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Sanidad Pública: ¿Pencos en el Frente?

-Por cierto, ¿Dónde está vuestro comandante? – pregunto Krímov.
-Ahí lo tiene, se ha puesto en primera línea.
  Grékov yacía sobre una montaña alta de ladrillos y miraba a través de los prismáticos. Cuando Krímov le llamó, volvió la cara con desgana y maliciosamente hizo una señal de advertencia llevándose un dedo a los labios; después volvió a concentrarse en sus prismáticos. Unos instantes después le comenzaron a temblar los hombros: se estaba riendo. […]
  Todo en él – su mirada, sus movimientos rápidos y las ventanas anchas de su nariz chata – tenía algo insolente; el gerente de la casa era la insolencia en persona.
  “No importa, ya te bajaré los humos”, pensó Krímov.
  Krímov comenzó a interrogarle. Grékov respondía perezoso, con gesto ausente, bostezando y mirando alrededor, como si las preguntas de Krímov le impidieran recordar algo verdaderamente serio e importante. […]
  Guardaron silencio y en aquel breve instante en que permanecieron callados,. Krímov se sobrepuso al sentimiento de ser moralmente inferior a los hombres de la casa sitiada.
  -¿Lleva un diario de las operaciones?- preguntó.
  -No tengo papel – respondió Grékov -. No tengo dónde escribir, no hay tiempo, y de todas maneras no sirve para nada.
  -Ahora se encuentra bajo el mando del comandante del 176.º Regimiento de Fusileros – dijo Krímov.
  -A sus órdenes, camarada comisario del batallón – respondió Grékov y añadió con aire burlón -: Cuando los alemanes cortaron este sector, yo reuní en este edificio hombres y armas, rechacé treinta ataques e incendié ocho carros, y por encima de mí no había ningún comandante.
  -A fecha de hoy, ¿conoce el número exacto de soldados que están bajo su mando? ¿Lo tiene controlado?
  –¿Para qué? No presento informes, no recibo raciones de la intendencia. Vivimos de patatas y agua podridas.

***

Verán que sigo con “Vida y Destino” de Vasili Grossman. Lo genial de un escritor es que un médico de la Sanidad Pública de Andalucía pueda vivir como cosa propia la terrible batalla de Stalingrado, el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial, donde los males del nacionalsocialismo comenzaron a retroceder. Verán con esto que sigo aprendiendo nuevas cosas, y quiero compartirlo con ustedes. Comencé a mis años la dificilísima residencia de la escritura. Concluí a duras penas el primer año de residencia con un descarnado retrato de veinte años de vida y afanes en el tajo. A ver si ustedes me lo aprueba. Ahora ando enfrascado en el segundo año, pero aseguro que nada tiene que ver con la Medicina. Ración doble me di en el primer año. 

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