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De Ejércitos Sanitarios y sus Soldados Desmoralizados

Breve nota para aclarar cuestiones relativas a entradas recientes. Como ya tuve la ocasión de exponer en una entrada anterior, exponer en un blog problemas internos del Servicio Andaluz de Salud puede parecer a muchos del todo inadecuado, rayano en lo inmoral y hasta lo ridículo… ¿No se ha dicho siempre que los trapos sucios se lavan en casa?

Quiero decir alto y claro que, afortunadamente, no tengo problemas personales con nadie. Pero creo y sostengo que el Sistema Sanitario Público de Andalucía tiene un grave problema interno del que es muy difícil curarse. Tengo que tirar por enésima vez de la Tribuna de El País de Norberto González de Vega, en su sexto aserto:

6. La política ha infectado los hospitales públicos a todos los niveles, haciéndoles ingobernables y económicamente insostenibles. Verdad.

Yo quizás le hubiese dado otra redacción, menos radical. Pero ésa es otra historia, como diría el viejo barman de “Irma la Dulce”. En otras entradas, he comparado el SAS con el ejército rojo. Creo que la comparación se me vino a la cabeza porque en aquel momento leía una novela sobre el particular. Después de revisitar la excelente película “Senderos de Gloria”, de Stanley Kubrick – ver imagen arriba del todo -, creo que se le puede comparar con cualquier ejército. De hecho, tengo un residente con el que suelo comparar la asistencia diaria con una trinchera de la primera guerra mundial. Pero me voy del tema.

El tema es que este ejército, pagado – como se puede – por este país para hacer la guerra a las enfermedades de su población, viene desde hace mucho tiempo bajito de moral, y el alto mando me recuerda cada vez más al generalato encerrado en lejanos castillos, como bien retrata “Senderos de Gloria”. La desconfianza entre la trinchera y el mando es patente – ¿O se dispone de mejores datos que sostengan lo contrario? -. Y, al uso de Stalin, nos hemos dotado de un cuerpo externo de evaluadores – los he comparado con los comisarios políticos del ejército rojo en otra entrada -, frente a los que a veces surge cierta rebeldía que he denominado “espíritu de Grékov”.

Posiblemente sea inevitable en todo ejército. Las diferencias de percepciones entre la primera línea de fuego y la mesa del alto mando, digo. El frío, la humedad, los piojos y el hambre a un lado. Las decisiones – acertadas o erróneas -, del otro. Exagero, ¿Verdad? Pues posiblemente, no lo niego. Pero son las desproporcionadas comparaciones que se me vienen a la cabeza, ustedes me disculpan. Que se me ocurre que tal vez si el ejército en el que lucho tuviera un canal expedito de comunicación para que uno o una contara los 29 clicks necesarios para recitar a un paciente en diraya o lo kafkiano del GPDI, yo no estaría piando desde aquí, exponiéndome a un consejo de guerra sumarísimo. Pero tenemos lo que tenemos. Con este arado tenemos que arar, y no parece que las cosas puedan cambiar en mucho tiempo. Francia aguantó el envite en Verdún en 1916, pero no fue capaz de plantear más ofensivas. Así acontece en los ejércitos en los que los generales no se enteran de que sus tropas pasan hambre y frío, o de que la pólvora está mojada. O de que a veces se combate más por miedo al propio sargento que por otra cosa, como en Stalingrado. Que a ver si hay suerte y el enemigo me pega un tiro en un brazo y se me llevan a casa a esperar el fin de la guerra.

