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Historia de unos Juanetes (o ¡Váyanse a tomar todos por…!)

Querida prima Mamem;

¿Te acuerdas cuando te escribía que no soportaba al petardo de mi Curro (http://tontosantajusta.blogspot.com/2010/06/el-doctor-relimpio-y-la-investigacion.html)? Pobre mío, qué lo echo de menos. Ya van tres años que lo metimos en la máquina ésa de incinerar que tienen en el cementerio de San Fernando… A lo que voy, a quien no soporto es a mi puta madre, tu tita Carmela, tocaya tuya y mía… Seré breve que sé que a estas alturas estás de nuevo con las oposiciones de secretaria de juzgao, que toca los ovarios clavar los codos a los cuarenta y siete, coño, pero así es la España donde nos parieron y parimos a nuestros hijos… A lo que voy, cariño… Mamá tiene juanetes. Que no sé por qué les dice el cabecera juanetes porque, con lo que abultan, habría que llamarles juanones o juanazos… Mamá tiene juanetes, digo, y está un ay… Que ni efferalganes ni nolotiles… Que ni sale a la puerta de la esquina… Que sólo quiere sofá, polvorones, mando a distancia y “Amar en Tiempos Revueltos”, que es como “Engordar en Tiempos Revueltos” y que, cuando vaya a querer por fin dar un paso, le van a doler a rabiar… Los malditos juanetes, digo.

Sabrás que mamá paga desde hace tiempo una compañía de seguros médicos cuyo nombre no recuerdo, ni viene al caso. No la usa mucho, pero coño, ya que la pagas, pa eso está, dije yo. Guía de especialistas de la compañía y teléfono en mano. Siempre lo mismo, una amable señorita: “diga el nombre de la compañía de la asegurada”. Lo digo y la respuesta en instantánea: “¿revisión o primera vez?”. Digo que primera vez y me dan un abanico variopinto de respuestas. Una dijo que el tal doctor ya no trabajaba para esa compañía. Otra dijo que dicho doctor falleció hace tres años. La tercera que el doctor se retiró hace dos. La cuarta dijo que sí, que trabajaba, pero que las primeras veces iban para dentro de cuatro meses, Al fin, la sexta, después de mucho contarle los ayes de mi mamá, accedió a darme una cita para mes y diez días. En fin, o llega, o estalla a efferalganes antes.

Mes y diez días de espera, tres cuartos de hora en la puerta y tres minutos de visita. Como te digo. Y porque era invierno y tuve que descalzarla y medio desvestirla, a la pobre mía. Un ojo rápido a los pinreles y otro a mamá.

-¿Cómo lo lleva usted, señora?
-¡Ahí vamos, hijo mío!
-¿Le duele mucho?
-Unos días más y otros menos…
-Esto es operación… Del tirón… Estefanía… ¡Prepárelo todo!

Así que salimos las dos abocadas a lo inexorable. Los juanetes de mamá eran cirugía y no había más tutía. Nos ponemos en una cola en la secretaría de la consulta donde gentes como nosotras daban datos y nos encaminamos a la calle. Al ascensor. Allí, una caza una conversación – menos mal que mamá está lo que se dice “teniente” e iba con el sonotones desconectado -:

-Éste es un “cuchillo rápido”
-¿Qué?
-Lo que te digo, que es ligerillo, que la compañía por la consulta no da nada o casi nada, que si da algo es por la cirugía… Que le falta poco para meterte en quirófano…

