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Cuarenta Años de Rabia (III): Las Vacas Gordas han Pasao de Mí…

¿Dónde estará ahora el ferralla?

Hace unos años, cuando no tenía blog ni existían las redes sociales, el único modo de difundir mis inquietudes eran las cartas al director de los periódicos. Escribí muchas y, sorprendentemente, una buena proporción atravesó el filtro de publicación editorial, normalmente recortadas de un modo u otro. Recuerdo una que se titulaba «El Ferralla» y que creo vino a ver la luz en «El Correo de Andalucía». En ella venía a describir el bombazo emocional que me produjo el contacto profesional, a mis cuarenta, con un chico de veinte del mundo de la construcción – un ferralla -.  Alarmado por los efectos que la politoxicomanía podía estar haciendo en su diabetes, como enésimo argumento para intentar que emprendiera la vía de la desintoxicación, le insinué la ruina económica que ello le podría estar causando. «Da igual… XXXX euros al mes dan para mucho», me respondió con toda la displicencia. Me quedé sin argumentos y sin alma. Sin saberlo, me había espetado la cifra exacta que la Junta de Andalucía pagaba todos los meses por atender su diabetes, tras diez años de formación e incontables horas impagadas, robadas a la familia, dedicadas voluntariamente en mi casa  a la formación continuada. No fue el único. Mi vecino de abajo, hombre rudo y elemental con el que mantenía una relación cordial, enriquecido súbitamente por la venta en cadena de una serie de propiedades, me espetó otro día con todo el sarcasmo: «como se pierde el tiempo es metiéndose años y años a empollar como un idiota». Era la España que habíamos parido. La Andalucía imparable, dentro de la España «que iba bien».

España va bien. Eso nos decía el tipejo del bigote que sucedió al infausto César cuando pergeñó – mejor dicho, cuando reanimó – lo que después llamamos bricoeconomía y con la que todos hemos estado contentísimos durante unos añitos. También dijo aquello de que «los pisos se venden» y muchas cosas más. Entramos en el euro con calzador, perdiendo la soberanía monetaria sin haber conseguido una homogeneidad fiscal. Daba igual, era una fase expansiva y venía mucho dinero barato de Alemania. Todos ricos, todos con mercedes, todos a Cancún, todos a hacerse el chalé. En lo sanitario, que es el tema, se consuma la deconstrucción del Ministerio de Sanidad a favor de un caótico sistema de taifas sanitarias enfrentadas en un «y yo más». Dejo para otra entrada los fundamentos íntimos doctrinales e ideológicos de dos sistemas antagónicos que han querido convivir en España desde esa época. O mi vivencia de ellos, claro. Me centro en Andalucía, convertida desde entonces y hasta ahora en aldea gala, tierra de izquierdas de siempre y para siempre – por voluntad del voto mayoritario de sus moradores -. O de la izquierda que pueda impregnar las políticas del PSOE, que es otro cantar (¿Verdad Julio?). Ese descenso a la realidad de la medicina española resultó en la eliminación gradual – de una manera u otra – del estúpido complemento de dedicación exclusiva, como no podía ser de otra manera. Aquí no, obviamente: se prefiere la estupidez del dogma a las sabias lecciones de la calle, aunque muchos de los gestores de esta política presuman de haber sido formados en la Universidad de la Calle. Lo sorprendente es que el PSOE si lo generalizó en algunas comunidades que regía. Pero en Andalucía no. La Andalucía sanitaria es diferente. Es la Meca del socialismo sanitario y debía permanecer fiel a las impurezas. Y repito lo de siempre: hocicar o largarte.

