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Profesión: Cuando Demasiado es Peor

Hemos aprendido a pensar que nuestros esquemas de trabajo son inmutables, que lo que tenemos es lo que hay y que nada se puede modificar. O que es inútil, tarea del todo imposible. En consecuencia, vivimos sometidos a nuestro particular espacio de confort – ¿O disconfort? -: nos negamos – o renunciamos – a plantear que «otro mundo es posible».  Y me explico: no se me vayan todavía.
Parto en primer lugar del absurdo huso horario español, encasquetado con el de Europa central porque a Franco le dio por sintonizarnos con la Alemania de Hitler, y desde entonces. Intocable. Consecuencia: nos levantamos de madrugada y dormimos pocas horas, menos que nadie en Europa. Los turnos son una catástrofe. Nadie ha tenido el valor de decir a esta caterva que basta ya, que nos corresponde estar en el huso horario de Londres y Lisboa y que se acabe ya lo de una hora menos en Canarias. No hay valor – o ganas -, y no sé por qué. El español es maestro en resignación cristiana y en «esto es lo que hay». Y mientras más al sur, peor. Consecuencia: llegamos dormidos al curro, para no hacer nada productivo – en algunas ocasiones – en la primera hora u hora y media. E ir calentado lentamente motores hasta ponernos en marcha.
Segundo: asistencia. Las ocho horas. O siete y media. O seis, si quieren. A ver a quién demonios se le ha ocurrido que un cristiano – por hablar de alguna manera – puede aguantar una consulta varias horas, un paciente detrás de otro, sin que le mengüe la atención o sin hacer trizas sus nervios. Los británicos lo hacen de otro modo: turno de tres horas de asistencia, interrupción para comer algo ligero, sesión de lo que sea, y segundo turno de tres horas de asistencia, frecuentemente de contenido diferente al primero, para diversificar la asistencia y permitir el desarrollo personal – profesional y de otra índole -.
Tercero: los contenidos. No somos chicle. Ni supermanes. Ni salvapatrias. Ni la viga sobre la que reposa el sistema. Somos gente. Ni más ni menos. Tengo una compañera que se me dirigió una vez, despectivamente, diciendo que lo nuestro: «no es un trabajo de ocho a tres». O sea, que nuestro cometido es de tal importancia que exige una dedicación casi monacal, que tiene forzosamente que invadir horas libres y fines de semana. Lo que haga falta. Pues discrepo, oiga. Porque en el fondo somos gente. Y la gente pasea. Tiene necesidades: comer, beber, amar. Y todo eso.
El chantaje emocional a que se somete todo residente desde que asoma sus narices al sistema es inaceptable. Y contraproducente. Produce histéricos, gente desequilibrada afectivamente, mal adaptada para empatizar. El médico tiene que ser persona antes que médico y para ello tiene que comer, beber y amar. Y respetar sus ritmos vitales. El curro tiene que retroceder y meterse en ciertos horarios y cuotas. En el norte de Europa, en los países que queremos imitar, ésta va siendo la práctica habitual. Basta ya de agobiar a nuestra juventud – y a los que se dejen – con plazos imposibles para tenerlos un sábado encasquetando un powerpoint para la sesión del martes. O apurando un abstract porque el deadline es el lunes. No vale. Es producir una fábrica de tarados que pensará que atender bien son faenas menores, porque no puntúan en ninguna parte.

El futuro va con la conciliación. Porque apetece tener hijos. O ir a ver a tus padres. O quedar para refrescar viejas amistades, que se pierden. O ver cine, sólo o en compañía. Y sigan añadiendo ustedes lo que les dé la gana. Y ahí arriba, en los países que nos llevan cierto tiempo en todo esto, han descubierto que respetando estas esferas, el tipo o la tipa rinde putamadre en las horas que está. No se arrastra malhumorado. Ve contento a sus pacientes y le da tiempo para el abstract y el powerpoint. Que, bien dormidos, siete horas dan para mucho. Es el momento de asaltar los cielos del poder organizativo de unidades y servicios y de expulsar a los seres acomodaticios, a la gente sin imaginación, a los seres inertes, pura masa, que repiten hasta la saciedad esquemas que estaban caducos cuando yo era erreuno.
@frelimpio

9 thoughts on “Profesión: Cuando Demasiado es Peor

  1. Federico Relimpio says:

    José Ignacio, gracias. Reitero en mi opinión: a este país le hace falta una revuelta en Atención Primaria. Con todos los motivos.

