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Curso de Extensión Universitaria “Salud y Comunidad Rural”

Que estoy de un perro que no hay quien me aguante, y que esto tiene que acabar. La verdad es que mi vagancia tiene motivos – o excusas – variados, que no vienen al caso, y no voy a aburrir al personal. Sólo anunciar que, para sacudirme la flojera y darle un poco de ilusión a la vida profesional, decidí hace un par de meses incorporarme – o dejarme reclutar – por mi amigo Alfonso Pedrosa (alias Saltamontes) en un proyecto formativo diferente, como todo lo que he hecho con él hasta la fecha.

Se hace saber pues que toma forma oficial el Curso de Extensión Universitaria “Salud y Comunidad Rural (1ª Edición)”, que se celebrará D.M. en las instalaciones educativas del centro Guadalinfo de El Madroño, provincia de Sevilla. Doy el link, donde viene toda la información.

Motivos para embarcarme: TODOS.

1) Hasta las narices del monasterio Shaolín, oiga. Que un poquito de reflexión está bien, pero cuando te pasas, empiezas a ligar el guiso de garbanzos con el cáncer de Hugo Chávez.
2) Que se trata de hablar con la gente. Con la gente, oiga, lejos de los colectivos profesionales y de sus ombligos particulares. Mola. Y mucho. Y si la gente está a cierto número de kilómetros de la metrópolis, del palacio de Justicia, del Parlamento de Andalucía o de la dichosa torre Pelli y, por tanto, se respira aire – porque lo de aquí no puede llamarse así, en justicia  – con limpísimo aroma a boñiga de vaca, mejor, muchísimo mejor. Aspecto de la gente que ha mostrado interés en la convocatoria:

3) Que tengo que versar del tratamiento farmacológico de la diabetes – adaptado al público general – cuando profeso un sano – y rural – escepticismo hacia la farmacología en la diabetes tipo 2 o hacia la rápida introducción de las novedades terapéuticas, o hacia un enfoque de la enfermedad basado preferentemente en el baile de la conga de Jalisco de los algoritmos farmacológicos – al son de la industria farmacéutica – cuando el frente puede estar en otra parte.

Que tal vez por todo ello me haya agarrado el travieso Saltamontes y me haya puesto a laburar, como dicen los porteños. En fin, a falta de otros atributos, torero voluntarioso soy: echo valor, ganas y torería. Me arrimo, salga lo que salga de toriles. Claro que me gano algún que otro revolcón y alguna vez he terminao en la enfermería de la plaza. ¡Va por ustedes!

Filmado:
Glan Maestlo Shaolín (pol cielto, Saltamontes, que la palabla maestlo igual selvil pala monastelio de kung-fú en China que pala tliunfal en la Maestlanza de Sevilla, y en ambos casos son cosas… ¡muy campelas!)

CURSO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA “SALUD Y COMUNIDAD RURAL” (1ª ED.)

Mis cosas, en twitter.

Crónica de veinte años de galera en el Sistema Público de Salud. A un click.

3 thoughts on “Curso de Extensión Universitaria “Salud y Comunidad Rural”

  1. Alfonso, para María José says:

    Hola, María José: estamos ya currándonos la segunda edición del Curso. De nuevo, titiriteros a los caminos para encontrar semejantes: personas que hablan con personas. Si te apetece acompañarnos en la aventura, eres más que bienvenida, no tienes más que contactar con el Gran Maestro Shaolín o con este pequeño Saltamontes que ahora te escribe: habrá trabajo de sobra, mala paga (si conseguimos financiación para gasolina), buena conversación tabernaria y el sonido de la risa, la expresión más genuina de la voz humana. Te paso este enlace a Social Innovation Exchange para que te hagas una idea de qué fue lo que ocurrió en la primera edición de Salud y Comunidad Rural. Abrazos.