Además, sépase ya en todo el mundo: un médico progresista no habla de dinero. Ello lo descalifica  en el primer segundo. Un médico progresista tiene un corazón abierto y un carácter afable. Sonríe y sabe comunicar. Es siempre positivo. Conoce y confía en sus jefes- progresistas, claro; si no, no son dignos de confianza -. Es corresponsable. Se anticipa a las necesidades de gestión de su Unidad o Centro – escritos ahora con mayúsculas -. Propone ideas u objetivos. Echa horas de más. Nunca presenta quejas o expresa fastidio o agotamiento – ni tiene blogs inconvenientes -. Porque eso es ser negativo. Sabe de qué temas hay que hablar y qué temas evitar prudentemente. Y el médico progresista siempre, siempre evitará hablar de reivindicaciones salariales. Tiene que actuar como si tuviese una inmensa bolsa de millones en el banco y viniese a trabajar todos los días por purito amor al arte, laicas Teresas de Calcuta en los barrios u hospitales de Andalucía. Y si algún compañero poseído momentáneamente por el demonio de la prensa hostil se muestra enfadado o desanimado y expresa pensamientos negativos o derrotismo, se le muestra una sonrisa tierna – hay que comprender que no todos tienen nuestra fortaleza revolucionaria -, se hace un guiño a los demás como diciendo «esperad que escampe» y se sigue con otro tema de interés como, por ejemplo, la implementación del lenguaje no sexista en los centros sanitarios.

Pues de todo ello tuvimos ración doble en Andalucía a partir del dos mil, sí señor. España iba bien y Andalucía, imparable. La Junta tenía dinero e inventa sistemas para dar ayudas eludiendo todos los controles y que caigan en manos próximas o amigas. Ya lo dijo Fernández Marugán o el que fuera: la construcción del PRI, que no pudo ser a la española por la dulce derrota, pero sí a la andaluza por la devoción por Felipe, que persistía como chavismo – Chaves estaba en la foto de la tortilla, había sido ministro de trabajo y presidente de la Junta por dedazo divino del César -. Llegan dineros a los hospitales, sobre todo. Menos, a los centros de salud. Se remozan estructuras y se amplían carteras de servicios. Precioso todo. Pero para el personal seguían las máximas dictadas por Arboleya en la huelga del 95: «ni un duro para los médicos». Total, si no nos votan, si no son capaces de ejercer acciones colectivas y si siguen trabajando siempre igual… ¿Para qué?

Sólo que pobres éramos y, con el euro, más pobres fuimos. Y en una España donde cualquier fontanero te cobraba ciento cincuenta euros por cruzar el umbral de tu casa, más pobre te ibas quedando, relativamente. Y más ridículo, además. El tipo se descojonaba de tus cienes de años de flexo y apuntes, mientras él disfrutaba de esa bendita calle desde sus veintipocos, de la cervecita y de la sangre caliente que le corría por las venas. Creo que pocos dudan ya que la adopción del euro nos trajo una inflación significativa encubierta, de la noche a la mañana, que atacó especialmente a los tristes nóminas blancas, sin defensa. Amargas nóminas recortaditas después de veinte años de vacas flacas. Aliñen esto con la subida vertiginosa de la vivienda, que la dejó prácticamente de objeto de lujo para los beneficiarios de la bricoeconomía y de la corrupción política – bueno, la verdad es que una cosa iba ligada con la otra -. España llega al dos mil cuatro sin clase médica, por fin. Ya éramos un colectivo heterogéneo y bajito de autoestima, preguntándonos quién coño nos metió en este embrollo, por qué todos nos gritan y nos hacen culpables de todo.

Ya les dije que uno de nuestros peores defectos, heredado de la calamitosa huelga del 87, fue el dejarnos construir una nómina a base de complementos, con un fijo bajísimo. En estas Españas, donde no es que nos quieran particularmente, pero donde sin duda nos quieren algo más que en este rincón sureño, abrieron un poco la mano e idearon eso de la carrera profesional. No podía ser que el médico no tuviera progresión salarial alguna a lo largo de los años; era desmoralizador. Funciona en Gran Bretaña y en otros países. Sólo que, una vez más, salió una boñiga de vaca, la pachanga española, como ya he dicho otras veces. Teóricamente la carrera profesional es un variable que se adquiere  lo largo de los años según méritos asistenciales, de investigación o de gestión. Cuando recae sobre un fijo razonable, claro. Pero aquí el fijo más complementos previos no era razonable. Era una miseria, un insulto, una ridiculez a soportar exclusivamente por ser una profesión cautiva. El PP, tacaño y cicatero pero menos fundamentalista, hizo un aborto y, en lugar de subir los salarios, aprueba la carrera profesional como subida encubierta de salarios. Otro complemento. No hay güevos de gobernar y dar un sueldo como Dios manda al que te salva de una pulmonía. No, señor. Pero por lo menos se lo dio a todo el mundo. Corríjaseme abajo si lo que digo es mentira, media verdad o verdad matizable.

