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La Balsa de la Medusa

¿Conocen este cuadro? La primera vez que lo vi, en el museo del Louvre, en París, llamó poderosamente mi atención. La Balsa de la Medusa es un cuadro expresivo, dramático, con el que su autor, Géricault, quiso retratar una historia bien trágica. Dejo aquí el enlace, para el que le interese. Porque, de cualquier modo, hoy no voy a comentar tragedias tan terribles y desgarradas.
Hoy voy a otra cosa. Cenaba yo el otro día con unos amigos que comentaban su desilusión porque el hijo no había alcanzado la altísima nota de corte exigida en la actualidad para comenzar los estudios de Medicina. Reflexionábamos luego acerca de las paradojas de este país: tanta ilusión y tanto esfuerzo desarrollados en el bachillerato y en la selectividad para iniciar los estudios de una profesión que, en este país, no se recompensa nunca a la altura de la inversión personal necesaria. Y sin embargo, mírala ahí, top of the rank, generación tras generación, pese a la conocida aridez de las décadas que les esperan. Será que mucho más áridas son las décadas en cualquier otro ejercicio profesional, digo yo.
Pero tampoco toca hoy profundizar en esto ni en el estado de la docencia universitaria, que merecería su post. Toca más bien hablar de una de las etapas más decisivas que atraviesan estos chicos, la residencia, a la cual llegan tras el maratón anterior, aprobar todas las asignaturas de la carrera y obtener un número de prioridad en el famoso examen M.I.R. Y vayan ustedes sumando años. Si redundo en la idea del desierto que espera a estos chavales – lo mejor de su generación, en términos académicos – y de la sangría que supone para el país la emigración o la realización de una segunda o tercera especialidad como método de subsistencia, ustedes me llamarán cansino. Y no es porque me falte razón, sino porque es una verdad tan remachada como el tristísimo destino de tantos y tantos otros y otras de tantos y tantos otros campos: biología, arquitectura, ingenierías y un larguísimo etcétera. Un drama nacional, a relativizar sólo ante la terrible tragedia de la pobreza, el desempleo, los desahucios y los suicidios. Por ello, no toca hoy llorar por mis chicos. Tocaría en todo caso llorar por un país entero, entregado a la incuria de unos responsables políticos que parecen carentes de todo tipo de responsabilidad.
Pero, puesto a hablar de mis residentes y, expuesta ya la negrura de su porvenir en el contexto correspondiente, sí toca comentar un elemento que no por viejo, dejar de ser sangrante. En mis tiempos jóvenes – cuando no había blog, ni twitter – me preguntaba yo por qué era preciso para colocarse pasar por la pantomima de la tesis doctoral y de los cursos monográficos del doctorado. ¿Qué bolsillo veníamos a llenar rascando las últimas pesetas – entonces vigentes – de nuestros tiesos bolsillos? En el fondo, la inexorable convocatoria de unas oposiciones donde la tesis doctoral contaba – y cuánto -, y para la que los dichosos cursillos eran imprescindibles. ¿En cuántos países de nuestro entorno hay articulada una mafia de tal calibre y pareja masa ovejuna sumisa? Ignoro.
El tiempo ha pasado. Dos décadas, más o menos. Pero, a la vez, el tiempo se ha parado. Parece una paradoja, ¿Verdad? Se advierte la intención de los gobernantes de ir retrasando las oposiciones, desvirtuarlas – lo del concurso oposición -, hasta su eliminación final. Sería el tema de otro post, pero me desvío. Pero la masa de residentes, agolpados en la balsa de sus centros de formación, flotando a la deriva sobre un mar de incertidumbre, se preguntan qué pueden hacer para ser él o ella la que sobreviva. Qué palmas con las orejas tengo que hacer delante de los poderosos con tal de ser uno el elegido o la elegida y adaptarme a ese elástico perfil con el que me darán prácticamente a dedo la interinidad con la que empezaré automáticamente a ganar puntos para aposentar mis reales para siempre.

