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Recortados y Asqueados

Era el 12 de enero del 2011 cuando me dio por escribir una de las entradas de este blog que, vista de modo retrospectivo, más me gusta: “Un País de Chocolate“. Cualquier gobernante que se precie no puede evitar un rictus de deprecio, conmiseración o condescendencia cuando trata a alguien como usted o yo, una persona no versada con las cuentas públicas, irritada con esto o con lo otro y que se ve sometida a un trato más o menos displicente, pero siempre aliñado con una dosis de silencio que lo dice todo: “¿Qué sabrás tú del complejísimo gobierno del bien común y de las públicas cuentas?”. Creo que algo similar he dicho recientemente del tono condescendiente de la mirada de Carmen Martínez Aguayo.

Sólo que… Sólo que… Ha pasado el tiempo. No me vale. No nos valen. No nos valen sofismas o argumentos. No nos vale el eterno cuento del chocolate del loro. Le han dado demasiada bola y ya no vale. O a quien le valga que levante la mano, vaya. Tienen que saber ahí arriba que NO vale bajar el sueldo al nervio de la función pública – porque les venga impuesto desde más arriba – mientras NO se recorte a fondo el presupuesto destinado al paraestado pelota y adicto. Pero claro, eso es imposible. Porque son ellos. Son sus hijos o sus sobrinos. I suoi nipoti, como se diría en italiano – de ahí lo de nepotismo -. Los suyos, en suma. Los que entraron por la puerta de atrás, riéndose a carcajadas de eso tan antiguo de la igualdad, el mérito y la capacidad. Los que se inspiraron en la alternativa de la Universidad de la Vida, de la Calle, en la perentoria validez de los “currículos” de tantos otros que pululan por despachos oficiales y que anduvieron fino de dedazo en dedazo y de puestazo en puestazo. Gentes todas que tienen lógicos motivos para desconfiar del flexo y los apuntes y para primar la fidelidad y la lealtad por encima de la profesionalidad y la formación. Por eso podemos estar seguros-segurísimos de que, con esta gente, antes vemos a los cirujanos en alpargatas – su más arcano sueño – que se toque a uno sólo de sus acólitos. Sólo que, en el camino, lo que dejarán en alpargatas serán las prestaciones y la calidad de una Sanidad Pública agonizante, dado que ellos siempre tendrán para ir donde den las mejores prestaciones. Porque sus sueldos se tocan poco. Al fin y al cabo… ¿Para qué? Si son el chocolate del loro, ¿No? Y si los tocan – en apariencia -, mil dietas tendrán para compensarlos. Mecanismos opacos para usted y para mí. Entresijos que tiene el poder. Y de las ruinas de la Sanidad Pública puede tener usted bien seguro que quedará al final un móvil recargado, una puerta de atrás engrasada y una alfombra roja dispuesta. Todo ello bien organizado para cuando su excelencia tenga el dolor contacte de modo directo con el especialista que se desea, el que entiende de veras del asunto, saltándose toda la lista de espera que a usted le aflige para que se pueda consultar y aliviar ansiedades a la mejor conveniencia. Todo ello quedó bien retratado en aquella maravillosa novela que George Orwell escribió en su momento: “Rebelión en la Granja“. Y eran los cerdos, sí, los cerdos los que mandaban en el cotarro. Y la comparación no puede ser más oportuna, ni más actual. Buenas noches y buena suerte.

Mis cosas, en twitter…

1 thought on “Recortados y Asqueados

  1. Anónimo says:

    Hasta hace pocos años todavía pensaba que el curriculum daba la valía de los aspirantes a trabajar en el SAS.
    A fuerza de palos, de ver como se te cuelan los que están por detrás de tí en méritos, una y otra vez, he aprendido: la Bolsa Única, para los FEAs, en Sevilla, no sirve para nada. Se contrata a dedo. Y el propio SAS lo constata en su web de Bolsa, basta con consultar la nota de corte de cualquier especialidad para comprobar que no existe nadie contratado.
    Para lo único que sirven los méritos sería una OPE, y con la que está cayendo…en 15 años a lo mejor la vemos.

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