Pero en la República Socialista Soviética de Andalucía, no. Aquí el médico no es amigo – tampoco lo es para el PP, ojo, pero son menos talibanes -. Aquí se intentó que la carrera profesional fuera «de verdad», regenerando al tribunal del Santo Oficio en forma de Agencia de Calidad Sanitaria y sometiendo los méritos aducidos por los médicos a durísimas inspecciones para concederles cada grado. Y obligarles a recertificarse al tiempo, si no querían perder los galones. Y el dinerillo. Que visto en retrospectiva, sorprende la dureza y el rigor de los controles a los médicos andaluces con la total ausencia de los mismos en la dilapidación de fondos públicos en el tema EREs. Es que hablar de socialismo andaluz es hablar de Ley del Embudo, donde las haya. Rigor para ti. Austeridad para ti. Restricciones para ti. Para mi  y los míos es otra cosa. Ya lo camuflamos entre partida y partida para que no se note. Como lo de los alquileres gratis para altos cargos. Y tantas cosas. Con razón Valderas se aviene a tanto. Es que el bocado que le dan sabe a gloria bendita. Y me vuelvo a ir del tema. Hablaba de la carrera profesional. A la vista de la carrera profesional en otras taifas, el sindicato médico negoció una flexibilización. La cosa quedó a medias. El primer tramo quedó para todos los viejos, sin requerimientos especiales. El resto, no. Quedó como quería la Junta. El resultado pueden verlo ahora, en twitter, en tantos foros: una proporción relativamente elevada de los médicos andaluces literalmente «odia» a la Agencia de Calidad Sanitaria y siente una gran antipatía por el PSOE – sin sentir simpatías necesariamente por el PP,  ojo -. Me decía un visitador médico recientemente – gente ubicua, que hablan con unos y con otros -: «los médicos son más anti PSOE que del PP». Claro que no tenemos razones objetivas, ¿Verdad? Tan sólo leemos demasiado El Mundo y el ABC. De cualquier modo llega uno a la conclusión de que éstas no son más que estúpidas generalizaciones y que cada uno es de su padre y de su madre. Y el voto lo hace con la oreja derecha o con el pie izquierdo, o con el corazoncito de su madre, vaya usted a saber. No me echen demasiada cuenta, que desvarío.

 Justamente es en El Mundo – El País no otorga prioridad a estas zarandajas – donde hace unos días leía  que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía acaba de tumbar el modelo de carrera profesional en Andalucía, tildándolo de «perverso». Que obtener los galones y el dinerillo era poco menos que una durísima oposición a notarías. Y que te tenían con el alma en vilo ante la posibilidad de degradarte «por motivos completamente subjetivos», como recoge la sentencia. Que no, María Jesís, que no. Probablemente de mi acreditación arranca el ataque de mala idea con el que escribí mi novela. Porque no había derecho, mujer. Y porque, perdido ya el miedo, creo que tenemos la obligación moral de zarandear los excesos de un poder que, con demasiada frecuencia, se maneja de puertas afuera con palabrería y propaganda y de puertas adentro con intimidaciones y amenazas veladas. Y me sigo saliendo del tema, qué le vamos a hacer.

Necesito urgentemente que algún cerebro bien centrado de la tuitosfera me pegue un toque en comentarios para que yo me avergüence del contenido de la entrada y la reescriba.

