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Agresiones a Sanitarios (Por mi culpa, por mi grandísima culpa…)

Curioso país éste… Pues no resulta que una abnegada médica de Atención Primaria de un barrio – con sus dificultades económicas – sufre una agresión. Creo que todo acabó en insultos, gritos y amenazas – que no es poco, desde luego -. No se vayan a creer que la mujer es impresionable. Tiene un largo historial de trabajo en zonas marginales y tiene la “pìel dura”. Pero algo harta debe estar. Un poco como muchos en su profesión, me supongo. Pero, según me ha trascendido, no es eso lo que le ha dolido más. Eso son “gajes del oficio”, al fin y al cabo. O “gajes del oficio” aquí, qué le vamos a hacer, la que no quiera, puerta y a otro sitio y a otra cosa.
No, lo que verdaderamente le ha dolido es el “tercer grado” que le hicieron en la dirección del centro. Que no sabe “gestionar” la “agresividad del usuario”, algo en lo que, según parece, debe estar perfectamente ducho cualquier profesional de la Sanidad Pública, al modo de un mediador en secuestros o un psicólogo de penitenciarías. Que a ver por qué ha tenido que montar la pajarraca, que el barrio y su Centro de Salud están en boca de todo el mundo, que a ver si la gente se va a creer que esto es México D.F. o Caracas. Y que si “no tiene las competencias propias y no sabe asumir adecuadamente el control”, que es mejor que vaya al psiquiatra. 
Total, que con la agresión a cuestas primero y el chorreo del jefe después, ahí va la buena mujer al psiquiatra, le cuenta la historia completa para que el hombre se horrorice y le proponga para empezar una baja por ansiedad, renovable posteriormente según vayan las circunstancias. Hasta que vaya aprendiendo a “gestionar” la “agresividad del usuario”.
Me imagino la sonrisa de algún responsable sanitario. El vaina éste – por el que escribe – se ha creído la versión de la mujer. Enterita. Pues sí señor, me la creo. Por otros casos que se dan por estos lares. Donde abunda una máxima no escrita en cargos intermedios: “El Cliente Siempre Lleva la Razón”, que nos ha ido transformando progresivamente de profesionales de la Medicina en sonrientes azafatas de congresos. Me contaron el caso de un médico de Atención Primaria que refería ser acosado sexualmente por una paciente. Removió cielo y tierra en su Centro para que la susodicha fuera atendida en otro cupo, dadas las conocidas rigideces de los sistemas patrios. Sólo me trascendió la frase con que la directora de su Centro inició algunas de las sesiones dedicadas a abordar el tema: “En el supuesto de que lo que dices sea cierto…” No sé en qué acabó esta otra historia.
En resumidas cuentas, que aún no veo a los responsables de la cuestión sanitaria suficientemente sensibilizados por el tema de las agresiones. Que en buena parte es cuestión de ellos, vaya, que no se saben apañar. Que es falta de “torería”. Que a este paso, cada vez que venga un doctor – o mejor, doctora, aunque sólo sea por estadísticas – portando el ojo morado o el tubo de valium, mejor que rescate el catoliquísimo “Yo, Pecador” y entre en el despacho mascullando eso de “por mi culpa, por mi grandísima culpa…” Lo malo es cuando tengamos al quince por ciento de la plantilla de baja por ansiedad. O de ejercicios espirituales. Que a lo mejor le toca al director o a los de arriba venir a lidiar a los agresivos. Tal vez entonces las cosas puedan entrar en otra dinámica.
Mis cosas en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

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