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Cuarenta Años de Rabia (IV y fin): No Future.

¿Sobrevivirá alguno de los Sex Pistols? ¿Qué será de ellos? Su brusca irrupción en el mundo (¿musical?) de la segunda mitad de los setenta, en Inglaterra, dejó caducas las excelencias sinfónicas de Pink Floyd y las flores del movimiento hippy. Se acabó la guasa, vamos. Dejaros de bobadas de amor eterno y fraternidades imposibles. La realidad es un cubo de basura. Y huele mal. Y no lo retira nadie porque el ayuntamiento está en crisis y ha recortado. Que yo sepa, editaron un sólo elepé, pero mandaron lejos toda la parafernalia anterior, la dulzura de Cat Stevens o de Supertramp. Su más que iconoclasta «God Save the Queen», tocado a guitarrazos entre furibundas miradas de odio a un público entregado, terminaba con una interminable – valga la redundancia – salmodia que hoy se me antoja más oportuna que nunca: «no future, no future, no future… for you!». Recuerdos de mi adolescencia. Contemplados retrospectivamente, no dejan de tener un aire vagamente profético.

Decía el tango que veinte años no son nada. Pero cuarenta sí comienzan a ser algo, ¿No? Es más o menos lo que Franco estuvo en el poder (36-75), y se antoja un período prolongadísimo. Cuarenta años han pasado en Sanidad del tardofranquismo a lo de hoy, que cada vez se me va pareciendo más a los últimos estertores del Imperio Romano, con soldados que no confían en sus generales, generales que quieren ser emperadores y emperadores que no acaban de enterarse de qué va la cosa y qué demonios quieren los nuevos bárbaros. Cuarenta años han hecho mucho más que quitarnos la autoestima y la suficiencia económica a los médicos. Han cambiado brutalmente la demografía, alargando la expectativa y calidad de vida de modo inusitado. La medicina no es la misma. La emergencia de nuevos medicamentos y tecnologías la han hecho cara, sustancialmente más cara, contenida a duras penas con la colaboración – forzada o de buen grado – del sumiso ejército que la tiene que dispensar. La población no es ya la muchedumbre semianalfabeta, desinformada y manipulable de los setenta. Ahí está el conocimiento, para el que lo quiera aprehender y digerir – si puede, claro -, y la gente se planta, creándole al triste galeno – o mejor dicho, galena, que son la inmensa mayoría – una insoportable pinza con las presiones de la curia cardenalicia.

Dicen los teóricos –  los entusiastas y otros más circunspectos – que nuestro Sistema Sanitario Público es aún sostenible. No lo dudo.  Pero tendrán que admitir que las circunstancias actuales permiten algunas incertidumbres acerca de su sostenibilidad, al menos tal cual es, que para muestra un botón: la necesidad de insistir a todas horas en el hecho. En el de la sostenibilidad, digo. Y sostenible, desde luego que lo era. Con la España en pleno boom inmobiliario, recibiendo fondos europeos y con unos costes de personal moderaditos, por no decir bajos. Y, en algunos lugares, con un personal facultativo entregadito a la gestión, a la política de contención de costes. Tras ir pinchando el globo económico y perder altura, las dudas acerca de la sostenibilidad no han hecho sino crecer. Eppur si muove, como diría Galileo expuesto a tormento.

Y llevado el barco público a los acantilados, sólo se les ocurre a los responsables públicos ir contra los que habían permitido el milagro. A ver si aguantan. A ver hasta dónde llegan. Han sido escrupulosamente controlados por una miríada de cargos intermedios, que han actuado al modo y manera de comisarios políticos. Sabemos de su inutilidad a la hora de la organización colectiva y plantear movilizaciones.  Ya no vale lo de las alpargatas de Alfonso Guerra. Pues anda que no sacan alpargatas estilosas los diseñadores. Y caras. Es urgente ir al chino más próximo para agenciarles a nuestras galenas chancletas al por mayor, de ésas que gastan las obreras en los paraísos socialistas tipo China comunista, trabajando no sé cuántas horas diarias. Seguro que podemos hacerlo sin que píen, sin que chillen, sin que nada se mueva… ¿Verdad?