Ni que decirte que el corazón se me salía por la boca cuando llegamos a la planta baja. Así que, dos o tres días más tarde pegué un telefonazo para decir – con toda gentileza – que nos lo queríamos pensar mejor. Así que nos plantamos ambas – mamá pegando cojetás – en la seguridad social de toda la vida. Te lo abrevio: ya andaba yo peleada con el cabecera, y ésta vez a poco que llegamos a las manos. Que no llegamos porque es delito y hay una que conozco que por menos está citada en el juzgado. Que si le dan incentivos por los efferalganes y por tener al trauma tocándose los cojones, le dije… Total que fui otro día por un papel que me faltaba y me encuentro con la pasante. Una chavala, una infeliz. Que el cabecera tenía gripe. A ver si se harta se efferalganes, que es lo que pone para todo. Total, que le como la cabeza a la niña y me hace el volante pal de los huesos. Y ahí que vamos. Tres meses de espera, tres cuartos de hora en la puerta y tres minutos de visita. Como te digo. Y porque era invierno y tuve que descalzarla y medio desvestirla, a la pobre mía. Un ojo rápido a los pinreles y otro a mamá.

-¿Cómo lo lleva usted, señora?
-¡Ahí vamos, hijo mío!
-¿Le duele mucho?
-Unos días más y otros menos…
-Pues entonces le pone algo pal dolor el cabecera y nos la manda si está peor… ¿Vale?

Ganas me dieron de matarla primero a ella y luego a él. Iba a abrir la estupefacta boca cuando me vi no sé cómo hábilmente situada en la puerta, cruzándome con la siguiente pareja del sufrimiento. Dos pasos más y ahí estamos en el ascensor buscando la puerta, la calle y la suficiente intimidad para comérmela con papas. No sin antes cazar en el ascensor un susurro de otra pareja de otra planta, esta vez en relación a unas cataratas que de nuevo se rechazaban para cirugía: “tienen la orden de retrasar la cirugía lo más posible… Así se acortan las listas de espera… Las elecciones de dentro de poco…” No te cabrees conmigo, Mamem, que sé que eres socialista de carné y te crees lo del sistema público de salud como mamá el padrenuestro, espera y verás.

Que terció el Lolo, mi mayor, que dice que los médicos son un gremio corporativista y desfasado, un grupo parásito que perpetúa los dolores de la población para su beneficio… Tú sabes cómo es y cómo piensa, que los sociatas sois todos unos comeculos del Rey y del capital y que hay que quemarlo todo para implantar la anarquía revolucionaria… En fin… Que a la criatura le da por meter “juanete” en el Google de los cojones y se encuentra por ahí perdio que:

“en el diagnóstico diferencial del incremento del tamaño de la cabeza del primer metatarsiano caben el juanete – causa más habitual -, así como otras causas más raras, como tumores óseos benignos o malignos…”

Y hete aquí mi Lolo, su novia – la perdularia esa del piercing que tan bien te cae – y dos amigos más convencidos de que los burgueses médicos instalados en el asqueroso sistema han ignorado a sabiendas el diagnóstico de malignidad de la abuela y, en consecuencia, dispuestos a quemar al día siguiente el consultorio de primaria, el de trauma de la seguridad social y el de la compañía. Menos mal que pude cambiar sus justísimos deseos de cambiar radicalmente la medicina y llevar a la abuela a otro médico de la compañía que, atónito ante el grado de reivindicación del grupo, optó por mandarle a mamá una resonancia magnética. Aún recuerdo el aire de triunfo de mi Lolo blandiendo el informe: “¿Ves? ¡No saben nada! ¡La abuela no tiene juanetes! ¡Tiene hallux valgus bilateral con degeneración osteoarticular generalizada! ¡Les vamos a demandar!”

Te abrevio el resto, Mamen. La llamaron del seguro a revisión y convencí al Lolo de que se quedará en casa compartiendo un petardo con su novia y sus amigos, y a mamá de que le dijera al trauma que no podía dar un paso y de que se estaba poniendo gordísima, y que como siga así, que ni se me ocurra decirme que la lleve al dr. Relimpio para el azúcar y los triglicéridos. Ahora parece que ya por fin la van a operar, no sé cuándo, que tú sabes que hay muchos viejos y muy poco dinero. En fin escríbeme, dime que las cosas por ahí son diferentes, aunque sea para animar al Lolo y a su pandilla que cojan maleta y pasaporte – que de CV están un poco fritos – a hacerl la revolución en otra parte.

Tu prima,

Carmen.

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

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