Hola de nuevo, queridos amigos de este blog. Ante todo, tengo que agradeceros el interés y la fidelidad. En el pasado, he tocado el tema de la medicina privada (o, mejor dicho, la medicina pseudoprivada propia de nuestro país). Hacía tiempo que no lo tocaba y «ciudadano anónimo» me ha dado la oportunidad.
«Ciudadano anónimo» es un compañero desconocido. Ni siquiera si es varón o mujer, en qué ciudad ejerce o en qué especialidad. Pide la vez en este blog con un texto propio y, reconocida la veracidad y la importancia del tema que trata, creo mi deber darle voz e intentar difundir, con la venia.
No es artículo mío; lo dejo claro. Mi foto al final es pura cuña publicitaria (quién soy, dónde estoy y qué hago). Nada ilegal ni inmoral — creo —.
Se pone de manifiesto en su artículo — a continuación — una parte de los lamentables entresijos de esta Sanidad Pública 2.0 en que se ha convertido el ejercicio «privado» bajo el aseguramiento «low-cost» de las grandes compañías de Seguros de Salud, a través de los más importantes grupos hospitalarios privados, canalizado todo ello por los «Jefes de Equipo». Compañeros, mayores, negreros y garrapatas, todo a la vez.
Tres apuntes, antes del artículo:
- Evitemos la odiosa generalización. Hay muchos lugares donde ejercer la privada con dignidad, con Jefes de Equipo decentes.
- Un aviso a la juventud, recién egresada del M.I.R.. Ojo con uncirse a las cadenas de relaciones profesionales que te mantendrán como esclavo sin dejarte crecer profesionalmente.
- Ofreceros a todos (al menos de forma preliminar) este espacio de denuncia y reflexión. «Ciudadano anónimo» (como @Ptoazulsanidad, de artículos recientes) tienen miedo. Y es lógico. La juventud profesional se juega mucho. No puede dar la cara sin sufrir las consecuencias. Para eso está un servidor de todos ustedes.
Y, ahora, el artículo de «Ciudadano Anónimo»:
La Medicina Privada en España y el Negocio de las Sociedades Médicas de los Jefes de Equipo
Imaginen Sicilia en 1960. Una pequeña carnicería, fruto del esfuerzo de un hombre que levantó su negocio con sudor y disciplina. Pero su prosperidad nunca le pertenece del todo: cada mes aparece el recaudador de la mafia reclamando el pizzo, ese tributo obligatorio que le recuerda quién manda. El carnicero trabaja, pero otros disfrutan. El precio de negarse: la ruina o la violencia.
Ahora viajemos a la España del siglo XXI. No hay calles empedradas ni callejones oscuros, sino clínicas privadas relucientes y hospitales con tecnología de vanguardia. No hay matones con sombrero ni pistolas ocultas, pero el mecanismo sigue intacto, disfrazado de legalidad y respetabilidad. Los recaudadores de hoy no llevan apellidos sicilianos: son los Jefes de Equipo, los amos de la medicina privada de las aseguradoras.
Los Jefes de Equipo son médicos convertidos en empresarios que han levantado sociedades de responsabilidad limitada que funcionan como auténticas mafias legalizadas. Su poder radica en el control de las claves de facturación — esa llave sagrada sin la cual un médico no existe en la sanidad privada— y que no se obtiene con talento ni mérito, sino con favores políticos y amistades cosidas en despachos opacos. Con ella en la mano, los jefes controlan el acceso a los pacientes de las aseguradoras y subcontratan a sus propios colegas, médicos exhaustos tras años de trabajo en la pública, que aceptan someterse porque no tienen otra salida. Y los jefes lo saben: por eso imponen condiciones que recuerdan demasiado al pizzo. Entre un 40% y un 80% de cada acto se esfuma en la sociedad del jefe; el médico no negocia, no factura, no decide, solo recibe lo que su superior dicta. Muchos ni siquiera conocen sus propias cifras: viven de una transferencia mensual, limosna disfrazada de salario, mientras el jefe, desde su despacho, se limita a pasar cada mes a cobrar su mordida.
El recaudador moderno
Como en Sicilia, el recaudador pasa cada mes. No con pistola, sino con contratos mercantiles. No con violencia, sino con la amenaza de dejarte sin pacientes si osas rebelarte. El médico subcontratado, dueño de su ciencia y vocación, queda reducido a peón en una pirámide donde el talento se exprime y el beneficio siempre sube hacia arriba.