Me gustaría ir acabando ya esta entrada, la verdad. Pero no puedo sin tocar, siquiera de paso, el espinoso tema de los incentivos o complemento por rendimiento profesional. Es otro de los maravillosos inventos que han estado omnipresentes en mi vida profesional reciente. Conste que al principio me parecieron algo interesante y transigí. No era tan difícil. Confieso que no soy reaccionario ni soy de los del «cualquier tiempo pasado fue mejor». No, es preciso evolucionar, mejorar las cosas. He dicho en otra entrada que eso de la gestión sanitaria no es que sea una buena idea, es que su ausencia me parece moralmente reprobable. Porque la palabra gestión ha sido la estrella de los últimos diez años en mi vida profesional. Como buen soldado, el valor se me daba por supuesto. Quiero decir: estaba asumido que veía bien a los pacientes y por tanto, ello no contaba. El sistema, el poder sólo quería de mí que no hubiera reclamaciones. Es decir, ahora, además de ser técnicamente bueno – que ya se supone -, vas a ser simpático, comunicativo, positivo, empático y un largo etcétera. ¿Pero cómo hago todo eso con quince minutos por paciente, cuando me has puesto un ordenador para controlarme que me ocupa cinco minutros – si no se cuelga -? Sonrisa beatífica por toda respuesta. Y luego, tras una meditada pausa: «estoy seguro que un profesional inteligente y colaborador como tú encontrará la solución… Te lo pongo en objetivos este año… Incrementar el empleo de la historia digital y mejorar la puntuación en las encuestas de satisfacción… Anda, firma…» Los objetivos al principio fueron fáciles: recetar genéricos y cuatro cosas más. Es como el primer amor. Todo son virtudes, todo es encanto. Pero año tras año, vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca, renuncia tras renuncia, es como conocer sus rarezas, sus estallidos de cólera, sus cambios de humor o haber conocido a su mamá. Que no es tan bonito, vaya. Que llegas al punto del «no merece la pena». Claro que, para entonces, te has metido – idiota de ti – en el apartamento en la playa. De nuevo, hocicar o largarte. Y hocicar con una sonrisa, no seas negativo. Que el médico progresista sonríe, es afable, crea buen ambiente de trabajo… Algo de ello tuve la ocasión de escribir en la entrada acerca del contrato programa.

Llegué a finales del dos mil siete con un sueldecito compuesto de un fijo minúsculo, algunos trienios retribuidos a precio de risa – residuo de épocas pretéritas -, una medio carrera profesional otorgada sin muchos problemas gracias al sindicato médico y a los agravios comparativos existentes con otras taifas – la otra media me habría de costar tinta china -, una a dos tardes mensuales graciosamente concedidas por su majestad como continuidad asistencial en sustitución de guardias médicas – a ciento cincuenta euros la tarde, la comparación con el fontanero sigue siendo dolorosa – y unos incentivos que dependían – como hemos visto – de lo bien o mal que me portase. Queda decir que, residuo también de otras épocas, como no se me podía pagar de otra manera, la administración nos dio días. «Mira, no vengas. Cobras una miseria y no te puedo – no te quiero – pagar más. Pero no vengas tantos días al año..» Era una subida encubierta. Tal vez la que más haya disfrutado.

Y en eso se hunde el mundo económico. Ya nada sería igual. Aún recuerdo el desprecio displicente de mis jefes hacia las nuevas dificultades. Parejo a términos en boga entonces como «aterrizaje suave», «desaceleración» o «resfriado». No, señor; el mundo en el que vivíamos y ejercíamos la Medicina como podíamos – como nos dejaban – había contraído un grave cáncer, y sus dirigentes erraron en el diagnóstico y en la cura. Pero eso será en la próxima entrada.

Parte I: Los Setenta.
Parte II: El Felipismo Sanitario.

Mis cosas, en twitter…

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12 thoughts on “Cuarenta Años de Rabia (III): Las Vacas Gordas han Pasao de Mí…

  1. Federico Relimpio says:

    Gracias compañera por el interés y la participación. Completamente de acuerdo. En el momento actual, los trabajadores sanitarios debemos trabajar para la construcción de canales de diálogo que no permitan una política de RRHH que hasta los propios del Sistema califican de "monolítica". Lo que no me vale es que en un sistema que se propone como avanzado y que dispensa cuidados sofisticados se pretenda ignorar el malestar de una proporción sustancial (¿Cuál?) de los trabajadores, cuando a la vez se reitera todos los días que es una organización de profesionales.