  2. JOSE IGNACIO MARTINEZ MARTIN says:

    Efectivamente , antes que médicos somos personas y no máquinas laborales , programadas para asistir a 50 – 60 – 70 " pacientes " , " enfermos " , " clientes " , " usuarios " , " ciudadanos " en tiempos records diariamente … En esta profesión , más que en otras , es imprescindible un equilibrio emocional , un descanso adecuado y una conciliación familiar y social . Así es posible rendir , atender , resolver , de manera eficiente con la debida concentración y dediación , de otra manera es imposible sin alguna tara psicológica o sin sufrir un síndrome de Burnout ( del médico quemado ) en cualquier momento del ejercicio profesional . Ahora hacemos turnos de 24 horas ( al menos en Atención Primaria , enlazando consultas a demanda con su prolongación que son las llamadas urgencias o " Atención Continuada ", sin desanso ni transición , todo ello gracias a unos gestores políticos , elegidos a dedo , algunos sin formación o especialización en Gestión Sanitaria y a los que al parcer les importa un bledo , la calidad asistencial o el que el sanitario esté cansado , agotado o quemado . Aunque luego se empeñen y siempre presumam en afirmar categóricamente de que disfrutamos del mejor Sistema Sanitario del Mundo .

  3. Anónimo says:

    Y todo esto, en el caso de los medicos de familia del sergas, a cambio de 12 euros la hora y la satisfaccion de haber ayudado a un paciente que puede denunciarte cuando le apetezca si no le gusta como le has atendido…

    Cada vez nos parecemos mas a los limpiabotas

  4. Anónimo says:

    (Parte 3) Y todo esto me lleva a un problema que no ha tratado como debería, que son las irracionales guardias de 24 horas que hacemos. Y que muchos no podemos dejar de hacer porque, además de ser obligatorias, suponen la mitad de nuestros ingresos. Lo sé bien, estuve de baja por un problema médico severo casi tres meses y cada vez que veía en qué se queda mi nómina sin guardias ni complementos, me daban ganas de llorar. Por eso mismo hay compañeros que con más de 60 años y salud precaria no se pueden permitir dejarlas: tendrían que reajustar su nivel de vida a prácticamente la mitad de los ingresos, y en muchos casos, con hijos en la Universidad, o en paro que necesitan ayuda, simplemente no pueden, tienen que “morir con las botas puestas”. Y ya dejando aparte eso, son guardias de 24 horas tras las que sólo hay como descanso un día borroso, de cefalea, artralgias, mialgias y mal humor, habitualmente de sofá y apatía, y al día siguiente otra vez al trabajo. Pero yendo a lo que importa, que es la calidad de la atención que prestamos (nuestra salud y bienestar nunca importaron a nadie, ni a nosotros mismos), ¿alguien está igual de despierto a las 5 de la tarde que a las 5 de la mañana? ¿De verdad, en mi caso, intentaré convencer a alguien de que opero igual después de 20 horas sin dormir? Porque ese puede ser el caso: una guardia mierdosa, de llamadas por chorradas constantemente a Urgencias, a plantas, a todas partes, que te tienen entretenido y sin poder sentar el culo hasta que por fin, en medio de la noche, llega el accidente de tráfico o la perforación de víscera hueca que no puede esperar. Y entonces, el cirujano ya no puede ni con sus huevos… Mal asunto, ¿no? Pero, ¿cómo se arregla? Turnos cortos al estilo de las enfermeras no es factible: los cirujanos no nos damos relevos en medio de intervenciones, salvo que el que está operando caiga redondo y no pueda continuar; y tampoco operamos indicaciones de otros que no compartimos. ¿Por qué es un problema? Me explico. Hay cosas que son indicaciones indiscutibles: una perforación, una oclusión en asa cerrada… Otras son opinables: ¿es apendicitis o no?; esta colecistitis, ¿la operamos, la enfriamos, le pedimos a los radiólogos una colecistostomía percutánea porque el paciente no soportará una cirugía? Hay muchas “zonas grises”. Si a las 13 horas, por ejemplo, diagnostico una colecistitis que creo quirúrgica, ¿qué hago si mi turno acaba a las 15? Si me meto, tengo muchas probabilidades de salir más tarde de mi turno. Si lo dejo, estoy retrasando como mínimo dos horas el tratamiento, a la espera de que llegue mi compañero, o puede que mi compañero no comparta mi criterio y crea que es mejor enfriarla, por las condiciones del paciente o por lo que sea. Una evidente fuente de conflictos. Por no decir que, si lo que diagnostico es directamente un paquete quirúrgico, un enfermo que va a ser complejo, un desastre, pero que puede esperar unas horas, la tentación de la “patada a seguir” va a ser muy, muy fuerte… En cambio, con una guardia de 24 horas no me queda más remedio que tragármelo, y lo que es más, empezar cuanto antes para acabar cuanto antes. En fin, mala solución le veo…
    Y esto es todo. Vaya perorata he soltado… En resumen, que sí necesitamos más tiempo libre y vida privada, que los turnos partidos puede ser, según y cómo y para qué, que odio las guardias pero las necesito y no se me ocurre cómo cambiar el sistema, y que la hora, por favor, no me la toque. Un saludo.

