
María Jesús Montero ha venido y todo el mundo sabe como ha sido. Se trata de una mujer con pasado — político y directivo —. No es, por tanto, una figura nueva en estos ruedos. Cuando lo supe, quise evitar todo comentario al respecto. Pero la interesada me lo acaba de poner a tiro.
La antes mencionada reivindica su gestión sanitaria (2004-2012), cuando la Sanidad Pública andaluza era, según ella, «el orgullo de Andalucía, que exportábamos este modelo al resto, que éramos reconocidos por investigación con células madre, por tener garantías en los tiempos de espera y por ser capaz de traer tecnología que permitiera el abordaje de enfermedades».
Cualquier tiempo pasado fue mejor, según algunos. Nostálgicos, los hay del franquismo a la Unión Soviética. La parte contratante (Juanma Moreno) dice, al respecto, que no le prestemos atención, que la susodicha ya está en campaña. Puede ser. Pero también podría ser que María Jesús se haya perdido la mejor de las calladas. Y ello se explica no por estar en campaña — que también —, sino por aquejar la grave enfermedad que llevó al otrora imbatible PSOE de Andalucía a perder el poder: a saber, saturación de despacho e ignorancia supina del sentir de la calle. Y me explico:
María Jesús gestionó la Sanidad de una población cuya pirámide demográfica era diferente a lo que podemos ver hoy. En quince o veinte años, los andaluces hemos envejecido y nos hemos cargado de enfermedades crónicas tributarias de procedimientos caros-carísimos. No compare peras con manzanas, María Jesús. Si, por azares del destino, volviera usted a su antiguo cargo en la Sanidad Andaluza — no es mi deseo —, no tendría más remedio que enmendar sus palabras a toda prisa.
Tampoco la profesión sanitaria tenía la misma pirámide demográfica. Entonces, muchos éramos unos chiquillos inocentes e ilusionados. Usted heredó una plétora profesional, nos escamoteó las oposiciones y extendió hasta el extremo la precariedad laboral. Me cuentan al respecto que usted creía con firmeza en que solo currábamos bien temiendo al látigo de la inestabilidad laboral. Y hay que aclarar que, para usted, currar bien significa obedecer a pies juntillas al comisariado político — caterva de cargos intermedios — que usted reclutó para la dispensación de la intimidación y la amenaza. A quien crea que exagero, le cabe preguntar por ahí.
Pero hay más: María Jesús mantuvo interesadamente una proporción inaudita de interinos y eventuales (lo que, de por sí, constituye un fraude intencionado de Ley), para hacer oídos sordos a una serie de voces que tempranamente advirtieron que en quince años las profesiones sanitarias estarían abocadas a una ola masiva de jubilaciones. A María Jesús y tantos otros gestores del «ordeno y mando» de aquella época se debe la fenomenal previsión de RRHH que ahora disfrutamos en el Servicio Andaluz de Salud.
Es preciso añadir que la garantía de demora cero en Atención Primaria era fácil estirando las agendas hasta lo que fuera necesario: sesenta, setenta, ochenta o noventa en un día. Lo que fuera necesario. Mientras que, a la vez, acometía una informatización que restringía los escasos minutos disponibles de consulta para dedicárselos a un papeleo de complejidad siempre creciente. Pero a María Jesús y sus colaboradores les daba igual. Que los médicos se aguantasen y se adaptasen. Si la gente chillaba, la culpa era de los profesionales. Y si estos se quejaban, se les daba la cínica por respuesta: «como tú, tengo a diez en la puerta».
Pero lo más definitorio del «ordeno y mando» y «porque yo lo valgo» fue el «plan quinquenal» de las fusiones hospitalarias, ¿se acuerdan? Ejemplo palmario del autoritarismo a ultranza y la ignorancia (¿o desprecio?) del sentir popular. Así, María Jesús inició una ola capaz de promover lo imposible: manifestaciones de una entidad y calado — epicentro Granada — que se comparan con las de la Transición. Un movimiento ciudadano que terminó en un descabello otrora impensable al masivo apoyo popular al PSOE de Andalucía y en un preámbulo del desierto actual del partido en esta tierra.
Por todo ello, mi sorpresa mayúscula ante la candidatura de María Jesús Montero. ¿Aún no han digerido en el PSOE las razones (sanitarias) de la pérdida del feudo? ¿No son capaces de relacionar a la figura con su gestión, y a esta con el extrañamiento del partido del sentir popular? ¿Piensan acaso que tenemos una enfermedad de Alzheimer política y sanitaria que nos va a impedir recordar lo visto, oído y vivido hace tan pocos años?
Firmado: Federico Relimpio Astolfi, médico y escritor

Creo que benevolentemente ha omitido que como el perro del hortelano, no sólo no hizo nada por la sanidad andaluza, sino que no dejó hacer cuando cambió a la cartera de Economía de la Junta. Ahí se dedicó a escamotear en el presupuesto de salud y a no dejar que sus sucesores mejorasen el desastre que dejó.
Es posible que con ella la sanidad andaluza no tocase suelo. Ella sólo le dio el empujón que la llevó al fondo del pozo (si es que hemos tocado fondo).
“Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos”