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La BBC y el Sistema Sanitario Público

¿A usted también se le resiste el maldito inglés? No se preocupe, no es el único. Los hispanoparlantes parecemos diseñados con una incapacidad genética para aprender idiomas en general y el fastidiosísimo inglés en particular. Que si es la espinita clavada del Peñón, que si resabios de antiimperialismo yanki, que si recuerdos atroces del pirata Drake, de la Invencible o de Trafalgar… No me meto. Voy al tema, que luego me pierdo. Que inglés por güevos, que es lo que hablan en el hotel de Moscú o en el aeropuerto de Viena. ¡Que inglés por narices, que es lo que te han suspendido en tercero de la ESO, zopenca! Inglés sí o sí, que probabilidad de paro 100% sin inglés y probabilidad de paro 94% si hablas inglés como un locutor de la BBC. Y ahí voy. Si quieren mejorar un poco su inglés pasándoselo bien y sin gastarse un gordo, bájense varios documentales de la BBC y los van digiriendo poquito a poco. No es que sea un milagro, pero la cosa mejora.

Porque Inglaterra va teniendo ya pocas cosas que vender. El glamour de la monarquía, darle clases de inglés a medio mundo – porque el otro medio ya lo habla, de un modo u otro – y tres o cuatro cosas más. Y ahí está, hablando de glamour, el encanto de la BBC, modelo de tele pública donde las haya, ¿No? En estos tiempos de crisis feroz y cuasi liquidación de la patria, los canales públicos de televisión están en la palestra. Lo que nos cuestan y lo que de esos públicos dineros obtenemos. En lo cuantitativo y en lo cualitativo. En el empleo que los poderes públicos – nacionales, regionales y municipales – hacen de esos dineros. Y en los empleos – que es otra – que ahí se generan, buena fábrica de colocaciones para el personal adicto y dispuesto. Claro que en algunos canales más que en otros, no cabe generalizar. Nuestro país arrastra una larga y penosa historia de empleo partidario y propagandístico de la televisión por el poder de turno. Desde la telecalviño de Felipe hasta el Urdaci de Aznar, pasando por los vergonzosos ejemplos de la Telemadrid, TV3 o Canal Sur. La voz de su amo. Pero tranquilos que, pese a todo, hoy no toca hablar de esto. Sólo decía que, en esta época del «hundimiento español» – parafraseando un poco el título de la excelente peli sobre la caída del 3º Reich -, no faltan quienes invocan la independencia y profesionalidad de la BBC británica. Algo que nos permita pasar la página grotesca de las agarradas matinales entre Mari Cospe y Anita Pastor, por favor. Sin embargo otras voces, también lúcidas, han preguntado cómo convertir a nuestra triste RTVE en una BBC con una fuerza laboral y un presupuesto muy, muy inferiores. Evidentemente no podemos construir la casa por el tejado; la independencia y la profesionalidad deben ser la base de la calidad y soportarse a su vez sobre una «masa crítica». Y ésta sobre unos «presupuestos creíbles». Pero para ello la institución debe «vender» adecuadamente sus productos en el exterior. Es pescadilla que se muerde la cola: si no vendes, no consigues presupuesto, y sin perras, no obtienes ni personal ni programas de calidad para poder vender. Supongo que la salida de ese círculo vicioso debe ser contraponerle tozudamente un círculo virtuoso, analizando nuestras fortalezas – tenemos una lengua fuerte donde las haya, con un mercado potencial de muchos millones -,  y nuestras debilidades, oportunidades y amenazas. Debe haber espléndidos expertos en todo esto, sin duda. Pero el final lo merece: profesionalidad, calidad y competitividad, dejando por fin atrás las rémoras del partidismo, el clientelismo y la propaganda. Y sobre todo el derrotismo o el miedo a caminar. ¿No nos decían algunos en el 74 que la democracia era imposible en España? Entonces yo no podría escribir estas cosas. Estaría en el exilio o en la cárcel.

Lo más gracioso es que yo no intentaba hablar de la televisión, de la que no entiendo nada. Sólo sé si me gusta o no me gusta, y si la pongo o no. Que ya pueden imaginar ustedes que me gusta poco y que no la suelo poner. Y que, por contra, sí me gusta la BBC, y que me he descargado varios documentales para mejorar el inglés, que eso de arriba no es coña. Pero ustedes ya me van conociendo y saben que lo mío es el Sistema Sanitario Público, de lo que vivo y a lo que vuelvo siempre. Y se me ocurre que se le aplica bastante de lo que he dicho de los canales de la televisión pública y la BBC, ¿No les parece?. Que echo de menos una Sanidad en relación con el poder político, pero mucho más conducida por profesionales. ¿Qué decía yo antes? La independencia y la profesionalidad deben ser la base de la calidad y soportarse a su vez sobre una «masa crítica». Y ésta sobre unos «presupuestos creíbles». Y luego dije lo de «Pero el final lo merece: profesionalidad, calidad y competitividad, dejando por fin atrás las rémoras del partidismo, el clientelismo y la propaganda.» Pues eso mismo. Que menos consignas y menos palabrería. Que la pirámide de toma de decisiones debe achatarse sustancialmente y los mecanismos de retroalimentación de información de la base a la cúpula deben mejorar sustancialmente. Y que a lo mejor así ganamos en implicación, ¿No les parece? Y que me abstengo de alargar inútilmente esta entrada para que la alarguen ustedes, que el cuadro de comentarios abajo queda abierto y va sin censura. Y si no, lo rellenaremos en las semanas, los meses que vienen con otras entradas, con otras ideas. Que serán mías o serán de quien sea. Buenas tardes, que coman bien. Es importante para la Salud. El tiempo aquí, en Portugal, excelente. Y la gente, cariñosa y encantadora. Melhores cumprimentos…


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