Por todo el panorama nacional se están jubilando miles de médicos. Otros miles más se jubilan antes de tiempo o se incapacitan por esta enfermedad o la otra. A esto no es ajeno un contexto laboral y profesional que dejo para otro artículo. Mal acostumbrados a la superabundancia de personal, los responsables de recursos humanos del Sistema Nacional de Salud no hicieron ningún tipo de previsión.

Si algún descargo tiene la irresponsabilidad de nuestros gestores, es que el problema afecta a gran parte de Europa. Inglaterra, Francia y otros países tienen grandes dificultades para cubrir las áreas rurales. Su solución es la misma que se les acaba de ocurrir a nuestros gestores: incorporar profesionales del extranjero.

Los europeos que importan a nuestros profesionales lo tienen claro. Establecen un marco común pre y postgrado (universitario y MIR). Ello quiere decir unos currículos similares con contenidos equivalentes. A partir de ahí, solo es cuestión de que el profesional en cuestión hable la lengua del lugar.    

Nosotros tenemos problemas añadidos. Es doloroso poner de manifiesto una vez más que nuestro Sistema Nacional de Salud se edificó sobre la base de una asistencia low-cost (perdonen el anglicismo), de calidad muchas veces cuestionable. El bajo coste se sustentó sobre una inmensa masa de médicos parados o en precario dispuestos a aceptar literalmente lo que fuera. La calidad cuestionable se basa en esto último: masificación, falta de continuidad o actos médicos de cuatro a seis minutos. Siendo verdades sangrantes en España, lo son aun más en Andalucía, con el agravante de haber sido negadas cínicamente durante décadas.

Ello y otros elementos constituyen los mimbres de la fuga de batas. Pero da la impresión de que el low-cost y el acto mínimoson las piedras angulares de nuestro Sistema Nacional de Salud. Que forzosamente tiene que seguir así, porque si no, no es sostenible. Y nadie considera convertir el secarral en regadío, sino perpetuar el secarral  con médicos inmigrantes. El que acepte venir a ejercer en estas condiciones, que eso es otra.

Hay Pirineos (siempre los hubo). Y falta de médicos, al norte y al sur de Roncesvalles. Los europeos tienen déficit de profesionales a los que se ofrecen condiciones de trabajo y retribuciones muy a distancia de las españolas. Pero, comprensiblemente, exigen la cobertura de los puestos con facultativos dignos de su confianza.

Nosotros somos unos recién llegados a esto del déficit de médicos. Y, por tanto, es preciso explicar a la ciudadanía que esto de homologar a un facultativo no europeo no es algo simple. Hay que evaluar las competencias cuidadosamente antes de darle el vale. Quién acredita qué es usted, dónde lo aprendió, cuáles son sus capacidades, antes de que un ciudadano de nuestro país contacte con usted y se someta a sus cuidados. Que igual el hombre o la mujer son los mejores del mundo, pero hay que verlo con detalle. No se trata de xenofobia profesional. Son precauciones elementales. Seguridad para todos.

Leo en la prensa local un artículodefendiendo la incorporación de médicos extranjeros, y llego rápidamente al quid de la cuestión:

“…la posibilidad de contratar a facultativos no europeos puede ser un camino adecuado siempre que se acredite su correcta formación y experiencia profesional.”

La pregunta que este artículo no aborda es quién acredita la correcta formación y experiencia profesional en un terreno clave como es la medicina clínica.

Y ahí, se me antoja la posibilidad del absurdo. Que a un médico de donde sea lo homologue Andalucía, pero no Extremadura. O las dos anteriores, pero no Madrid. Llego a la conclusión de que la homologación de un médico no europeo no puede ser competencia de una comisión locorregional. Porque es muy posible que esta esté sujeta a las presiones de un consejero autonómico. Y este, demasiado agobiado porque este área o la otra estén desatendidas. Por ello, la homologación debe ser centralizada, transparente y sin prisas, siguiendo un protocolo preestablecido.

 La solución real al problema de una España vacía de médicos es aplicar un fonendo cuidadoso a políticas erróneas de recursos humanos. Un trato tosco y displicente, continuado en el tiempo, que hizo de la piel de toro territorio comanche para el ejercicio profesional. Y de Andalucía, particularmente, la isla de las cabezas cortadas. En este sentido, el compañero que venga de Bolivia, encontrándose que esto no es ningún Potosí y viéndose sin arraigos familiares, tiene todas las razones para saltar los Pirineos. Allá al norte llueve, pero compensa.

Firmado: Federico Relimpio Astolfi, miembro del Observatorio del RICOMS para la Sanidad Pública.

(Publicado como Tribuna Abierta en la versión papel del ABC de Sevilla, el 5 de julio del 2019)

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, Observatorio de la Sanidad del RICOMS

Twitter: @frelimpio

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