  2. María José says:

    Creo que somos más de los que aparentamos ser los que pensamos que tan importante o más que las acciones es preparar el camino y los canales de comunicación, el cemento. Y sobre todo encontrar el ritmo adecuado. Muchos compañeros piensan que sólo servirán las acciones dramáticamente contundentes e inmediatas.
    Yo no lo veo así. Si se me permite un símil esas serían equivalentes a la bomba nuclear en la 2ª guerra mundial. No estoy segura de que la tengamos y además yo no la quiero tirar, no es mi opción. Otro nivel de acción sería el desembarco de Normandía, (huelga indefinida "salvaje") Demasiados heridos,también muchas víctimas inocentes (los usuarios) hace falta una tropa dispuesta a mucho sacrificio y numerosa. Otros lo han hecho hace poco (EIR en Andalucía, todos los profesionales en Madrid)con menor resultado del esperado aunque no desestimable. Pero la Resistencia francesa fué muy útil. Hay que tejer una Resistencia nueva que puede ser hasta más simpática que la sonrisita de los directores de UGC. Con aguante a prueba de bombas tipo gotera infinita (eso también taladra la piedra) Además, la existencia de esa red profesional, con criterios profesionales no partidistas siempre merecerá la pena que exista, servirá para todos los tiempos y circunstancias y muy útil para cualquier acción que se plantee.
    Un saludo cordial.

  3. Federico says:

    No te faltan razones. Pero es el momento de la contención y la reflexión, pese a todo. También teníamos toda la razón en el 87 y el 95 y, por no pensar y planificar, todo se saldó con un vergonzoso fracaso. En esta serie y en entradas anteriores, con vuestras contribuciones, preparamos el ánimo y las razones para las movilizaciones. Pero con ello no basta. Es preciso encontrar unidad, canales de comunicación, interlocutores válidos, reivindicaciones que unan, que no separen, oportunidad, comunicación con los medios y un calendario muy estudiado de acciones. Nos ocuparemos de eso en entradas sucesivas. Ahora es el momento de generar conciencia y el cemento de la unidad, buscar qué nos une por encima de las taifas sanitarias y crear plataformas de comunicación a tiempo real. Muchas gracias y un abrazo.

  4. Rafa de la Guerra says:

    ¿No fue el ínclito Alfonso Guerra quien dijo en el 82 eso de: "no vamos a parar hasta ver a los médicos en alpargatas"? Pues mira tu por dónde el muy jodido lo consiguió y además con el apoyo de todos los gobiernos que le han sucedido hasta hoy mismo. Lo que nos han hecho (y nos siguen haciendo) a los médicos en España, es una vergüenza y un escándalo. Y lo peor de todo es que seguimos sin reaccionar. Yo sólo veo como salida de esta situación, el puñetazo en la mesa y plantarnos, decir que hasta aquí hemos llegado. En definitiva: la huelga total e indefinida que hace doblar la rodilla a cualquier gobierno de cualquier país. Somos un gigante bobalicón y domesticado, del que se encargan para que no conozca su fuerza ni su valía, sólo así es manejable y dócil. Pues bien, el gigante empieza a despertar de su letargo y empieza a darse cuenta de que le están tomando el pelo y explotando unos enanitos (los politicuchos) que no le llegan ni a la suela de ls zapatos… No nos queda otra salida, tenemos que pedir todo lo que es nuestro y se nos ha arrebatado a lo largo de estas décadas de apatía y desidia. Y nos lo tienen que dar al 100%. Si quieren médicos de primera (que es lo que somos) que lo aguen como se merece. Si estamos en Europa debemos de ser iguales en todo a nuestros colegas Alemanes, Ingleses… El otoño del 2012 va a ser la estación de la gran huelga médica española. O ellos o nosotros. Ellos son más, sobran muchos políticos mierderos, pero nosotros somos mejores, mucho mejores. Ellos son prescindibles y, en cambio, nosotros somos imprescindibles. Ánimo, colegas, despertemos y luchemos por nosotros, nuestros pacientes, nuestros hijos… ¡Ya no podemos aguantar más! (yo por lo menos, no).

