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Sanidad: la Gente Quiere Elegir

Sanidad pública frente a privatización. O Sanidad a dos velocidades, Sanidad de ricos y Sanidad de pobres. O mejor, de múltiples velocidades, según el tamaño de la cartera de cada quién. O el debate del copago frente a la ruina. La sostenibilidad del Sistema Sanitario. Dinero y más dinero. Que no digo que no lo tengamos en cuenta. Sólo digo que no oigo hablar de otra cosa, del dinero.

Hoy no toca hablar de las aspiraciones de los profesionales. Así que no me acusen de ser corporativo. Hoy voy a intentar hablar de las aspiraciones de la gente. Y eso sí que me hace gracia. Porque, cuando lo han intentado – digo los responsables sanitarios de mi comunidad -, se han encontrado con sorpresas que, o han ocultado, o han soslayado, o eran directamente irrealizables.

Nuestro Sistema Sanitario Público no se genera de la nada en los ochenta. Asienta sobre el “Seguro” franquista. E. inicialmente, con sus mismos medios. Y sus mismas disposiciones legales. Y, pese a todo el tiempo que ha transcurrido, el enorme esfuerzo modernizador y el capitalazo invertido, rascas un poco y ahí sigue, bajo la nueva piel. Y digo esto porque es el dique opuesto a las aspiraciones de la gente, de lo que hablaba en el párrafo anterior.

El sistema franquista – felizmente obsoleto – era un régimen rígido, burocrático y funcionarial. Desgraciadamente, ahí seguimos, en buena parte. Plazas por oposición y blindajes. Lo único que ha cambiado son las largas interinidades, no presentes en la etapa previa. Claro que casi mejor dejarlo como está, porque si lo cambiamos, con el patio que tenemos, se poblarán nuestros hospitales y centros de salud de hijos, sobrinos, primos y gentes bien relacionadas con el poder político o político-sanitario. Somos europeos del sur y valoramos la famiglia por encima de cualquier cosa. Y un carguillo de por vida en la administración es un tesorito. Así que mejor non meneallo.

Claro que al ser la cuestión así, tan inamovible, existía aquello de la población cautiva, término sin gracia alguna que venía a describir que a ti se te asignaba un médico de cabecera o especialista bueno, malo o regular, simpático, desagradable o con mal aliento con el que te tenías que conformar. Se generaba pues una situación curiosa: don zutano no tenía estímulo alguno para dejar de ser don zutano y la gente a él adscrita se tenía que conformar, huir de él o cogerle las vueltas – esperar que viniese un pasante más dispuesto -.

Pero la gente QUIERE ELEGIR. Ya no se conforma. ¿Por qué me voy a tener que aguantar? Y el poder tuvo que conceder un grado de libertad – con restricciones – : poder cambiar de médico de cabecera. Se permitió, claro, pero el rechazado NO COBRABA MENOS POR DISFUNCIONAR. Y EL ELEGIDO NO COBRABA MÁS POR SU PRESTIGIO. Es más, superado cierto cupo, se hacía imposible asignársele más pacientes. Eres magnífico, agradable, te esfuerzas y tienes prestigio, pero… ¿De qué te sirve? El otro terminó hace hora y media y te espera en bar con el Marca en la mano. Te recibe con una sonrisa burlona: “¿Conseguiste por fin arreglar a tal o cual?” El raquítico sistema de incentivos ideado por alguna de las administraciones sanitarias españolas, bien rebajado por la Hacienda Pública, viene a desmontar la peregrina iniciativa de la motivación desde arriba.

Y recordemos siempre, la gente QUIERE ELEGIR. No quiere hacer papeles delante de un/a administrativ@ para que le asignen al cupo de un médico como el que se matricula en un curso académico. Quiere la simplicidad de pedir cita directamente con un profesional – el que ellos decidan -, sin otro formulismo.

