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¿Para qué trabajo?

Querid@s amig@s, mi amiga y compañera Piedad Santiago, endocrinóloga del Hospital de Jaén, me envía el siguiente relato con la idea de colgarlo aquí, para pública lectura, conocimiento y comentario:

¿Queremos refundar el SAS?
Querido Federico:

Después de la semana que he pasado intentando sobrevivir en un mundo lleno de injusticia social, crisis económica, inicio de las Navidades, polémicas televisivas, etc. con una desazón espiritual rayana en la distimia he decidido escribirte para que me consueles.
El lunes tarde tuve una consulta de trece sujetos, usuarios, pacientes ó como el Sr. SAS quiera que los llamemos, de los cuales doce eran diabéticos; pero no unos diabéticos cualquiera, de esos que tienen “el azúcar asomá”, no; diabéticos de verdad con su hemoglobina de más de 10 y todas sus cosicas (retinopatía, amputación parcial, etc.) ¿qué te voy a contar que tú no sepas? Yo, que ahora me llaman la profesional (después  de lo que les  costó a mis padres que fuera médico), título que me iguala con las trabajadoras (honradas sea dicho de paso) del sexo, que parece que me prostituyo a diario en la consulta porque solo me falta que venga alguien a darme por…acabé cansada. Pero lo amargo no es acabar cansada, todo el mundo que trabaja, acaba cansado. Se cansan los que van a la aceituna, se cansan los que van con el camión, se cansan las amas de casa cuando ponen dos lavadoras seguidas, y se cansa todo el mundo; no es eso lo importante; lo terrible es la sensación de impotencia que anida en mi alma cuando veo la injusticia de nuestro sistema de salud que permite que “una profesional” como yo, desgaste mis fuerzas en atender sandeces la mayoría de los dias, y no tenga aliento para ver lo que realmente tengo que ver.
Te explico que esos pacientes, son esos pacientes que no hay agenda donde colocarlos y los citan una tarde como pacientes nuevos para nosotros pero viejos en el sistema sanitario andaluz ya que llevan “haciendo gasto” desde más de diez años en el mejor de los casos.
El martes, tenía  citados a veinte pacientes, salvo cinco que eran pacientes de primera vez, el resto eran citados por mí a revisión. El motivo de consulta de los nuevos era por este orden: ganancia ponderal tras tomar corticoides, alopecia androgenética en un varón de 32 años (su padre también es calvo), ginecomastia en un muchacho de 15 años, mujer que se levanta una mañana y como su médico no sabe qué le pasa le hace un análisis del tiroides (se ve que es lo más fácil) y le encuentra TSH de 6.7 sin bocio y con T4-L normal, una diabetes gestacional con una hemoglobina de 4.8%.
Yo me pregunto ¿había necesidad de ver a esos pacientes? ¿Había necesidad de retrasar la visita de esos otros diabéticos que realmente me necesitan para prevenircomplicaciones por tal de ver a estos otros que no tienen realmente nada que su médico no pueda solucionar? ¿No hay posibilidad de filtro de esas derivaciones hacia el Endocrino, el Digestivo, el Reumatólogo?; bien sabe Dios que no lo digo por no trabajar sino por evitar demoras innecesarias en la visita de pacientes que requieren una atención pronta, especializada y con un mínimo de calidad.
El otro lado de la consulta es la de los sujetos/usuarios/pacientes hipergastadores de recursos. Ejemplo visto la tarde del lunes anterior: señor de 51 a. con 157 Kg. para una talla de 170 cm. (no te indico el IMC para que no te mueras del disgusto), adornado con camiseta desvaída color azul marino, gastada en puños y cuello, perfil moreno, pelo crespo y de la raza que tú y yo conocemos bien por ser los que más demandan asistencia médica en nuestra región; no te digo más: trabaja en los “mercaillos”.
Hace dos años fue visto en Nutrición por lo que inocentemente le pregunto:
_P_ ¿hace usted algo de dieta?_ comienzo animada ante la perspectiva de un hombre que verdaderamente va a perder peso con una mínima intervención dietética y ante la ausencia de presión en la puerta de la consulta, pues solo está este paciente y otro que no tiene prisa.
_ R: ¿Cómo voy a hacer dieta? ¿p’os no ve usté el cuerpo que tengo?
_P: ¿pero puede decirme qué desayuna?
_ R: naica, yo salgo de mi casa a las 6 de la mañana y no como naica
