con la familia imperial. Se trataba de todo un símbolo. No podía correrse ese riesgo. Ni siquiera de intentar trasladarlos. Tampoco podía zanjarse la cuestión con la eliminación de Nicolás II. La vida de cualquier miembro de la familia les valdría a los blancos como un valioso estandarte en su lucha contrarrevolucionaria. Sobre la Guerra Civil rusa, aconsejo a los cinéfilos la película «El Almirante», acerca de la vida del líder ruso blanco Kolschak.

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Es por ello por lo que Lenin — probablemente; la prueba no consta — dio la orden: ejecutar a toda la familia. Y en la Revolución y el Partido, se obedecía y luego se redactaba un informe minucioso acerca del cumplimiento de la orden. Así lo hizo Yurovsky. Aquello que estaba naciendo les resultaba demasiado precioso como para andarse con contemplaciones.

Federico Relimpio

Firmado: Federico Relimpio

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