  5. Federico says:

    Muchas gracias por el interés y por tus contribuciones. Creo que, en términos generales, hay un secreto interés para que la profesión de este país contraiga el Alzheimer. Y debemos decir que no, que tenemos memoria. La memoria es como todo, subjetiva. Va ligada a los sentimientos y a la trayectoria vital de las personas. Pero cuando tantos – de diferentes generaciones – acumulamos un recuerdo tan parecido de diferentes etapas vamos alcanzando algo muy incómodo llamado objetividad. Es por ello que he titulado esta serie "Cuarenta Años de Rabia". Porque creo que, al margen de la vivencia de cada quien, hay datos concretos para sostener que la sociedad española y la clase dirigente en su nombre han tratado mal, muy mal a los médicos de un Sistema Público de Salud del que luego están orgullosos. Al estilo del chulazo machista que se ufana en las barras de los palizones que le pega a su mujer, ¿Verdad?

  6. Conu1946 says:

    Pues que quieres que te diga, todo va a peor. Yo jefe de servicio, para conseguir algo mejor para los míos, hice eso que llaman, cursos, Master y demás a tope. Programe una UGC para que no me comieran los señores catedrático, ( trabajaba en un HC dependiente de la universidad, donde todos eran mas que tu sin saber porque . Conseguí algunas cosas, penurias diría yo. Solo en mi SC, conseguí renombre por ser tan buena gestora. Horror, si vosotros chicos listos y trabajadores, lo tenéis difícil, no te quiero contar, como lo tenemos las chicas. (aunque ya no sea chica me gusta decirlo). Es impresionante. Si contesta al gerente en las reuniones de dirección, no tienes razón, aunque luego alguien diga, lo mismo y sea estudiable

  7. Consu1946 says:

    Me siento la tonta de la Cibeles, 42 años trabajando como loca, siendo la mejor….. Aunque no te lo creas y todo para que? Para que al jubilarte, recuerde lo que mi padre, troskista en la guerra me dijo: no te hagas medico, hazte farmacéutico, ellos serán ricos y poderosos, los médicos, solo asalariados de segundo orden…. ¡Que razón tenía! Espero con ansia tu IV blog. Un abrazo

  8. Conu1946 says:

    Pues que quieres que te diga, todo va a peor. Yo jefe de servicio, para conseguir algo mejor para los míos, hice eso que llaman, cursos, Master y demás a tope. Programe una UGC para que no me comieran los señores catedrático, ( trabajaba en un HC dependiente de la universidad, donde todos eran mas que tu sin saber porque . Conseguí algunas cosas, penurias diría yo. Solo en mi SC, conseguí renombre por ser tan buena gestora. Horror, si vosotros chicos listos y trabajadores, lo tenéis difícil, no te quiero contar, como lo tenemos las chicas. (aunque ya no sea chica me gusta decirlo). Es impresionante. Si contesta al gerente en las reuniones de dirección, no tienes razón, aunque luego alguien diga, lo mismo y sea estudiable

  9. Federico says:

    Gracias Bartolomé, a mi pesar por lo que describo, que ya me gustaría que fuera de otro modo. No sé si el SAS está entre los mejores sistemas de salud del mundo, como sostienen tantos, pero lo que sí puedo cuestionar es si su política de RRHH es de las mejores del mundo.

  10. Federico says:

    Creo que la sonrisa la da la íntima satisfacción ante el completo dominio de la situación, pero no descarto otras opciones. Desde luego, es para una tesis. De Antropología, de Psicología o de Historia del Arte.

  11. Bartolome Ramirez says:

    Magnifico. Desnudas crudamente la realidad perversa de nuestro Servicio Publico Andaluz : Medicos mal pagados con complementos salariales de funcionarios y donde nunca se ha hecho una prueba de competencia profesional.
    Siempre recuerdo mis 5 años de trabajo en Tanzania. Su sistema de salud también era un arma de propaganda política: decían el mejor de África. La mayoría lo creía, no podía comparar.
    Al final en todos los países donde he sido medico, la calidad del trabajo se debe a la voluntariedad y valía del profesional y suele ser a pesar de los sistema de salud. A estos les preocupan y pagan por otras cosas

  12. José Manuel Jiménez Moragas says:

    No soy un cerebro bien centrado de la tuitosfera, pero hombre blanco decir gran verdad. ¿Por qué todos los directores de UGC tienen esa sonrisita capaz de aguantar cualquier enfrentamiento? ¿Se lo enseñan en la EASP? ¿Lo practican delante del espejo?

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