  5. Anónimo says:

    (Parte 2) En cuanto al horario partido, entiendo parte del razonamiento, y hasta lo comparto: es un horror sentarse en la consulta a las 8:30 o 9:00 de la mañana, después del estadillo, y ver paciente tras paciente, 10, 15, 20 o los que sean, hasta la hora que sea, normalmente 14:00 o 14:30. Es evidente que uno no mira con los mismos ojos ni el mismo interés al de las 9 de la mañana que al penúltimo de las 2 y pico de la tarde, cuando ya tenemos hambre y estamos deseando huir del hospital. Ni quiero pensar en lo que puede sentir un radiólogo, viendo imagen tras imagen, o un patólogo sin despegar el ojo del microscopio. No me extrañaría que a última hora pudiese despistarse algún diagnóstico. Puedo ver que ese horario sería aplicable en muchas especialidades médicas o centrales, e incluso a parte de la actividad de las quirúrgicas. Sin embargo, para el núcleo de mi trabajo, que es el quirófano, no lo veo. Supongamos que dejamos el horario partido en 4+3, o 5+2 horas, en vez de las 7 actuales. ¿Cómo programamos? En las dos horas de la tarde, poco más cabe que una colecistectomía o un par de hernias. Por la mañana en 5 horas hay más margen, pero no se podrían hacer dos operaciones “largas” (por ejemplo, dos neos de colon). Otras directamente se saldrían del horario porque su duración normal ya es mayor que esas 5 horas y para algunas, incluso mayor de las 7 horas actuales. Pero claro, las que se pasan de esas 7 horas son muchas menos que las que se pasan de 5 horas. En quirófano hay mucho más personal que los cirujanos: anestesistas, enfermeras, auxiliares, celadores, personal de limpieza, administrativos… Incluso a veces necesitamos tener disponible a personal de Radiodiagnóstico o de Anatomía Patológica para técnicas intraoperatorias. ¿Cómo encajar todo eso con el horario partido? Nos es más práctico el de ahora, todo corrido. Es más flexible para encajar una operación extra-larga, dos medianas, una larga y una corta, una mediana y dos cortas, cuatro cortas… La situación es la misma que si le doy una serie de patrones de formas irregulares para cortar: es más fácil encajarlos y cortarlos de una pieza de tela grande que de dos más pequeñas, aunque sean sumadas del mismo tamaño que la grande. Esos “recortes” de las pequeñas son inutilizables, aunque sumados podrían dar para hacer otra pieza… Si estuvieran en la misma tela.
    En cuanto a la necesidad de cambiar el chip y reivindicar que los médicos somos personas y tenemos necesidades como comer, dormir, salir de paseo, hacer deporte o estar con los nuestros, poco que decir. Estoy totalmente de acuerdo. Intento que mi trabajo se quede en el hospital, pero no siempre lo consigo. Cuando un paciente me va mal, cuando he discutido con el jefe (algo frecuente cuando es un capataz puesto a dedo), cuando algo del trabajo me come la cabeza, me cambia el humor y aunque intento relajarme, no puedo. Incluso acabo llamando al hospital, al compañero de guardia, para interesarme por el paciente, si ha empeorado, si han llegado resultados de pruebas… Y no sería la primera ni la última vez que voy al hospital fuera de mi horario de trabajo a reoperar a un paciente. Ojo, no porque no confíe en mi compañero de guardia, sino porque me siento responsable de la complicación. Supongo que va en la forma de ser de los cirujanos. Tendrían que prohibirnos el acceso fuera de horas laborables. Pero en todo caso, efectivamente, cuando nos dieron el título no nos obligaron a firmar ningún compromiso de “guardia permanente”, en plan juramento de la Guardia de la Noche de “Juego de Tronos” (“Hoy empieza mi guardia, y no terminará hasta el día que muera…”). No nos unimos a ninguna secta, ni ONG. Y no nos pagan por tener disponibilidad total, a todas horas, todos los días.
    (Fin parte 2, sigue en 3)

