
Sobrecarga asistencial. No puntual o estacional, sino crónica. Perenne. Medicina pública basada en la masificación. Una aglomeración a la fuerza: necesidades asistenciales mandan. Por encima de tus coronarias. Un argumento que subyace y vertebra la normativa con que la Sanidad Pública se nos convirtió en una especie de esclavitud social. Al menos a los médicos.
Seguro que este argumento les suena. Se trata de la vida de miles de profesionales de bata blanca a lo largo y ancho de este país. Y la muerte, dígase ya, de sus ilusiones, de su vocación y su compromiso. La sobrecarga asistencial es la madre legítima y reconocida del burnout. Del padre y los padrinos de bautismo hablamos en otro momento.
Lo que les cuento está en todos los carteles, todos los eslóganes, todas las pancartas de los médicos de la Sanidad Pública, decididos por fin a decir alto y claro que otra Sanidad es posible y que, para ello, hace falta una normativa específica (propia de la medicina clínica) y centralizada (por encima del albur de las políticas sanitarias de las CCAA).
No tendría que recalcar esta obviedad si no fuera porque a la manifiesta obsolescencia del sistema se le acaba de abrir un frente más (al menos que uno sepa): el judicial. Les invito a leer la noticia que lleva a la sentencia. Porque no tiene desperdicio.
24585€ de vellón. Esta indemnización es la que el Juzgado de lo Social número 6 de Granada impone al todopoderoso Servicio Andaluz de Salud por llevar a una médica a la baja por ansiedad a través de una sobrecarga asistencial reconocida.
Léanselo, que no tiene desperdicio. El Juzgado se atiene a que el acuerdo de limitar las agendas a 35 pacientes diarios (que ya son muchos) no puede considerarse papel mojado, sujeto a la libérrima interpretación de los cargos intermedios sobre la base del imperio aún no revocado de “las necesidades asistenciales”. La sentencia reconoce que sobrepasar lo acordado de modo persistente, como estructura de funcionamiento, conlleva riesgos laborales evidentes para la salud del trabajador y, por ende, para la seguridad del paciente. Hace mucho que venimos escribiendo sobre el particular, ¿verdad?
Pregunta personal: ¿cómo explicar que esta sentencia llegue tan tarde? Tesis igualmente personal: porque aguantamos lo indecible. Porque nos formamos en un entorno de chantajes emocionales socio-sanitarios administrados por una larga serie de fantoches que nos vendieron (¡y cómo!) las bondades de un ejercicio profesional que se aproxima al franciscanismo castrista.
Sumisión. Obediencia. Buena cara. Paciencia y trabajo inagotable, incluso frente al grito y la amenaza, frente a los objetivos de gestión inasumibles o novedades tecnológicas agobiantes.
La buena noticia: hay vida en los pasillos del hospital, en los consultorios. La estáis viendo, llena de pancartas. La gente para la que trabajamos sabe que todo lo que contamos es cierto, que cada eslogan contiene una verdad de la que también ha sido víctima, de un modo u otro, a nivel de usuario.
Pero la buena noticia te la da hoy, además, la inteligencia y sensibilidad de un juzgado ante la rebeldía de la médica. El cambio, pues, está en nuestras manos. La sobrecarga asistencial es la base de la Sanidad Pública desde hace décadas. Y es demostrable: ahí están las agendas.
Acudid a Salud Laboral. Es vuestro derecho. No os consumáis en angustias, ansiedades, depresiones o toxicomanías en la soledad del “yo puedo con esto”. Porque nadie puede. Porque, además, las tipejas y tipejos que demasiadas veces dirigen tu actividad se instalaron en esos despachos huyendo de las mismas realidades cuya penalidad te niegan. No te conformes, pues, con los consabidos “siempre se ha hecho así” o la típica comparación con este compañero o el otro que – aparentemente – no tienen ningún problema.
Consulta tu problema. Y no lo hagas de pasillo. Si estás mal, ve al médico (me sonrió al exhortar algo tan simple… ¡A un colectivo de médicos!). Diagnostica, resuelve o alivia tu malestar. Hazlo profesionalmente. Y obtén una valiosa documentación. Con esta, y con la que demuestre la sobrecarga asistencial, acude a la asesoría jurídica. A la del sindicato médico, por ejemplo, que para eso lo tienes.
Y funciona, ya lo ves. Son los tiempos jurídicos; ármate un poco de paciencia. Solo que, sentencia a sentencia, se obra el milagro. Se llama jurisprudencia. Llegado el caso, será tu abogado el que la invoque y será el mismo juez el que te respalde por la vía rápida. Entonces, este país en el que vivimos tendrá un problema para indemnizar a tantos galenos violentados bajo la gestión de tantos jefecillos cínicos y despóticos. Y poco a poco, se obrará el milagro: adiós a la sobrecarga. Y adiós, de paso, a la gestión basada en el cinismo, la prepotencia y el “esto es lo que hay”.
Pero hay que empezar ya. ¿Por qué no tú? ¿Por qué no ya? Ganas tú, gana el paciente. Y ganan todos los compañeros.
(P.D. no me gustan nada los anglicismos, pero a veces son útiles. ¿Qué os parece #MeTooDoctor?)
La medicina clínica esta en crisis en todo el mundo. Pero especialmente en nuestro país.
Hace 15 años, desafiando triunfalismos, amenazas y no pocos desprecios, me aventuré con un diagnóstico. Y lo novelé.
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