  2. María José says:

    Gracias a los dos, Federico y Alfonso. Las maravillas de Internet: la alegría y el alivio que siento al encontrar navegando a compañeros que piensan que "se trata de hablar con la gente" y que el frente puede estar en otra parte que en el baile de algoritmos farmacológicos. Un placer imaginar la reunión a través de la foto (soy médica rural, me recordaron a mis pacientes)"personas que hablan con personas", genial.
    Un saludo a los dos. Un placer leeros.

  3. Saltamontes says:

    Querido Gran Maestro Shaolín:
    A mí no me líes. Los dos sabemos que hay pocas cosas que nos gusten más a ambos que el olor a pólvora. Y aquí, además de a campo, huele a pólvora, vive Dios.

    Describes en este grandioso post tus motivos para implicarte en una historia como ésta y son exactamente los mismos que los míos. Repasemos:

    1. Hablas del hastío del monasterio. Y das en el clavo, más de lo que imaginas y a una profundidad creo que insospechada. Hay un libro para mí imprescindible, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, de Pekka Himanen. En él, este sociotecnólogo finlandés explica cómo llegó a cuajar el concepto de ética protestante (Weber y sus cosas, you know) en nuestra cultura a partir del concepto del tiempo y del trabajo (y sus valores asociados) del mundo monacal previo, y cómo está emergiendo una nueva manera de entender las cosas que deja a un lado el lema de ‘el tiempo es dinero’ y lo sustituye por otros del tipo ‘mi vida es mi vida’. Es el inmenso panorama que se abre con la ética hacker. Y, sin darnos cuenta, ese espíritu está presente de manera notable, sin que a nadie se le haya ocurrido aplicar ninguna receta precocinada, en esta iniciativa.

    2. Hablar con la gente. Buscar a la gente allí donde está. Porque, efectivamente, como tú detallas, donde no está es en la agenda de las instituciones, que se han quedado vacías mientras la fiesta de verdad está en otra parte. Unas instituciones que ya solo albergan fantasmas que recorren sus pasillos y que necesitan de espejos colgados en las paredes para hacerse la ilusión de que hay alguien al otro lado con quien hablar. La tribu perdida de la gente. Y allí vamos algunos, entre ellos las personas que hemos decidido implicarnos en ir al Madroño a charlar con sus vecinos y convecinos de la comarca, no tanto porque tengamos mucho que enseñar como porque tenemos mucho que aprender. Es el sueño de una verdadera deliberación entre iguales que cada día se va haciendo un poco más real conforme se va construyendo esa igualdad en la capacidad de interlocución a través de la transferencia de conocimiento y la resiliencia del resultado de esa conversación. Sin ombligos particulares, como tú dices, ni discursos impostados de chairman de congreso. Solo personas que hablan con personas y escuchan a personas: la raíz, fíjate, de una parte nuclear de la esencia de lo que significa ser médico.

    3. Tu posicionamiento en tu campo profesional concreto y tus disidencias respecto a un estado de cosas que no te gusta. Defender una cierta manera de vivir que asuma los riesgos de la libertad nunca ha sido gratis. Y ahora, tampoco. Bien lo sabes tú y bien lo sé yo mismo. Cualquiera, en realidad, que se atreva a discrepar de la tiranía de los discursos dominantes y renuncie a comprar ideas de segunda mano, tiene que pagar el precio por ello: eso se paga en incomunicación, en quedarse en el andén de muchos trenes a los que no se quiere subir, en la gloriosa renuncia a la notoriedad social. Y creo que es un precio muy bajo que se paga con gusto. En ese escenario, hace ya mucho tiempo que hemos dejado de buscar estar de acuerdo con alguien. Lo de menos es estar de acuerdo. Lo realmente importante es la calidad misma de la interlocución. El regalo inmenso de una conversación inteligente en la barra de un bar ante un cuenco de salmorejo, ante 200 estudiantes de Medicina en un aula o compartiendo incomodidades, sabiduría y malas compañías en, como es el caso, las dependencias municipales del pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla. Estoy convencido de que salimos ganando. Sin duda.

    Un honor estar embarcado contigo en esta aventura.

    Saltamontes.

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