_ P- no me creo yo que desde las 6 hasta la hora del almuerzo no coma usted nada…digo con impaciencia mientras sujeto mi bolígrafo fuertemente entre los dedos porque me dan ganas de tirarlo en dirección hacia la diana franca cuyo punto central es la prominencia umbilical de su enorme panza, mientras me imagino a la grasa parda y a la grasa blanca dibujando círculos concéntricos alrededor de ella
_ R_bueno p’os claro, un cafelillo con churros a media mañana, na ma´s
_P_ ¿y luego? ¿Qué come usted en su casa?
_R_ ¡ay! Si yo no llego a mi casa hasta las 5 u más– me mira en retirada como presintiendo la presión que se le avecina, preparado a someterse al tercer grado de mi interrogatorio
_P- desde los churros hasta las 5 ¿no come usted nada? Pues pasará hambre…_digo lacónica y como dejando caer una falsa comprensión-trampa para ver si cae en ella
_R_güeno, es que yo voy a ligar con mi compadre…dice asustadizo
_P_ ¿a qué llama usted ligar?-suelto el boli sobre la mesa con tal fuerza que salta el muellecito travieso del émbolo
_R_p’os 3-4 cervecillas
_P _con l a tapa, claro_ afirmo más que pregunto y él asiente indefenso ante el ataque de mi mirada cobalto
_R- gesto elocuente con los párpados en una sentimiento discreto como queriendo obviar lo evidente, que se pilla unos atracones como para cagarse vivo después.
_ P_ y cuando llega a casa ¿come?
_R_ mujer p’os claro. Muchas veces es p’a que mi mujer no se piense que m’he pasao en el bar y entonces como algo de guiso del que ella ha hecho…pero poca cosa_ pausa tensa_ ahora sí le voy a decir una cosa: yo no fumo, pero un purillo t’os los dias con mi copa de coñac por la tarde, eso no me lo quita nadie, no me diga usted que me lo va a quitar…me mira desesperado, suplicándome algo a lo que estoy dispuesta a darle pues a estas alturas de la entrevista a mí me dá igual que se coma “un gitano cagando y dos esperando” por mí como si revienta y expande sus horripilantes entrañas por toda España..
_ P_ ¿y para cenar?
_R_ ¿cómo no voy a cenar? Si no he comío naica en t’ol dia, llego con hambre y anoche mismo, media tripa de salchichón cayó entericaesa es la peor hora, la de la tarde_ me cuenta animado por el gesto de resignación y asentimiento que pongo como perdonándole lo del puro y el coñac
_ P_ ¿con pan o sin pan?_ remato la pregunta con un deje de laconismo y de mala uva propio de la gente de mi tierra, mientras adelanto mi pecho sobre la mesa intentando estirarme para evitar la eterna contractura de mi cuello y percibiendo el olorcillo irritante que sobre mis pituitarias ejerce el apestoso rezume de una camiseta no lavada desde hace años
_ R_ mire usted, de esa barrillas finillas y larguillas que le dicen “vaguetes”, mi niño le cortó un cacho pa un bocaillo y lo otro me lo comí yo…y se quedó tan pancho
Lo peor no es esto, es normal que un obeso reconozca que come y lo confiese en un clima de falsa confianza creada en la consulta una tarde de otoño en la que el frío aun no ha hecho que, con su presencia, estemos más tensos. 
Analizo intensamente su aspecto; defino a qué tipo social pertenece: clase trabajadora tirando a pobre, descuidado-sucio, baja formación cultural o más bien ninguna…etc. y mientras analizo todos estos datos también me imagino a esos adipocitos rodeados de macrófagos aglutinadores e irritantemente obsesionados con que las células de la grasa presenten eternamente fenómenos inflamatorios que les dificulta la pérdida de grasa y por tanto van ayudando a una mayor insulinoresistencia. Veo a la pobre insulina intentando atravesar la capa gorda de la membrana celular para llegar al receptor escondido igual que un pene en la grasa suprapúbica de un síndrome adiposogenitalis. Esa pobre insulina, tan refinada ella, tan sutil y necesaria, que es como las beatas en las iglesias necesarias para mantener el orden dentro de las mismas y haciendo el trabajo que nadie quiere,  intentando bregar entre las moléculas espesas que rodean y constriñen a las células del músculo para hacerles llegar el alimento preciado de la glucosa y que no puede alcanzar  su objetivo provocando un churrete de insulina y un  almibarado contenido sanguíneo rico en glucosa….¡¡qué pena!!
Y le digo amablemente, de verdad, sin acritud:

