Médicos a la fuga. Los datos están claros: 1671 certificados de idoneidad expedidos por la Organización Médica Colegial para iniciar los trámites para salir de España, tan solo en los siete primeros meses de 2019. Motivo principal: trabajo, 65,7% de los casos. Tendencia, además, creciente: incremento anual del 17.6% y en alza progresiva desde 2012.

Países destino más importantes: Reino Unido, Francia e Irlanda. Especialidades más frecuentes: Atención Primaria, Anestesia y Pediatría. Por edad: más frecuente en los jóvenes, pero presente de modo significativo en mayores de cincuenta. Se quieren ir por igual hombres y mujeres.

Hasta ahí los datos. Ahora, alguna reflexión, si cabe.

En primer lugar, si debemos preocuparnos. Porque el fenómeno no es nuevo. Simplemente, se va acentuando. A la vez que se ensanchan y profundizan los vacíos asistenciales en la piel de toro, según en qué especialidades.

Somos muchos los que desde hace tiempo venimos avisando de las malas condiciones de trabajo en Medicina en nuestro país. Por insistir en ello, me gané los calificativos de exagerado, negativo, corporativo y otros que es preferible olvidar. Sin embargo, también he venido subrayando que venía observando cambios sustanciales en el ejercicio profesional, particularmente entre los más jóvenes.

En primer lugar, el médico de hoy sabe idiomas. No lo digo yo; lo dicen los ingleses. “Every doctor in Spain speaks fluent English”. Lo afirman como un añadido de las bondades de España como lugar para fijar residencia. Los padres de la mayor parte de los estudiantes de Medicina se gastaron un pastón en clases de inglés. Muchos de estos, además, se fueron de Erasmus acá o allá, donde se entendían en inglés con el que fuera. Y otros muchos manejan un segundo idioma, sea francés, italiano o alemán. Así cayó el muro principal que retenía al médico en el redil de los malos tratos, la sumisión y el silencio.

En segundo lugar, llevamos diez años de redes sociales. Para lo bueno y para lo malo. Emigraron muchos. Algunos volvieron y nos contaron cosas del ejercicio profesional en el Reino Unido, en Francia, en Holanda o en Irlanda. Puedes hablar con ellos en tiempo real. Pinchas mitos y consolidas verdades. Largarse una temporada ya no es una aventura: es una ruta pateada. Vas a lo seguro.

En tercer lugar, es un mundo abierto y flexible. Puedes emigrar, pero no es para siempre. O no tiene que ser para siempre. Puedes irte tres años al Reino Unido, dos a Dubai y acabar en Australia. O volverte a los dos años si te sacude la morriña, y largarte de nuevo si te pica el gusanillo viajero.

Cuarto, mientras trabajas ahí arriba, no te pierdes España. Si tu prioridad es, por ejemplo, estar en casa en Navidad, Semana Santa, verano en tu playa de siempre y las fiestas de tu pueblo, seguro que lo organizas con el míster. Porque en el equipo hay una polaca, un hindú y un sirio, cuyas fiestas son completamente diferentes. Vas a venir con frecuencia, con vuelos asequibles, en las fechas que te sean más interesantes.

Quinto, lo inmediato de internet. Las ofertas ahí, a un click. El British Medical Journal renueva semanalmente los puestos vacantes. Puedes escribirle directamente al míster, que te cuente más del puesto y fijar – o no – la entrevista personal. O hacerlo por skype. Le mandas el CV y le preguntas qué espera de ti. Un matching de lo más flexible.

Sexto, que no te gusta el míster, cambias. Así de simple. Es más fácil cambiar de ciudad o de país que en esta tierra de Dios, donde pareces condenado a aguantar un jefe que te putea hasta la jubilación. Eso solo pasa aquí, según parece.

Séptimo, lo de cobrar del doble al triple no es un bulo. Es verdad. Pero hay que saber más. Es dinero bruto. Y luego hay que pagar impuestos. En países de alta fiscalidad, como Reino Unido o Francia. Y con la vida más cara en algunas cosas, como vivienda, energía o transportes. Ajustado todo, cobras bastante más que aquí. Se nota menos si vives en grandes ciudades como Londres, por ejemplo, que son una verdadera ruina. Pero las ciudades de provincias son bastante más asequibles.

Octavo y fundamental: hay otro sentido de la profesión, por ahí arriba. Se acabó la gente invadiéndote las consultas. Las amenazas. Los gritos. Las intimidaciones. En general, reina un silencio sepulcral en los ambientes de trabajo. Para el que se esfuerza y respeta a las personas, hay un mundo de agradecimientos y gratificaciones. La agresión – que existe – no es nuestro pan español de cada día. Hay posibilidad de proyectos académicos. De progresión profesional. El mundo político apenas osa traspasar la puerta del centro. Y si lo hace, la presión es infinitamente menor. No existen jornadas maratonianas de cincuenta o sesenta pacientes. Ni imposiciones de demora cero. Ni los cinismos políticos a los que estamos acostumbrados. Un mundo de respeto al profesional que, sin lugar a dudas, constituye el acicate fundamental para emigrar porque…

…cuando egresa un joven residente y constata lo que hay en España y especialmente en Andalucía, con la expectativa seria de ir a peor, afrontar la perspectiva de cuarenta años poniendo las dos mejillas va mucho más allá de las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo. Es asumir que uno es tonto de remate o el peor de los masoquistas.

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

Mi primera novela K.O.L. Líder de Opinión. La profesión que he vivido y amado. «Me ha gustado mucho y creo que eres muy valiente por retratar la realidad SIN TAPUJOS». Clara Mercedes. Clic aquí

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