Lo inmediato: empezar el año con un cambio político. Un cambio sustancial, producto de la decisión libre y soberana de los andaluces. A continuación, rascamos bajo la superficie: el cambio como resultado de una baja participación en el proceso electoral. Triste, la conclusión: el cambio será más la consecuencia de la desilusión, que de la ilusión por un proyecto político nuevo.

En este punto, es preciso subrayar que este sentimiento de desilusión – unido a los de abatimiento y de resignación – vienen siendo algo familiar para buena parte de los médicos de la Sanidad Pública en Andalucía desde hace décadas. Excede del propósito de este artículo analizar en profundidad las razones de esta desazón.

En buena medida, cabe encuadrar tal malestar en la crisis del coste de la asistencia sanitaria para las sociedades de nuestro entorno. En nuestro país, la construcción del Sistema Nacional de Salud se llevó a cabo a través de una figura parecida a la del médico-funcionario. Cabe proponer que el médico encaja mal en ese traje, y que el ciudadano tiene unas expectativas muy diferentes. El médico-funcionario interesa especialmente a la administración, porque consigue así un trabajador de élite barato, y ni eso: demasiada seguridad en el puesto de trabajo. Nos hace poco manejables, a los médicos del Sistema Público, en unos tiempos en que la Sanidad es bien de consumo y, por tanto, objeto de propaganda. La incomodidad de los blindajes funcionariales tenía una solución sorprendentemente fácil, desde el punto de vista de la administración: bastaba con retrasar las oposiciones sine die y, en consecuencia, aumentar la precariedad hasta lo indecible. Pero hoy no les enredo con miserias profesionales. Cada palo que aguante su vela, ¿verdad?

Precariedades ostensibles, autoritarismos más o menos velados. Minar la autoestima a conciencia: “ como tú, tengo a ciento en la puerta”. La creación de una atmósfera en la que ha sido muy difícil alzar la voz para denunciar deficiencias. La profesión médica estaba muy dividida, predominando una masa resignada que hacía lo que podía, sin más, intentando no buscarse problemas. Y hablar en voz alta era buscárselos, sin lugar a dudas. Podemos plantearnos si lograr el silencio de los corderos galénicos era un objetivo político. Y plantearnos también qué beneficio obtiene la ciudadanía del silencio y la desmovilización de un colectivo clave para su bienestar. Con su permiso y su paciencia, intentaré trasladarles la idea de que este silencio es especialmente tóxico para la Salud de los ciudadanos. Mortal, incluso.

Poco a poco, un grupo de profesionales fue rompiendo la barrera del miedo. Había que hablar claro, había que decir cosas. El ciudadano tiene derecho a saber todo aquello que nosotros, como profesionales de la Salud a su servicio, sabíamos y callábamos. Simplemente, porque ese silencio cómplice tenía un coste en Salud nada desdeñable. Nuestra resignación ante la mentira o la media verdad sanitaria era peor que simple comodidad aterrada: era cobardía negligente. Los nuevos tiempos y las redes sociales permitían la interacción directa con la ciudadanía y la libre circulación de las ideas y las experiencias. Permitía denunciar, por ejemplo, el empleo vergonzoso de la Sanidad Pública como propaganda electoral. La han visto hace poco, ¿verdad?

De este modo, el ciudadano medio perfeccionó el retrato propio del progresivo deterioro de la Sanidad Pública. La población corroboró los hechos y participó activamente en estas iniciativas, valorando en ello, lejos de una intoxicación corporativa, la defensa de un servicio público esencial, en una época en que afloraban escándalos por malversación de caudales públicos. Hasta qué punto nuestras verdades han influido en la gente, es imposible de saber.

El que esto les escribe se honra de pertenecer a un grupo de profesionales que desea enviar un mensaje al gobierno andaluz entrante: que este colectivo sigue amando sus quehaceres, y no renuncia a la sana pretensión de ilusionarse de nuevo. Y que, para ello, anunciamos nuestra decisión de no ofrecer cheques en blanco ni confianzas pueriles.

Estaremos atentos, pues, desde el minuto cero. Seguiremos exigiendo, como exigimos al gobierno saliente. Y nuestras reclamaciones son las mismas. Seguiremos ahí, donde intuimos que nos lo pide el ciudadano, informando en tiempo real de nuestros puntos de vista.

Al final, no consiguieron echarnos el candado a la boca. Ahí sigue, libre y lenguaraz. Y los oídos, despejados. Oiremos. Nos oirán. Porque para eso nos tienen, los andaluces.

(Artículo publicado por Diario de Sevilla el 10 de enero del 2019, en versión impresa)

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, Observatorio de la Sanidad del RICOMS.

Twitter: @frelimpio

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