A estas altura de entrada, siendo la cuarta parte de un retrato personal – con toda pretensión de subjetividad -, de un punto de vista entre miles de una profesión entre tantas de las últimas décadas, tengo que pedir humildemente perdón. Porque se me va la pluma contra el PSOE, la hiel me puede. Compréndame, imaginen la pluma libre de uno de comisiones en la España de Franco el sesenta y nueve. Yo no he vivido otra cosa, siempre los he tenido encima. A los mismos. Con esas sonrisas seráficas y esas palmaditas en la espalda. Con esa superioridad chulesca: «sabemos lo que es mejor para ti.» Se me presentan en sueños, ahí están, con la dichosa blanquiverde – que me la hicieron odiosa, a fuerza de usurparla – y el puño y la rosa. ¿La rosa? Más bien parece otra cosa. A ver… Rojo es. Rojo violáceo. Rojo violáceo por arriba y blanco por abajo. Vamos a acercarnos un poco más… No puede ser. Imposible. No pueden llegar tan lejos. El puño estrangula a… ¡Un médico! ¿Quién es? Un momento… Esperen… No puede ser… Me asfixio… ¡Es mi retrato! ¡Mi vivo retrato! ¡Dando el último aliento con toda la dificultad!

Desperté de la pesadilla y de nuevo con ustedes. Ya soy racional. O al menos voy a hacer el intento. Les decía que no es justo. Que invito a la gente de Madrid, que píen de Esperanza, o la gente de Barna, que píen del Mas. Que yo he vivido siempre bajo esta gente – y resalto lo de bajo, porque es literalmente bajo – y tengo fijación, lo reconozco. Pero que, cuando soy frío – difícil, ya me van ustedes conociendo – me percato de que no va a mejorar mucho mi situación por cruzar Despeñaperros. Si me quieren en parte alguna, que aviesa fama es la que te da el tener la lengua larga y los dedos ágiles sobre el teclado.

A estas alturas ni ustedes ni yo sabemos si España va a ser intervenida del tó – del tó, como decimos en Andalucía. Yo creo que no lo sabe ni el mismo Rajoy. Ni ustedes ni yo sabemos si la coalición de izquierdas va a saltar por los aires en Andalucía. Griñán lucha también contra parte de los suyos, Valderas también hace lo propio; los unos y los otros mantienen una soterrada tensión para apañarse con los recortes de Rajoy y echarle las culpas de todo. En el trasfondo de todo avanza implacable el asunto EREs y la evidencia de una brutal estafa cometida a las arcas públicas de Andalucía con el fin de engrasar y cimentar una inexorable maquinaria clientelar. Que puede que un barco tan lleno de goteras se hunda por un lado o por el otro. O por todos a la vez, confrontado ante la tomenta de una intervención definitiva que meta el bisturí donde se debe: en esa catástrofe de ineficacia, clientelismo y nepotismo llamada Estado de las Autonomías. Del que no tendría que ocuparme para nada en esta historia, a no ser porque de él dependen la insulina, las urgencias, los partos y la quimio. La Sanidad, en suma. Y la certeza que tenemos todos de que esta gente nos pondrán a todos en chancletas recetando aspirinas – en riguroso copago, por cierto – para tratar neumonías de caballo antes de tocar con un dedo a la infraestructura nepotista y clientelar de que se dotaron para  alimentar estómagos agradecidos y tejer una espesa red donde caer caso de romperse el  hilo del funambulista político.

