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Crónica de una Gran Mentira



«Cuatro cosas tiene el próbe,
que no se las quita naide, 
la iglesia y el hospital,
el cementerio y la cárcel…»


Dicho popular de Sevilla.

Si empiezo así, seguro que habré alejado a muchos del post y, dentro de dos líneas, muchos más habrán dejado de leerme. Es mi sino; no escribo para acariciar oídos o egos, ni para labrarme un mejor puesto aquí o allá. Escribo por la necesidad perentoria de expresar un sentir o pensar que me ronda por aquí dentro, íntimo, demasiado tiempo inducido a ser sensato, razonable, a ver las cosas de otro modo, a no ser negativo, a no obcecarme ni ser demasiado ombliguista. Y qué lo intenté, coño. Intenté ver las cosas como ellos, colaborar, ser bueno, acreditarme, ser excelente

Pero no. Imposible. No había manera. Y no era el ombligo, oiga. Era detrás. Un run-rún de tripas. Algo que no iba. Era un ruido ensordecedor de consignas, de objetivos de gestión, de contrato – programa… Será que siempre me ha gustado la Historia (con H mayúscula), mi pasión verdadera. El martilleo de arriba me sonaba a plan quinquenal o al terror orwelliano de 1984. Cuando un esfuerzo de organización pasa a ser tortura china o ideación obsesiva – más o menos lo mismo, al fin y al cabo – es señal de que un sistema tan centralizado como el nuestro ha perdido el Norte o mejor, el Centro.

Vuelvo a tierra, que me voy. Me pierden las tripas. Vivo sin vivir en mí pensando en la suerte de nuestro Sistema Sanitario en el que he crecido y trabajo. Todos los días aparecen decenas de artículos en la prensa de todos los colores, sea destacando su insostenibilidad tal y como está, sea subrayando su necesaria sostenibilidad al precio que sea, ora proponiendo reformas dolorosas, ora sugiriendo la necesidad de realizar esfuerzos internos que salvaguarden prestaciones y viabilidad aliviando sufrimientos a la población. Se puede cabrear uno, luego llorar desconsolado y en el mismo cuarto de hora terminar sonriendo en un amplio suspiro de alivio. Que digo yo que quizás lo mejor sea no leer. Dejen este artículo enseguida y a vivir el día. Che sarà, sarà?

Si aún siguen conmigo y mis preocupaciones, voy a osar trasladarles en pocas frases la gran mentira sanitaria que generaciones de responsables políticos, como si fuera una eficacísima pipa de opio, han hecho fumar a la población española.

1.- Una clase médica inmensa. Lo digo con cursiva porque así gustaban algunos de estigmatizarnos en alguna época – me dará tema para otra entrada -. Curiosamente, se forja en la masificación universitaria del tardofranquismo y la transición. Una calidad de docencia lamentable, promociones masivas y la tardía adopción del numerus clausus – la sempiterna alergia a tomar medidas impopulares -. Resultado: la bolsa histórica de veinte mil licenciados en Medicina sin oficio ni beneficio, algo inconcebible hoy en día y que ha sido una realidad hasta ayer por la mañana. Ello tuvo dos consecuencias directas: la primera, unos sueldos médicos de risa en el contexto de Europa Occidental – algo admitido por el IESE, por editoriales recientes del British Medical Journal (http://www.bmj.com/content/343/bmj.d7445) o por el mismo Felipe González, en su momento – y, en segundo lugar, el hábito cómodo y fácil, por parte de las administraciones sanitarias, de tener una cómoda lista de sustitutos a mano si un médico titular se doblaba un tobillo de un día para otro.