5 thoughts on “De Ejércitos Sanitarios y sus Soldados Desmoralizados

  1. Enrique Piriz says:

    Bengoa estuvo hace 2 semanas en unas jornadas en Madrid sobre gestión sanitaria con Salvador Peiró y Jose Ramón Repullo entre otros hablando de estos y otros interesantísimos temas.
    Lo más interesante de la jornada, aqui:

    http://youtu.be/bmXjzpVh500

    Muy recomendable

  2. Federico Relimpio says:

    Las cuestiones introducidas por Enrique son relevantes e inteligentes. No confundir Nivel de Salud – cuestión compleja – de una población, con la calidad de los cuidados que proporciona su Sistema Sanitario. Lo primero depende de muchos factores extrasanitarios – excede este post -, lo segundo nos compete más directamente. De acuerdo: se dan factores socio-sanitarios que nos abocan a perder la guerra – en un esquema asistencialista de la Sanidad -. Si el general sabe que el enfoque asistencialista lleva al fin a la catástrofe, no presiones más a la tropa; demasiado que aguantan. La solución la insinuó el otro día Bengoa (ex-consejero del Osakidetza y actual asesor de Obama): cambiar la estrategia. Es justamente la frase final de la intervención de Enrique la que hay que modificar: sacar la Sanidad de la lucha partidista – en un sistema político envilecido – y potenciar la propia responsabilidad de la persona y paciente sobre su cuidado.

  3. Enrique Piriz says:

    ¿Y si la culpa fuera de los generales pero no por lo que la mayoría de los soldados piensan?
    ¿Y si aunque aunque el ejercito fuera numeroso, estuviera bien pertrechado, entrenado y organizado bajo brillantes mandos estuviera abocado a perder la guerra?
    Nos creemos muy importantes, pero esta bien establecido que entre los determinantes de la salud de la población la asistencia médica que recibe es el menos importante (ay, aquellas clases de salud pública en la facultad en la que parecía que los profesores hablaban otro idioma y a las que ninguno prestábamos atención).
    España es líder de la OCDE en visitas al médico por habitante y año y en consumo de fármacos, pero también en obesidad y desempleo.
    ¿Que pesa más en la salud?
    Ni los que estamos en la trinchera somos unos despilfarradores sin criterio, ni los generales unos ineptos que no saben dirigir en absoluto este carísimo ejercito. Estamos todos luchando en una guerra que no podemos ganar.
    Pero ser soldado es nuestro trabajo y, aunque cada vez menos, aún es socialmente valorado y se siente uno importante salvando vidas. Y el ejercito da votos, muchos votos, sobre todo si se abren acuartelamientos en cada pueblo para que sus habitantes se sientan defendidos.

  4. Federico Relimpio says:

    Gracias por el interés y la participación. Creo que el sistema sanitario español se parece mucho al Verdún de 1916. Los sufridos poilus aguantaron el envite de los alemanes. Fue el Stalingrado de la Primera Guerra Mundial. Pero 1917 estuvo repleto de motines. Y Henri Philippe Pétain – el salvador de Francia en Verdún – fue llamado para sofocarlos. Luego acabó el hombre como acabó, de traidor ante la Patria y ante la Historia, por presidir un gobierno títere de los nazis. Creo que debemos salvaguardar la memoria del primer Pétain: los soldados no pueden más, han salvado Francia. Los sanitarios no pueden más, han hecho muchísimo por la salud de los españoles por sueldos de risa – ahora recortados varias veces – . No les pidan ofensivas imposibles frente a las ametralladoras alemanas.

  5. Anónimo says:

    Ejército bajo de moral, que abandona posiciones. Que marcha sin rumbo, que sería capaz de lanzarse por un precipicio sin dudar. Que no presenta batalla y deja que los nuevos reclutas luchen deseperadamente, mientras los veteranos miran a otro lado. Dejamos a los MIR casi desprotegidos, mientras miramos a otro lado con connivencia. Resignados. O a lo peor maltratando activamente. A fin de cuentas, ya llegará el final de la guerra. Pero… ¿Cómo será el final? Te digo, Federico, que me da miedo. Miedo de lo que pueda pasar. La Primera Guerra terminó, la que sería la última guerra. Y llegó la Segunda con horrores nunca vistos. A ver en qué queda ésto.

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