Dicen los sesudos articulistas de izquierdas que el pensamiento económico de la escuela de Chicago y sus consecuencias prácticas (léase el thatcherismo o reaganomics) amenaza o destruye  la esencia del Estado del Bienestar. Tal es la tesis de Tony Judt en «Algo Va Mal». Pero, después de subrayarme su libro enterito, creo que, antes de morir, bien le habría valido la pena visitar el Mediterráneo, aunque fuera de pasada. Así, aquí en España, sin ir más lejos, frente al nefasto modelo atlántico del individualismo a ultranza y el modelo centroeuropeo y nórdico de la preservación imaginativa del bien común, habría encontrado un tercer modelo. Habría aprendido que una democracia joven entregada ingenuamente al poder autojustificativo de las mafias cerradas de los partidos con opción de gobernar puede dar cantidades ingentes de dinero para enriquecer sus aparatos y que éstos a su vez sigan diciendo que no encuentran dineros suficientes para atender necesidades acuciantes. Al estilo de la familia clásica pija venida a menos (y disculpen por el sexismo), el marido vuelve de trabajar doce horas y se encuentra en números rojos. La mujer, recién venida de la peluquería y vestida a la última, dice que no sabe de dónde tirar para ahorrar más, que él tendrá que coger algo para los fines de semana. Que el día cinco de cada mes se le ha ido el sueldo en «necesidades elementales». Claro que el pobre mío no tiene tiempo de aclarar con su mujer el significado de este concepto. Demasiado estresado y fatigado. Confía en ella. Con dos minutos y un poco de malicia, vería que lo elemental para su miujer es el club privado y mensualidades atrasadas en boutiques, zapaterías, gimnasio,  colegios privados, restaurantes y otras zarandajas. El problema no es trabajar más ni obtener más dinero. Es la confianza atribuida a quien no lo merece. Por ese amor infinito que muchos tienen a una esposa estilosa. O por el fervor continuado que un pueblo entero profesa por la vana palabrería de una casta de políticos de uno y otro bando que entre partida y partida te ocultan su chocolate del loro. Lo que verdaderamente les interesa. Tal vez sea porque los pueblos condenados a cien años de mal gobierno tengan que expiar una arcana maldición bíblica vagando por el desierto de la corrupción y el clientelismo antes de permitírsele la entrada en la tierra prometida del bien común, la racionalidad, las primeras velocidades y otros paraísos lejanos prometidos por un Dios ignoto en la montaña de Bruselas a unos cada vez más lejanos padres de la patria.

Parte I: Los Setenta.
Parte II: El Felipismo Sanitario.
Parte III: Las Vacas Gordas han Pasao de Mí.

Mis cosas, en twitter…

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6 thoughts on “Cuarenta Años de Rabia (IV y fin): No Future.

  1. Federico says:

    En primer lugar gracias por el interés y la energía. En el segundo, un punto de "calma activa". Esto ya no puede durar mucho más. Porque nos hundimos. Y nos hundimos precisamente por haberles permitido crear la parafernalia que usted describe con todo detalle. Y por haberla escondido. Y por haberla negado. Nos hundimos y hundimos el presente y el futuro de al menos dos generaciones. Pero ya se nos está interviniendo y más que se nos va a intervenir. Son ellos los que nos tienen miedo, porque somos nosotros los que lo hemos perdido. Porque nosotros podemos decir alto y claro qué sabemos hacer y a qué nos dedicamos. Muchos, muchos de ellos no pueden hacer lo mismo. Un abrazo.

  2. Rumiante says:

    Doctor Relimpio. Ha completado usted una estupenda serie de artículos y comparto su pensamiento. No soy del sector sanitario pero trabajo en la administración general de la Junta de Andalucía que para el caso que toca es lo mismo. Permítame un apunte: los políticos antes de desmontar la red clientelar, los azules y los rojos o los rojos y los azules, dejarán que caiga todo, o casi todo. Es lo que está sucediendo ahora mismo.
    En mi centro directivo sobramos dos terceras partes del personal. No bromeo, real como la vida misma. Proyectos que empiezan y que nadie sabe cuándo y dónde terminan o proyectos que terminan antes de empezar. Hay andamos un puñado de funcionarios que no saben dónde ponerlos para que no se entrometan en el plan previsto, varios adjuntos a jefes de servicio y aspirantes ilusionados, varios jefes de servicios que no pintan nada (es lo que dicen ellos), cuatro coordinadores políticos INÚTILES que marean perdices y deciden dónde dar los bocados al presupuesto y un director general que no sabe ni dónde está de pie (es lo que dicen sin rubor sus más cercanos colaboradores). Y no me olvido, unos doscientos externos de varias empresitas que son la que se llevan la manteca colorá (las empresas, no los trabajadores). Entre esta infantería los hay honrados pero los hay que un día les regalaron el puesto de trabajo y son felices aunque les pateen el culo. Éstos son los que forman la infantería agradecida que responde al primer toque de cornetas. Señor Relimpio está todo demasiado empantanado para aplicar una solución fácil… Además, ahora está todo el mundo triste porque no hay dinero y a ellos les gusta el asunto cuando hay pastuki… Estoy convencido que lo dejarán todo caer antes de disolver parcialmente el entramado de intereses que han creado. Como mucho, sacrificarán a unos pocos de despistados de la infantería agradecida.
    Señor Relimpio, ustedes salvan vidas y la sociedad se beneficia de ello, pero lo que hacemos nosotros repercute poco en la ciudadanía para el DINERAL que cuesta. Y lo peor, cuánto talento desaprovechado… Con humildad se lo digo: hay gente muy buena, buenísima, que cuenta muy poco sólo porque la prioridad está en cuidar y alimentar la infantería (vamos las empresas). Millones y millones de euros… millones y millones de euros reales y virtuales…