Una clase médica inmensa y una gran bolsa de parados. Aún recuerdo como la telecalviño – la tele única de 1987 – sacó a un médico desgreñado contra una pared en blanco, identificándolo como «médico en paro» sin nombre, para decir que no se solidarizaban con la huelga médica de 1987. Eran otros tiempos y otros métodos informativos. Afortunadamente, no hay mal ni bien que cien años dure y la gente envejece y se jubila. Ya no hay bolsa de parados y, al contrario, las administraciones sanitarias comienzan a tener dificultades para sustituir ciertos destinos. De este modo, alguien tan avanzado y progresista como la consejera de Salud de Andalucía, María Jesús Montero, abogó en público por flexibilizar el numerus clausus de las Facultades de Medicina para paliar la carencia de profesionales, sobre todo en Atención Primaria. En otras palabras, con bolsa de paro médico vivíamos mejor… ¿No?

2,-  Las vacas gordas. De eso voy a aburrir poco porque lo he tratado en otra entrada (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/06/pacto-de-estabilidad-del-euro.html). En vez de dar mi tesis, quiero plantear una pregunta… Desde nuestra entrada en la Unión Europea hasta la quiebra de Lehman Brothers… ¿Qué tejido industrial-empresarial se ha creado en España? Y si al final tenemos que admitir que esta respuesta admite algunos matices, se la formulo de otro modo, por la parte que me duele… ¿Qué tejido industrial-empresarial se ha creado en Andalucía? Ruego absténganse en ambos casos de aludir a nada que remotamente suene a la bricoeconomía por respeto a la inteligencia y la decencia de millones de españoles que en ésa ambas hemos perdido, a más de dineros y el futuro de nuestros hijos. Sólo que vacas gordas y médicos baratos explican un Sistema Nacional de Salud extraordinariamente eficiente – resolutivo en relación con lo que cuesta – y que permite inversiones, tecnología, ampliar cartera y…¿Por qué no?… clientelismos locorregionales que sonaban a propagandas de diecisiete taifas sanitarias con sistemas mal avenidos y a veces enfrentados. Caras demagogias y discursos de cara la galería.

3.- El fin del sueño. Lehman Brothers quebró y el resto es historia reciente. Somos una familia venida a menos, un país en la ruina. La familia contrita se reúne en torno a la raída mesa de camilla bajo una mortecina bombilla de 40 vatios a decidir qué se hace con los escuálidos ingresos familiares. Todos estamos de acuerdo en que las prestaciones sanitarias son esenciales e indispensables, pero nadie sabía hasta ahora lo caras que eran y lo difícil que resulta continuar del mismo modo. Nos desgañitamos, insultamos y peleamos en los foros: malditos mercados, maldito ultraliberalismo, banqueros a la picota y un largo etcétera de edificantes consignas (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/06/pacto-de-estabilidad-del-euro.html), con la seguridad de que ni una sola contiene una medida razonable que permita sostener o apuntalar un sistema que sólo era sostenible o apuntalable en el contexto de una coyuntura económica parecida a una pirámide de naipes. Cuando, por otra parte, las exigencias de formación de la UE nos impiden volver a abrir las puertas de la Facultad de Medicina para remasificar la profesión, recrear la bolsa de parados y bajar los sueldos. Cuando, además, se ha tomado la feliz medida de abrir el MIR a licenciados del extranjero, muchos de los cuales confiesan que, concluido su período formativo, volverán a sus países de origen o emigrarán a otros donde las retribuciones tengan un horizonte más motivador tras más de diez años de formación. Y donde, por otro lado, el zarandeo, el insulto o la amenaza velada por parte de una minoría significada del público no sean moneda corriente.

Médic@s y enfermer@s de este país saben de sobras que han invertido demasiado en su formación, que han superado barreras que no se les exigen a muchos de los integrantes de la élite política, han hecho algún que otro erasmus, han visto españoles por el mundo y saben que el mundo es mucho más grande que 17 taifas mal avenidas. Así que no es inconcebible que alguno vaya a respirar otros aires. Al menos por unos años. Hasta que alguien por ahí arriba se le ocurra salir en la tele y diga: «a la bata blanca, si le habla bajito, te escucha mejor…» (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/04/juventud-parada-frente-juventud-avezada.html)

¿Qué me ha llevado a pensar así? Crónica de veinte años de profesión en una novela (*.pdf gratis) descargable en: http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

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