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El Contrato Programa (o Rendirse en Stalingrado)

En estos tiempos de vacas flacas, de sueldos menguados y ánimos abatidos, cae sobre todos los españoles – con todas las variedades autonómicas posibles – un suspiro de angustia acerca de la amenaza fantasma que pende sobre la viabilidad o transformación de nuestro Sistema Sanitario Público, al que debemos tanto. Tranquilos, que hoy hago una entrada corta, nada filosófica. Se trata de aclarar un concepto. En los días pasados, al socaire de las fracasadas conversaciones entre sindicatos y administración para tratar el tema de los recortes en la función pública en Andalucía, mucho ha habido de ida y vuelta en torno a cuestionarse ciertas peculiaridades del modelo andaluz. Yo mismo he participado en ello. Destacados representantes del oficialismo se han defendido enrocando su posición en torno a la idea de gestión clínica. Con la Iglesia hemos topado, Sancho.

Gestión clínica. Les voy a dar el concepto que tengo y, si el suyo es diferente y creen que me equivoco, me lo aclaran más abajo. En principio la gestión clínica es la acción y efecto – y la mentalidad previa – por el cual se adaptan unos medios – que son finitos – a los mejores resultados en salud para una población determinada, en un área determinada de conocimiento o de servicios generales. Dicho y formulado así es tan de cajón que, caso de no asumirlo como principio básico de la acción sanitaria pública, estamos renunciando a toda idea de bien común e infringiendo los límites de la ética. Y les doy un ejemplo: tengo tantos euros al año para Sanidad. La gestión clínica analizará qué población tengo, cuáles son sus necesidades y expectativas, si puedo recortar en quimioterapia para mejorar paliativos, o si puedo disminuir resonancias para ofrecer más fisioterapia. Allá cada área. No tiene nada que ver con la infrafinanciación del Sistema, que es un problema diferente.

Pero los líderes del oficialismo no lo explican todo. Creo que buena parte del cabreo crónico de la profesión sanitaria – ojo, que no sólo médica – andaluza viene con el contrato programa, que no con la idea de gestión clínica. A ver si lo digo clarito. Tu unidad – antes llamado servicio o centro de salud – u hospital viene regido por un director. Elegido por ellos – los de arriba – según una forma de ser, sentir y pensar. Pero sobre todo, por la aplicación del contrato programa. Que es un compromiso estricto entre la gerencia del Servicio Andaluz de Salud y el hospital que sea de que te vas a atener a esto o lo otro. Y el contrato programa no es algo caprichoso. Sigue las llamadas líneas estratégicas del Servicio Andaluz de Salud. Digamos que son las directrices de pensamiento sanitario según las que tiene que moverse toda la maquinaria sanitaria andaluza, pergeñadas por sesud@s pensador@s en la Consejería de Salud, Avenida de la Innovación S/N, Sevilla. Es curioso eso del contrato programa. Son como las órdenes para un ejército. Sabrán ustedes que del contrato programa que tiene un hospital con el Servicio Andaluz de Salud se deriva el compromiso de gestión que tiene una unidad – por ejemplo, Cardiología – con dicho hospital. Por ejemplo, limitar el uso de tal o cual fungible. O potenciar el consentimiento informado. Lo que sea. Recuerdo el comentario sarcástico de un compañero de otro centro, sorprendido ante la cuestionable lógica o pertinencia de alguna medida incluida en el compromiso de gestión de algún año. Y, pidiendo explicaciones a su esforzad@ director@, la buena persona, con una sonrisa triste que lo evidenciaba todo, le dio por toda respuesta: “¿Qué quieres?… Viene en el contrato programa del SAS.”

Les voy a poner un ejemplo. Muchos dirán que no viene a cuento pero, estando como estoy en mi casa, me voy a permitir relacionar lo que me venga en gana y, a cambio, permito cualquier comentario abajo sin moderación. Estoy en pleno proceso de lectura de “Vida y Destino” de Vasili Grossman. El tema son los entresijos de la batalla de Stalingrado, lo que me ha hecho documentarme un poco más sobre el tema. Y a lo que iba. Que a mí, a infinita distancia y pidiendo mil perdones, esto de la Sanidad Pública en Andalucía me parece teledirigir el ejército de Paulus en Stalingrado desde Berlín, fijándole objetivos precisos a miles de kilómetros de distancia negándole prácticamente toda iniciativa, toda independencia de acción. Y que, escuchando una vez y otra la propaganda oficial de algunas destacadas personas del Servicio Andaluz de Salud, me parece escuchar las voces del oficialismo del régimen proclamando la caída de la ciudad cuando sus soldados morían en una estúpida ratonera. Quiero aclarar una cosa antes de proseguir: no estoy llamando nazis a mis responsables políticos y de gestión. La comparación viene por querer dar demasiado valor a la cocina de la Consejería y sus acólitos en detrimento de la iniciativa y la información directa recabada en el frente. Demasiadas malas interpretaciones me he ganado en el pasado.

¿Quieren que les ponga un ejemplo ya más concreto? Venga, en estos años pasados, en el compromiso de gestión de mi Unidad, en los objetivos de farmacia había un cierto porcentaje de “insulinas de elección”. Así escrito. Cuando pedí explicaciones, me dijeron que se trataba de una adaptación local de un indicador general de farmacia del SAS. Que a ver a ustedes como les suena eso. Soy médico endocrinólogo y llevo más de veinte años de ejercicio en el SAS. Y no me he caracterizado por una actitud pro industria farmacéutica, precisamente. Pero voy más allá, a la cuestión de principio: ofrezcan ustedes a cualquier médico a firmar un objetivo en el que venga escrito un porcentaje determinado de “insulina de elección”, sea de la especialidad que sea. La pregunta es inmediata: “¿No me corresponde a mí elegir la insulina o insulinas de mis pacientes – que no usuarios, el lenguaje importa -?. No señor, un oscuro ser al que no conoces se ha infiltrado por los vericuetos del poder, ha logrado la influencia que no tiene tu actividad clínica, ha elegido por ti las insulinas de tus pacientes – hasta cierto porcentaje -, ha conseguido que ello venga escrito en el contrato programa y que, en consecuencia, venga reflejado en el compromiso de gestión, sí o sí. Que vale, que hay que tomar las últimas ruinas de Stalingrado, aunque no queden municiones ni alimentos, y estemos cercados por el ejército rojo. Cercados por la crisis económica. Cercados por el recortazo. Cuando ya no quedan ganas de combatir ni miedo al tiro que te puede dar tu propia oficialidad. Entonces sólo quedan ganas de izar la bandera blanca – como Paulus en febrero del 43 – y decir al ejército rojo que cojan la receta en blanco y que vayan a la Cancillería, digo a la Consejería, a que le elijan la insulina. La que corresponda. La que venga en el contrato programa. Porque, a fin de cuentas, ellos saben dónde esta el frente. Uno sólo quiere volver a casa.

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3 thoughts on “El Contrato Programa (o Rendirse en Stalingrado)

  1. Anónimo says:

    EL DIABLO ESTA EN CASA…Y SE LLAMA FRANCISCO MURILLO CABEZAS

  2. Anónimo says:

    Como decirte…En epoca de vacas gordas, hasta el duodécimo violín del conjunto de violines mejora el sonido global de violines. Pero cuando no hay para violines porque la penuria se ha desatado solo se necesita un violin para decir que el violín suena en la orquesta. Los atrileros, escenificadores, luminotecnia, etc. no pueden sustituir el sonido del violín. ¿Se me entiende, o tengo qu escenificarlo formato SAS.?

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