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Su opinión cuenta…

Su opinión cuenta. Y mucho. ¿No lo sabía? No se sonría, que hablo completamente en serio. Desde que me senté delante del teclado, me puse como tarea hacerle adquirir conciencia de su enorme poder. Usted, como yo, ha experimentado durante los últimos años la amarga sensación de que nada puede hacerse, de que todo viene pensado y dirigido para que usted asienta o, todo lo más, se retire dócilmente al rincón del salón ante la inevitabilidad de las cosas.

En otros posts he sostenido la necesaria ruptura con el miedo, con ese indescriptible temor a que lean su nombre tras una opinión un poco heterodoxa o molesta y se concrete la amenaza fantasma. Hay una serie de resortes para que temamos y así, inhibir pensamiento, palabra y acción. Sólo cuando no se teme la imaginación flota y fluye en su cerebro, las palabras se ensamblan y las propuestas se articulan. Los tabúes se rompen y lo que antes era imposible se puede acariciar.

Desde que me metí en estas cosas dejé el recuadro de los comentarios de abajo libre y sin moderación. Para lo que usted diga. Porque este espacio se hace para usted. Porque su opinión cuenta y, con ella, todos nos enriquecemos un poco todos los días.

Luego me me metí en mi novela, intentando abrir las ventanas de lo que creo que es una habitación oscura y cerrada. Pero un niño que da sus primeros pasos se cae con frecuencia. Los que comenzamos a escribir, y más los que lo hacemos acerca de temas conflictivos, necesitamos corregir la plana todos los días con su ayuda. Es preciso apreciar todos los colores que presenta la realidad para tantos ojos diferentes. Por eso todos los comentarios son bienvenidos, especialmente aquéllos que vengan a criticar o censurar tal o cual aspecto.

Mi novela K.O.L. Líder de Opinión es un intento de explicitar las prácticas fraudulentas de la industria farmacéutica a través de la historia de la desorientación profesional de un médico de nuestros barrios, y de su reencuentro personal de la mano de una paciente.

Por decirlo de modo sintético:

«Existen excelente ensayos de denuncia de las prácticas fraudulentas de la Industria Farmacéutica. Pero su lenguaje es de difícil acceso para el público, incluso para un amplio sector de los profesionales de la Salud. La novedad consiste en introducir todo ello en una historia contada a la medida humana, de modo asequible, inmediato… Que el ciudadano común pueda reconocer personajes y situaciones familiares… Que pueda palparlos, olerlos casi y, de este modo, adentrarse en la oscura habitación del mundo sanitario y, llegando hasta el fondo, abrir las ventanas para permitir la entrada de la luz y del aire…»


La obra va dedicada a las mujeres de los barrios de mi ciudad. Especialmente a las mujeres mayores y a las de los barrios menos favorecidos. A lo largo de todos estos años las he conocido bien, y he considerado un deber sacar su voz de la papeleta con unas siglas políticas y una lista de nombres. Porque ése es el único modo en que se expresan, cada cuatro años. Muchas apenas aprendieron a leer en la España de aquella época, y otras lo mínimo, cuatro letras. La mayor parte no podrán opinar del retrato que hago de los barrios y no podrán decirme si bien, mal o regular. Si falta esto o aquello. Pero seguro que hay hijos o nietos que sí que pueden tomar el teclado y decir: «mire usted, falta esto o sobra lo otro, se pasa por aquí o no llega por allá».

A todos me dirijo. A que me digan con libertad y que contribuyan a que lo que son mis cosas, a que pasen a ser las cosas de todos, la voz de todos. Porque, recuerde, su opinión cuenta. Todos hacemos el país, aunque parezca que es de unos pocos. Y, del mismo modo, me gustaría que todos estuvieran aquí, en este blog y desfilaran por las páginas de mis novelas. Porque ya estoy trabajando en otra. Quiero que entren por mis ojos y oídos y machaquen mis esquemas. Que griten o que susurren. Que vivan, en suma. Porque uno no aspira a modificar nada, sino a ser modificado y a tomar apuntes del natural. Y luego, lo que salga.

La novela está ya a disposición de todos. Pídasela a su librero. Editorial Anantes.

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