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De las Sociedades Científicas, sus Órganos de Expresión y sus Conflictos de Interés

Reproduzco una carta al director cofirmada por mí mismo en el número actual de Avances en Diabetología (órgano de expresión de la Sociedad Española de Diabetes):

La revista “Avances en Diabetología”, órgano oficial de expresión de la Sociedad Española de Diabetes (SED), dedica un número extraordinario al análisis de las ventajas potenciales de la insulina aspart en distintos contextos clínicos. Dicho suplemento ha sido patrocinado por la compañía que comercializa la molécula. Los abajo firmantes creemos que ello abre varias cuestiones serias tanto acerca del papel de una sociedad científica, como de su medio de expresión. Cuestiones que, a nuestro parecer, rebasan las simples consideraciones metodológicas para instalarse en el corazón de la ética y la responsabilidad de una sociedad científica con el entorno social en el que se desarrollan sus actividades.

Que la diabetes es una enfermedad de muy alta prevalencia y sus implicaciones la convierten en un problema de salud pública de primer orden debería quedar fuera de toda duda. Por ello, creemos que cualquier debate acerca de las bondades o conveniencias relativas de las herramientas terapéuticas empleadas en su manejo debe realizarse en el contexto del más estricto rigor metodológico. Debe analizarse así la eficacia comparada, a ser posible con puntos clave “duros”, basados en órganos diana o, a falta de datos en este sentido, variables subrogadas de fortaleza indudable, conjuntamente con datos de seguridad, conveniencia o aceptabilidad y, como no, costes implicados. Y las herramientas deben analizarse de un modo conjunto, a ser posible, evaluando alternativas y algoritmos terapéuticos. Esta perspectiva adquiere un peso más significativo si consideramos además del mencionado impacto epidemiológico de la diabetes, la perspectiva de crisis económica que vivimos y las repercusiones existentes sobre los sistemas sanitarios.

Algunos tenemos la impresión de que los análogos de insulina en general se introdujeron en el mercado rápidamente ofreciendo ventajas farmacocinéticas sin que existiese una evaluación clínica y farmacoeconómica rigurosa en los distintos contextos de aplicación. La sociedad confiaba en los clínicos y nosotros confiábamos en nuestros líderes de opinión nacionales e internacionales que desarrollan los ensayos clínicos. Sin embargo, esta cadena de confianza puede haber sido contaminada por el conflicto de interés en algunas ocasiones y generar bolsas de gasto ineficiente. A modo de ejemplo, nos gustaría comentar que aunque España no es un país que se destaque por el rigor de sus registro y la transparencia de los datos, conocemos el gasto en farmacia extrahospitalaria de fármacos para la diabetes en Extremadura en el año 2011 -no tenemos argumentos para pensar que no es extrapolable al resto del estado-. En esta comunidad el gasto en fármacos relacionados con la diabetes asciende a 26,5 millones de euros en el pasado año, un nada despreciable 7.3% del gasto farmacológico extrahospitalario total. De esa cifra 11,5 y 15 millones de euros se gastan -¿invierten?- en insulinas y resto de fármacos. Destacamos algunas cifras que nos parecen relevantes:

1. El 50% del gasto en insulinas recae sobre una única molécula, la insulina glargina.
2. De los 11,5 millones gastados en insulina, 10,3 se gastan en análogos de insulina.
3. Un 66% del gasto en fármacos hipoglucemiantes corresponde a las diferentes formulaciones de inhibidores de la enzima DPP-IV y análogos de GLP1.

¿Hemos evaluado qué repercusión ha tenido sobre las personas a las que atendemos esta apuesta por “lo nuevo”? ¿Es racional o tiene base científica? ¿Acaso sostenible?

Otra cuestión que no es menor es el empleo del órgano oficial de una sociedad científica para hacer una monografía de producto patrocinada por su respectiva compañía. Los abajo firmantes pensamos que tal tipo de publicación – legítima, por otra parte – pertenece a la propaganda. El mecanismo de mezclar las actividades de sociedades científicas con los de compañías farmacéuticas no es nuevo. Ahí está la base del patrocinio de los congresos científicos. Y una de las razones de su relativo – pero progresivo – descrédito. Duele, sin embargo, que la misma enfermedad sistémica alcance el corazón de una sociedad científica y a su órgano de expresión. Porque, entonces, mejor que vayamos directamente a inscribirla en el registro de sociedades mercantiles.

Fdo: F. Relimpio
J. Blanco
A. Villafaina

***
Hasta aquí, la carta al director. Si alguien quiere ahondar más en las motivaciones que me llevan a tomar estos puntos de vista, puede echar un ojo a mi novela K.O.L (Líder de Opinión). A un sólo click.

2 thoughts on “De las Sociedades Científicas, sus Órganos de Expresión y sus Conflictos de Interés

  1. Anónimo says:

    Los principales ingresos de las Sociedades Científicas son las aportaciones de las farmacéuticas y los Congresos, a su vez financiados directa e indirectamente por las primeras.

    La Medicina Alopática actual conforma un entramado económico cuyas raíces llegan bien abajo. ¿Acaso durante nuestros años de estudiantes en la facultad nos ofrecen diversos puntos de vista?

    Así pues, lo comentado en la entrada es cierto, no siendo más que un síntoma de la enfermedad.

    Un saludo.

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