Algo de ése espíritu mórbido recogí en la página 219 de mi primera novela K.O.L. Líder de Opinión:

«—¿Y le pediste explicaciones?
—Sí… —responde Juanlu como resignado—. Y me recibió con toda la educación del mundo, que todo hay que decirlo… Me dijo que era un excelente residente, que tenía un excelente porvenir, que sí, que pasaría un tiempo malo laboralmente, pero que más pronto que tarde todo el mundo encaja… Que el currículum que había desarrollado en la residencia era valioso… Que estaba orgullosa de mí…
—¿Pero?…
—Pero Maite se adaptaba mejor al perfil… —termina Juanlu el relato de la entrevista con un largo suspiro.
—¿Y eso en qué consiste, si se puede saber?
—Jaime… Es muy difícil de explicar…» 

No te avergüences, resi. Así pensé yo en mi época. Así pensamos todos en nuestro momento. Es puro instinto, supervivencia. Lo malo es disfrazarlo de ciencia e hipocresía. De méritos que no van a parte alguna y de tesis doctorales que nunca logran publicarse en revistas de prestigio. Y el colofón de todo ello es generar un ambiente de presión, de chantaje emocional o de obligatoriedad asumida para que “voluntariamente” te apuntes a un máster que te vale de dos a cinco mil euros de vellón… ¿Qué bolsillo vienen a llenar rascando los últimos céntimos de esos sus tiesos bolsillos?

Les pregunto: “¿Por qué lo haces?” Responden: “Todos lo hacen”, “Me lo sugirió mi tutor”… Pregunto a los sinceros: “¿De qué te ha servido?” Responden – los más -: “Para agobiarme. Para no hacer nada bien. Para no tener tiempo para dedicarme a estudiar los contenidos clínicos de la especialidad. Para no poder preparar una sesión clínica en condiciones. Para hacer un churro de póster a vuelapluma cuando tocaba. Y encima de todo, pagando”.

¿Qué exagero? Pregunten. Pero pregunten en condiciones de anonimato, como yo he hecho, más o menos. Ellos no pueden hablar; están como los náufragos, agolpados sobre la balsa, oteando el horizonte, intentando sobrevivir. Yo les presto mi oído y mi orilla. La que tengo, por lo pronto. Antes de que me alcance el coscorrón, por charlar o escribir más de lo debido.


@frelimpio

3 thoughts on “La Balsa de la Medusa

  1. Federico Relimpio says:

    Enhorabuena. La búsqueda de las ilusiones se hizo para los valientes (enlace: http://tontosantajusta.blogspot.com.es/2011/11/en-busca-de-las-ilusiones.html )
    Coleccionar puntitos enriqueciendo el bolsillo de cuatro para entrar en el contrato basura es algo con lo que hay que romper. El mundo es grande y "El tiempo pasará…" (Canción de Casablanca), borrando del mapa la Medicina basada en la Politización y en la Propaganda. Entonces, muchos volveréis y traeréis un bagaje precioso: "Oiga, esto… ¿Por qué?" Mira, no sé como te llamas pero comprendo que quieras mantener tu anonimato. Sí me gustaría estar en contacto contigo preservando tu privacidad para saber cómo son los mundos sanitarios por ahí afuera. Puedes a través de twitter @frelimpio y, si no tienes twitter, entra en mi Facebook https://www.facebook.com/federico.relimpio y me envías un mensaje. Gracias por la participación y un saludo.

  2. Anónimo says:

    Que gran post, y desgraciadamente que razón tienes. Yo personalmente antes que gastarme una cantidad como la que mencionas en un master que nada me iba a aportar a excepcion de unos puntillos que poco podrían hacer en las circunstancias actuales opté por el camino más complicado, hacer las maletas y venirme a trabajar para el NHS (sanidad pública británica), dificultades y problemas muchos, pero sin duda el aprendizaje y el enriquecimiento personal es mucho mayor que hacer un master por conseguir unos puntitos, eso sin lugar a dudas. Saludos Federico y sigue apretando duro con el blog, que no hay coscorrones que puedan superar mi más sentida admiración hacia posts como este.

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