  6. Anónimo says:

    Hola de nuevo. Otra vez Jose, desde el SERGAS, sigo sin haber tenido tiempo de explorar las opciones del blog para registrarse en vez de comentar como “anónimo”, aunque en algún rato libre sigo leyendo las entradas del blog. Pero esta vez, don Federico, intervengo para discrepar, lo siento.
    ¿Cambiarme el horario? Me da igual si el actual es decisión de Franco para coordinarse con sus coleguitas Adolfo y Benito, o del mismísimo Satanás. No me importa demasiado ir a trabajar antes del amanecer. Lo que sí me importa, y mucho, es salir de trabajar en lo más oscuro del invierno a las 3, comer, echar una pequeña cabezada viendo los animalitos de la 2 y que ya, si no me apuro, no pueda salir a pasear con luz diurna. Y eso porque vivo en el Fin de la Tierra, que anochece sobre las 6 en el peor de los casos. Alguien de las Baleares verá el atardecer casi una hora antes, a las 5. Con el horario “adecuado”, según esa teoría, a mí me caería la noche a las 5, pero a ellos a las 4. Y con la propuesta de “horario partido” que nos trae, aún peor: iría a trabajar de noche, y regresaría a casa de noche. Añadamos a la ecuación las endiabladas guardias, y es más que posible que pase más de una semana sin ver la luz del día. Un horror. Volveré más tarde a lo del horario partido y las guardias. En cambio, lo que sí que es un placer impagable es en verano poder cenar a las 9, o hasta las 10, en una terraza de un puerto de cualquiera de nuestras rías, con buena temperatura, mientras el sol se pone lentamente en la boca de la ría. No cambio eso por nada.
    Del mismo modo me parece una majadería el cambio de hora invierno/verano. ¿Para qué? ¿Por ahorro de luz? Lo pongo en duda: casi todos los trabajos de oficina tendrán consumos parecidos. Puedo entenderlo en trabajos al aire libre: obras, canteras, agricultura… Sin embargo, probablemente sería más práctico establecer horarios distintos de trabajo en cada empresa para invierno y verano que cambiarnos la hora a todos. Por ejemplo, si estamos haciendo una nueva autopista en Jaén, en verano que vengan a trabajar tempranito, desde que haya luz, con la fresca, y se vayan pronto antes de que el sol abrase, y en cambio en invierno lleguen más tarde y marchen más tarde. Muchos parques, museos o monumentos tienen horarios distintos según la temporada, la idea no es nueva. Y es mucho mejor que alterarnos los ritmos a todos.
    (fin parte 1, sigue en 2)

  7. Anónimo says:

    Lo de los horarios de trabajo es por gusto de los trabajadores. El cambio al horario europeo mayoritario, 8 a 5 con parada de comida ha sido muy difícil para muchas empresas y casi imposible para el funcionariado, en especial los maestros, con perjuicio de escolares.

  8. Anónimo says:

    Corrijo el anterior, Portugal iba medio año una hora ma que Alemania y Francia, y al cambiar la hora de verano nos igualaba con G+1, ahora en verano vamos G+2, escdecir todo el año una hora menos que Portugal e Inglaterra.

  9. Anónimo says:

    Es absurdo pero es falso que sea culpa de Franco, desaparecido hace 40 años. Yo que tengo 70 recuerdo que de pequeño, años 50 en adelante, medio año íbamos igual que Portugal una hora mas que Alemania, porque no había cambio de horario de verano y en Portugal si. ¿Por qué no se ha cambiado en 40 años? Me parece que es causa de ir con Francia, mas progre que Inglaterra.
    Mas seriedad amigo.

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