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Bloguear: ¿Deslealtad de Empleado o Cuestión de Conciencia?

Comida de sábado. Saben ustedes por otras entradas que tengo un conocido que tiene un cargo de cierta importancia en una empresa seria y de entidad. Le cuento la batalla sostenida en la web acerca de Diraya durante las últimas cuarenta y ocho horas. Me pone verde. Literalmente. En su empresa, ya estaría yo de patitas en la calle. Y me explica los por qués, que iré desgranando en este post, gradualmente.

Claro que su empresa no es el SAS. En muchos aspectos. Un software de usuario de cara al público tipo Diraya no se implanta por las bravas así, sin importarte un pimiento a nadie lo que pasa. Eso sólo pasa en lugares disfuncionantes, en los que se pueden hacer experimentos de todo tipo a costa de quién sea. Y el que chiste o tosa es un no colaborador –por no llamarlo saboteador – y se va al cuarto del ninguneo o no existencia, diluyéndose luego todo en un magma de culpabilidades, a aclarar dentro de una confusa bolsa a los cuatro años.

En cualquier empresa como Dios manda – perdóneme el ateísmo practicante, es una frase hecha-, hay canales adecuados de retroalimentación (los modernos a eso le llaman feed-back). Las bases están más conectadas con el vértice en la toma de decisiones. Porque la cuestión se concibe de otra manera. El sentido de la empresa es un trabajo bien hecho, algo que puede ser planificado y dirigido mejor desde la perspectiva del vértice, pero cuyos efectos se perciben en la humedad de la realidad de la base. Decían los bolcheviques clásicos que el éxito o el fracaso de la acción revolucionaria la dan los cuadros. La conexión entre el vértice y la base. La organización de partido, sindicato, organización, empresa, ejército o lo que sea. La buena articulación que permite a un general enterarse que tal ofensiva no va conforme a lo planificado y cambiar táctica y estrategia en el contexto general de una batalla.

Volviendo al tema de la comunicación interna; tan importante es, que las empresas de cierta categoría  hacen de vez en cuando lo que se llama encuestas de satisfacción interna. A ver qué pasa, si pasa algo, en ese espeso laberinto llamado intramuros. A ver si hay trapos sucios que lavar. Y lavarlos pronto. Me lo contó hace una década o así un ex-gerente de una importante compañía farmacéutica cuya amistad conservo: su poder para poner en la calle a un/una tío/a se contrapesaba con encuestas periódicas – anónimas – que se pasaban a todo/as sus chico/as para ver si había algún problema con el cargo en cuestión. Porque la evaluación en una empresa no sólo es de arriba a abajo, sino también al contrario. Mi conocido me confirma esta estructura de empresa y me confiesa sorprendido y alarmado que – en estos tiempos – la cuestión Diraya vea la luz a través de mi blog sin que se me ponga directamente de patitas en la calle.

Pero yo replico… ¿Hubiera piado yo por el pico del teclado – y en abierto – si mi empresa tuviera alguna plataforma viva y eficaz para la protesta?

Tras el lógico y sereno debate entre la mentalidad directiva de mi conocido y la indignada del currito que soy permanece una cuestión de conciencia. El otro día me tomé el tiempo y la paciencia de contar los pasos necesarios para citar a una paciente en Diraya: veintinueve clicks, si todo va bien. Soy trabajador por cuenta ajena. Pero también soy trabajador público; no exactamente funcionario, sino médico del Sistema Sanitario Público de Andalucía. Ello me obliga a una disciplina concreta de horarios, carga de trabajo y otras exigencias. Es mi trabajo, como otros. Mi atención a un determinado ciudadano para su problema de salud viene fijado en una agenda concreta, estableciendo una serie de minutos. En esos minutos cabe lo que cabe, que no hay más. Cuando yo tenía veintiocho, la labor de citación recaía sobre unas profesionales diferentes, llamadas administrativas. Hoy, a mis cuarenta y ocho, esa labor recae sobre mí, por medio de un programa concreto, y requiere veintinueve clicks. Ni uno menos. Esos veintinueve clicks no son gratis, como cree mi empresa. Son energía y atención. Son tiempo. Un tiempo  precioso que se detrae de algunas tareas asistenciales a las que me dedicaba a otras edades, como por ejemplo explicar mejor – y más pausadamente – el diagnóstico y el tratamiento. O simplemente a mirar a la cara al enfermo. Claro que a lo mejor todo ello no tiene tanta importancia como yo creía.

Mi empresa no ha habilitado mecanismo alguno para que la cúpula capte este malestar que, a tenor del feed back que recibo de la red, no parece exclusivamente mío. Muchos tenemos la impresión de que los cargos intermedios del SAS constituyen un cuerpo disciplinado, eficazmente preparado para transmitir presión hacia abajo, pero no para detenerse demasiado en estas cuestiones menores. Sin embargo, comuniqué a mi comensal, como les comunico a ustedes que, más allá de molestias personales en el tajo, creo que se trata de cuestiones de salud para el ciudadano. Por encima de una posible deslealtad de empleado. En ese sentido, imposibilitado para hacer valer este sentir dentro de la organización en la que trabajo – que es, a la postre, un servicio público -,  debo confesar que escribir o no de estas cosas, para mí, hace tiempo que empezaba a constituirse una dolorosa cuestión de conciencia. Termino como el pobre Hamlet, atribulado príncipe de Dinamarca:

«Hablar o no hablar, ésa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma: sufrir los golpes y las flechas de las instituciones y sus torpes mecanismos o tomar el teclado contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin?» 