  3. Federico says:

    Seas quien seas me das en el punto flaco. Me encanta la peli y el episodio. La tengo, por supuesto. Es interesante ver el episodio en perspectiva. El "Potemkin" amotinado escapó y se refugió en Rumanía – digo lo que no sale en la peli y de lo que me enteré, por mi entusiasmo por el tema -. El régimen zarista les prometió una amnistía si se entregaban y muchos incautos se lo creyeron. Al entregarse algunos fueron juzgados y colgados. Otros no lo creyeron y se salvaron. Unos años más tarde fue el régimen el colgado por los revolucionarios en el "Octubre Rojo", la otra gran peli de Eisenstein, también propagandística – qué más daba -. Y, setenta años después, la historia colgaba a su vez a la revolución con la caída del muro. Porque así ha de acontecer siempre, tarde o temprano, cuando se da carne podrida a comer o se traicionan ideales o ilusiones. Gracias por darme pie. Somos los marinos del Potemkin. Somos los masacrados de las escalinatas. Somos las multitudes que exigieron la caída del muro. Un abrazo.

  4. Federico says:

    Gracias por el interés. A estas alturas no sé lo que llegará y lo que no. Mi "No Future" viene a retomar un poco de aquel grito de desesperación y asco del punk rock hacia las asperezas del mundo británico del 76. Y luego llegó Margaret Thatcher, que inspiró a Tony Judt su "Algo Va Mal". Tenemos tanto que perder y estamos en manos de gente tan miserable que sólo se me ocurre decir "No Future". En versión más católica, "que el cielo te pille confesao". Hay otras versiones. Te devuelvo el abrazo.

  5. Anónimo says:

    Yo me atrevería a comparar la situación actual con un clásico del cine que recomiendo: El inmortal y siempre recomendable "Bronenósets Potemkin", traducido como Acorazado Potemkin. La trama, los malos tratos en un acorazado zarista a una tripulación sometida a férrea disciplina, que finalmente culmina en un motín al intentar que la marinería coma carne podrida. La carne podrida está servida, en forma de medidas que la Oficialidad intenta hacer cumplir a golpe de mando. La marinería está a punto de amotinarse (desde el artillero de primera al grumete de turno, sobre los que recaen los peores trabajos), y lo que queda es: ¿Acabaremos como en las escalinatas de Odessa?, ¿O romperemos el cerco? Enhorabuena por tu relato, Federico, aunque creo que el peso actual de este sistema se está poco a poco desplazando hacia los residentes: De ahí el milagro de la sostenibilidad.

  6. Miguel Angel Mañez says:

    Yo era mas de los Clash…

    El bien común? Tu crees que eso llegará? Cada dia veo mas manipulacion en las noticias y en lo que se difunde por internet (los 400000 politicos sin ir más lejos),o más intencionalidad en los discursos de todos los bandos.

    Primero machacar al otro, despues arreglar… asi lo primero sera la autodestrucción y después, ni idea.

    Un abrazo

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