_ No se preocupe, le voy a poner un poquillo de fibra para antes de la cena y así se le quitará un poquillo las ganas de comer_ mientras extraigo el talonario de recetas verde que se aposenta sobre mil cachivaches en el fondo del cajón de la mesa de la consulta a la vez que arrastro tras de él una linterna atada a un cordón a la que le faltan las pilas y que lanzo directamente hacia la papelera.
El sujeto/paciente/usuario, se lanza hacia la mesa botando sus tetas por encima del tablero, sobresaliéndose una lorza enrojecida y tirante en la que se distinguen las venículas moradas de su superficie y con su enorme mano me hace un gesto de detención y me espeta casi a gritos:
_ Nooooo, mis recetas son rojas…
_ ¿y como es posible? ¿No anda usted en los mercaillos y tiene 51 años?- casi le grito escupiéndole a la cara la desvergüenza de aprovecharse de la sociedad mal llamada de bienestar que estos politicastros andaluces se han arrogado el derecho de haber creado tamaña fechoría
 Y haciéndome un gesto con las manos llevándoselas hacia la cara me dice ¿y si no de que comemos? Con lo que gano en el mercaillo no tenemos p’a comer…que sepa usté, a mí, hace muuuunchos años me dijeron que tenía una enfermedad_ y mirándome como si yo fuera una imbécil_ que p’a que usté lo sepa, se llama obesidad mórbida.
Y ante esto, yo me pregunto ¿para qué trabajo?
¿Refundar el SAS?: sí es posible, si acabamos con toda esta panda de aprovechados, guasones, irritantes comerciantes de salud, demandadores de asistencia sin dar nada a cambio que además pretenderán que les pongamos tratamiento con liraglutide para que pierdan peso mientras se jalan unos kilos de alimento que harían falta en otros sitios como es “el cuerno de Africa”.

Yo lo arreglaría pronto: todos a hacer una labor solidaria allí donde hace más falta, se acabarían todas las penurias


copyright Piedad Santiago 2011.

2 thoughts on “¿Para qué trabajo?

  1. José Antonio says:

    Pues yo no soy médico, soy profesor de secundaria. Y estoy completamente de acuerdo desde la primera palabra hasta la última en todo lo que dice la Dr. Santiago. Creo que no resultaría muy complicado trasladar la situación desde una consulta del SAS a un, digamos 2º ESO de un IES andaluz. Un saludo y la felicito por su valentía.

  2. Sophie says:

    Cuentistas como ése me encuentro muchas veces en mis guardias de Urgencias y me dan ganas de arrearles fonendazos, de decirles "sinvergüenza, que te estamos manteniendo con el sudor de nuestros impuestos". A picar piedra les ponía, qué pena que no tengamos políticos valientes que les metan en cintura sino cobardes con corte (y cohorte) de paniaguados a su vera…

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