(perdóneseme la osadía de la paráfrasis del genio cuyo nombre no hace falta reseñar…)

5 thoughts on “Bloguear: ¿Deslealtad de Empleado o Cuestión de Conciencia?

  1. María José says:

    Efectivamente, en nuestra empresa no existen canales adecuados de retroalimentación para hacer llegar la voz de los profesionales a los gestores. Yo soy una convencida de la necesidad de la participación activa de las bases en la identificación de las “oportunidades de mejora” y creo que el lugar natural de expresión deberían de ser las reuniones de equipo de las Unidades de Gestión Clínica y que desde allí la información debería de fluir hacia instancias superiores. Pero la mayoría de los cargos intermedios no están ejerciendo esa labor de puente y se limitan a aplicar obedientemente las directrices que vienen de arriba.
    En años anteriores el SAS ha realizado encuesta de satisfacción a sus profesionales. Este año, tras las medidas de ajuste habría sido un buen momento para repetirla, pero lamentablemente no se ha hecho, quizás no interese conocer la realidad de la situación. Sólo con la identificación de las luces y las sombras de la realidad se puede caminar hacia la mejora.
    Diversas plataformas profesionales provinciales nos hemos agrupado en una plataforma regional (Plataforma de Profesionales de la Salud de Andalucía) para expresar nuestra opinión tras la aplicación de las medidas de ajuste presupuestario y trabajar por sostener la calidad del sistema sanitario público en un entorno adecuado de trabajo.
    Hemos elaborado una encuesta para conocer la opinión de los profesionales sobre de qué manera estos ajustes inciden en la calidad de su trabajo y de la docencia, en su motivación y otros aspectos, cuyos resultados serán un buen feed back para nuestros gestores.
    Nuestro objetivo es lograr su máxima difusión y hacer públicos los resultados próximamente.

    https://docs.google.com/spreadsheet/viewform?fromEmail=true&formkey=dHJ2TWd4a3NxU2EtaXJtd3dESXRBMUE6MQ

    Sería estupendo que la contestaras y contribuyeras a su difusión.
    El SAS necesita profesionales activos, constructivos y ¡que hagan fluir las ideas!
    Gracias
    Saludos cordiales
    María José

  2. Federico Relimpio says:

    Gracias por participar y por el interés. El anonimato es opción, no cobardía. Yo renuncio a él de modo voluntario porque me muestro voluntariamente – nombre, apellidos, voz, imagen y gesto -, responsable de lo que digo. Pero, insisto, no puede exigirse eso a todo el mundo. Porque tengo que respetar la libertad de cada quién de establecer prioridades. Sí me parecer peor resguardarse en el anonimato para la descalificación o el insulto fácil – los llamados trolls -. Desde que estoy en esto he querido fomentar el debate abierto sobre una serie de temas. Claro que hay quien me ha reprochado que no lave estos trapos sucios en casa. No es mala idea, desde luego. Pero abrir el debate interno, comporta el riesgo de democratizar una institución y despolitizarla. En ello estamos. Gracias, de nuevo.

  3. Anónimo says:

    Estoy totalmente de acuerdo con las líneas que escribes. Es un error de concepto muy grande hablar de "deslealtad a la empresa", porque radica en la idea de que la empresa es el cortijo de unos cuantos, en el que los médicos y pacientes somos mera comparsa. El sistema público es eso, de y para los pacientes, no es de los gestores. De modo que querer mejorar la atención que se le ofrece a los pacientes nunca podrá ser considerada deslealtad a la empresa, sino justo lo contrario. El acto médico es sagrado.
    Enhorabuena por tu blog, lo vengo siguiendo desde hace algunos meses y nunca antes mostré interés en seguir uno y menos aún en escribir en él.
    Fdo.: médico andaluz -aún en la cobardía del anonimato, pero por poco tiempo-.

  4. Federico Relimpio says:

    Querida Pity Saint James; no lo dudes, yo opté hace tiempo. En el ostracismo se está la mar de bien. Somos gente tela de divertida. El problema está en el "cielo", "su" cielo, que se va quedando cortito de gente, sosita, babosa, plasta y pelotífera. ¡Bienvenida al ostracismo! Hay polis cuyas ágoras se hacen inhabitables. A los que nos negamos a beber cicuta, nos vamos fuera. O que nos echen. Y tan contentos. Porque la fiesta sigue, no lo dudes. Bsss!!

  5. pity saint James says:

    Querido Fede: siempre de acuerdo contigo. ¿Sabes que por escribir relatos en tono irónico-sarcástico-divertido como el del "geronte" o el de "para quien trabajo" que creo que conoces, ha habido algun compañero nuestro que me ha espetado sin ningun tipo de vergüenza que si sigo en esa linea lo que me queda es ser relegada al ostracismo? Verídico. Y yio me pregunto ¿a qué ostracismo?: a que nadie me llame para hacer estudios financiados por esa fundacion que se llama progreso y salud, ostracismo para no ofrecerme un curso en esa organización llamada escuela andaluza de salud pública, ostracismo para no acreditarme a través de esa agencia d¡qeu se llama ACSA???? a mí el ostracismo me preocuparia si viniera dirigido desde mis compañeros-amigos….

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