Supongamos que una paciente ya tiene una excelente médica de Atención Primaria, educada, respetuosa, competente y digna de toda confianza. La buena señora está en sus sesenta y dos y tiene de repente un sangrado menstrual. Ello le preocupa. Su amigota de toda la vida empezó por ahí y terminó operándose de cáncer de matriz. El Sistema Sanitario Público Español la obliga – y reitero obliga – a pasar por su médico de cabecera. País como somos de pillerías, solemos tirar por la puerta de atrás, pasarnos por urgencias del hospital de la mujer, pagarnos una privada o recurrir a un enchufe. Porque, recordemos, la gente QUIERE ELEGIR. Y lo que le pide el cuerpo a la buena señora es pedir cita directamente al ginecólogo o ginecóloga.

Acabamos de decir que la paciente se fía por completo de su médica de cabecera, pero esto es diferente, mire usted. Esto es una cuestión particularmente íntima. Porque antes, en tiempos de Franco o la Transición la mandaban a un señor mayor – el que tocaba -, masificado, sin modales, que le decía más o menos que se fuera bajando las bragas en el pasillo porque no tenía tiempo. Luego cambió la cosa y su buena médica de cabecera tiene la potestad de enviarla a la ginecóloga que ella decida, dentro de su área sanitaria. La ginecóloga elegida es una mujer de una competencia científica extraordinaria y compañera de promoción de la antes mencionada. Pero, por experiencias anteriores, da la casualidad de que nuestra sufrida paciente la encuentra pelín seca y cortante. No responde con agrado a sus inquietudes. Y, no sé cuántas veces lo hemos dicho: la gente QUIERE ELEGIR. No quiere que le gestionen una cita. Quiere coger el teléfono ella misma y llamar a un profesional agradabilísimo del que le han dado unas excelentes referencias. Lástima que trabaja en un hospital que a ella no le corresponde. Hay mecanismos para soslayar esta situación, pero son torpes y molestos. El trámite es lento y te ponen mala cara… ¿Por qué nos crea usted dificultades? ¿Por qué no se conforma? ¿Por qué no sigue los caminos establecidos? La administración sanitaria tiene una filosofía inherente: básicamente un profesional es igual a otro. Aunque, personalmente, los altos responsables practique la doble moral: para mí y mis familiares me informo bien de quién es el mejor y llego a él sin cola y por la puerta de atrás, como quisiera el común de los mortales. Porque, recordemos: la gente QUIERE ELEGIR. Y los altos responsables de la administración sanitaria no dejan de ser gente, a fin de cuentas.

La relación médico enfermo es delicada. Y el enfermo QUIERE ELEGIR. Quiere elegirlo todo. De primaria a especializada, de la ambulancia al hospital. No quiere compañía desconocida en una habitación de hospital y sí suele querer cama de acompañante. Y, por supuesto, sin costes directos, que para eso paga impuestos. Y demos gracias a que es español, acostumbrado al “esto es lo que hay”, que si francés fuera, huelga harían pacientes – los que pudieran, claro – y sus familiares, y sacarían las camas delante del hospital, llamando a la prensa internacional para protestar por la calidad de la asistencia. Y para reclamar por su irrenunciable DERECHO A DECIDIR.

Y ahora, de ahí para abajo, le decimos a la gente lo que nuestro Sistema Sanitario Público puede y no puede proporcionarles. O mejor, si quieren pagar más impuestos para conseguir más ventajas o quieren dejarlo como está. Con el dinero que le echamos, creo que vamos teniendo ya poco margen. Buenos días y buena suerte.

Veinte años de experiencia en el Sistema Público de Salud en una novela, a un sólo click…

Mis cosas, en twitter…

2 thoughts on “Sanidad: la Gente Quiere Elegir

  1. Federico says:

    Te agradezco mucho el interés y la ayuda, pero soy lego en tus saberes ¿Qué es el "scroll"? ¿Cómo puede desbloquearse la imagen de fondo? He estado un rato intentando y no lo consigo.
    Gracias

  2. Anónimo says:

    Soy experto TI.

    Me gustan tus entradas, pero tu página tiene un scroll pésimo.

    Please, no bloquees la imagen de fondo, porque aunque estéticamente te pueda gustar un montón, hace que leer tu blog sea muy pesado y desalentador.

    Saludos.

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