Lo más obsceno: este sistema no se esconde. Se exhibe como normalidad. Los hospitales prosperan, las aseguradoras venden pólizas baratas, los jefes engordan cuentas. La sociedad lo ignora. El médico subcontratado sufre y calla.
Un mercado cautivo disfrazado de libre
España presume de unos 12 millones de pacientes privados. Pero el 95% accede por póliza. Con seguros desde 14 € al mes, se ha instalado la ilusión de que la medicina privada en España es “gratis”. ¿Quién pagará 100 € por una consulta si su seguro le ofrece un cuadro médico completo?
La consecuencia: la consulta privada tradicional está muerta. Los honorarios son indignos — de 8 a 10 € en medicina general, de 16 a 19 € en especialidades —. El médico independiente que cobra directamente por su trabajo ya casi no existe.
Los Jefes de Equipo: una vergüenza necesaria
Los Jefes de Equipo se presentan como líderes. Salvo contadas excepciones, en realidad, son parásitos que se enriquecen a costa de sus colegas. Han convertido la vocación médica en esclavitud legalizada con bata blanca. El modelo se sostiene en un silencio cómplice:
- Hospitales que delegan responsabilidades en las sociedades de los Jefes.
- Aseguradoras que imponen tarifas sabiendo que nadie puede escapar.
- Jefes que transforman la dependencia ajena en su fortuna personal.
Y, mientras tanto, la población sigue preguntando por qué un médico no puede “abrir su consulta y vivir de su trabajo”. La respuesta es brutal: porque las llaves están en manos de unos pocos, y todos los demás están condenados a pagar tributo.
Una mafia legalizada
La explotación no es clandestina: está amparada por la ley. Los Jefes de Equipo y holdings operan con contratos mercantiles que disfrazan relaciones laborales, imponen cláusulas abusivas y retienen honorarios. El resultado: una mafia legalizada, donde el médico es un falso autónomo, sin derechos ni voz.
El Estado lo tolera porque esta sanidad privada low-cost desahoga el colapso de la sanidad pública. Y si mañana subiesen los baremos (tasas que cobra el médico por su acto) sin reformar el sistema, el dinero quedaría arriba — en holdings y hospitales — y se produciría otra distorsión: una fuga masiva de médicos de la pública a la privada, donde, incluso mal pagados, ganarían más que con los sueldos todavía más irrisorios del sistema público.
Esta no es la historia de un sistema moderno. Es la vieja historia del pizzo, del recaudador que siempre vuelve. Solo que aquí no se cobra en callejones oscuros, sino en transferencias bancarias. Y la vergüenza no es de un mafioso con pistola, sino de un colega con bata blanca y una sociedad limitada.
***
Hasta aquí, el texto de “Ciudadano Anónimo”. Ahora, una simple reflexión que yo le acabo de hacer. “Los tiempos están cambiando”, como cantaba Bob Dylan. Los médicos de este país hemos pasado unas décadas terribles. Pero todo ha cambiado por la falta de previsión de los políticos. El país está más viejo y enfermo, y nosotros somos menos. Les hacemos falta. No os dejéis atrapar. Ni en la pública ni en la privada. No aceptéis malas condiciones laborales o de ejercicio. Acostumbraros a decir «adiós» tranquilos, con una sonrisa. Nos merecemos lo mejor y, por primera vez en décadas, está al alcance de la mano. Pero tenemos que creérnoslo.
Firmado: doctor Federico Relimpio Astolfi, médico y escritor.


Querido Fede, una vez mas felicitarte por tu libertad para tratar temas que muchas veces son materia reservada y que todos conocemos.
Solo pedirte que para ser justos, hagas referencia a la Asociación Unipromel como la defensora de los médicos de ejercicio libre.
Abrazo
Claro y alto.
Enhorabuena.
Querido Federico, una vez más te tengo que dar una de cal y otra de arena.
Te felicito porque eres libre y escribes como bien dices “lo que quieres”, sin miedo y sin pelos en la lengua, porque el tema es muy sensible y destapa una realidad que puede acabar en una guerra entre compañeros. Pero una vez más en tu reflexión final sigues ignorando a la Asociación Unión Médica Profesional, Unipromel, que es la que está luchando para recuperar el ejercicio libre del médico frente a unos actores tan poderosos como son las compañías aseguradoras y los grupos hospitalarios, que siempre consiguen dividirnos con la inestimable colaboración de esos compañeros que de forma tan cruda se describe en ese texto de autor anónimo.