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Salud de los médicos: seguridad para los pacientes

Hace poco un familiar me pidió que examinara el informe final de salud laboral al que se ve sometido todos los años. Es curioso. La extensión y los campos que abarca. Desde la antropometría al riesgo cardiovascular, pasando por la audiometría. Todo. No es obligatorio, pero casi, ya se entiende… «¿Por qué no quiere usted hacérselo?» Y ello me llevó casi de inmediato a establecer comparaciones.
Yendo de lo humano a la mecánica, si ustedes lo permiten, la Ley establece la necesidad de revisar los vehículos para que puedan circular. La famosa I.T.V., que tan a regañadientes pasamos y que sus dineros nos cuesta. Pero que intenta asegurar que no haya vehículos circulando con frenos en mal estado, por ejemplo. Lo que me obliga a seguir haciendo comparaciones e ir de nuevo a lo humano. Y a lo laboral. Esta vez a mi terreno.
Como profesional de la Medicina, desde 1989 he realizado dos revisiones de salud laboral, la última recientemente. Y nunca he obviado o me he negado a una invitación institucional en tal sentido. Simplemente no han existido. O no me han llegado; se perdieron por el camino.
Pero yo no voy a mi protección personal; eso no es asunto de interés público. El asunto de este post es otro. Plantéeselo como ciudadano que acude a la Sanidad Pública: ¿Está seguro que su doctor o doctora le oye bien? La mayor parte de las deficiencias de la agudeza auditiva son insidiosas. Su doctor puede negar la sordera hasta que sea del todo evidente. ¿Y cuántos síntomas-guía de problemas serios no habrán logrado traspasar el nervio auditivo del galeno? Pero podemos pasar del oído a las neuronas. ¿Está segura que su doctora no padece un Alzheimer incipiente? Téngase en cuenta que la mayor parte de las tareas que ejecutamos son rutinas que pueden no sufrir demasiado en las fases tempranas de la enfermedad. La doctora ha preguntado las mismas cosas durante décadas. Incluso si usted le hace una pregunta capciosa, la doctora tiene una rutina para evadirse. Pueden pasar meses de traspieses y meteduras de pata hasta que una especie de conjura profesional y familiar la lleve por fin a la baja y la invalidez. Pero en esos meses de ejercicio…
Podríamos llenar un libro de anécdotas de galenos con defectos variopintos. Sea por ignorar la enfermedad o por negar la evidencia de la misma. O por pretender retrasar la invalidez a toda costa. Puede que sea por haber hecho de la bata blanca el modo de vivir, no un modo de vivir. Y ahí cabe toda la gnosología: de las hipoglucemias inadvertidas de la diabetes a una depresión encronizada, de un alcoholismo sempiterno – pero oculto –  a una degeneración macular incipiente. No nos caracterizamos los médicos por ser pacientes dóciles o colaboradores – si les gusta más el segundo calificativo -. Más bien tenemos la fama de negar la evidencia e ir al consultorio a rastras, amarrados.

Pero ya he avanzado más arriba que, además de la deseable – por filantrópica – protección del trabajador, los Sistemas Públicos de Salud deberían tomarse muy-muy en serio la salud facultativa. Como lo de la I.T.V., vaya. Porque ya les he dado pelos y señales de que un galeno cojitranco o cegato es poco más o menos que un peligro público. Y que, por si fuera poco, no se les nota así como así, a las claras. Que se autoengañan y engañan al más pintado. O nos autoengañamos; que igual está uno mismo ya en ésas y no se está dando ni puñetera cuenta. Y que mientras canta la cosa y no, puede que nos llevemos a algún que otro pacífico transeúnte por delante. Así que organícenlo como quieran, pero oblígennos a pasar una especie de I.T.V. profesional. Ya lo dije hace dos o tres posts: a estas alturas de película, me veo más de paciente que de doctor – aunque de trinchera me queda todavía la tira -. Por eso. A ver si me pongo malo. A ver la que me toca enfrente. Que igual me toca salir a correr. O sacar el vademécum, ponerle algo y convencerla para que se coja una baja. Es que el patio está regular nada más. Cosas de médico medio viejo recalentado por el verano. Buenas noches y buena suerte. Con el que les toque, digo.

@frelimpio

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