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Funcionarios: la Imprescindible Carne de Cañón

España va a ser rescatada. Qué novedad, ¿Verdad? Ya estábamos intervenidos sotto voce. Ahora la cuestión es abierta, oficial. ¿Consecuencias? Más vueltas de tuerca en lo que ya teníamos. Mayores subidas de los impuestos. Menos gasto en cosas prescindibles (léase, educación, sanidad y otras). Curiosamente, ahí siguen incólumes el Senado, las televisiones autonómicas y otros agujeros negros de que nunca nadie toca cuando a todos los demás nos tienen sobaos. Y, lo de siempre, a bajar el sueldo a los funcionarios. Con el aplauso de amplios sectores de la sociedad. Es que la asociación inmediata al individuo o individua con trabajo de por vida, rendimiento cuestionable y tendencia al absentismo resulta bastante chocante. Asociación que interesa fortalecer en estos momentos, para tener bien calladitos a los colectivos a recortar y tener ganada la batalla mediática. Sólo que quisiera dar algunos botones de muestra:

1. Imaginen el estado de ánimo de una juez que investiga con celeridad y precisión cuestiones en las que le va la hacienda o el honor a un ciudadano o a la Hacienda Pública cuando le venga el segundo o tercer recorte. La tendencia a tirarse a la bartola y dilatar los procesos debe ser temible.
2. ¿Por qué no pensar en los sentimientos de una profesora titular de la facultad de químicas en igual tesitura? Ahora tiene que llevarse a casa doscientos exámenes para corregir en poco tiempo. Que me viene a la cabeza que igual le da por corregir al tuntún pirulero y dar el aprobado general, degradando el título y los estudios de su hijo – que se ha matado estudiando – y los del hijo del vecino – que se ha presentado a ver si colaba -.
3. Vamos a plantearnos qué piensa un inspector de Hacienda que lleva un tiempo tras la traza de una red de fraude a punto de caer, lo que va a redundar en favor de las cuentas públicas – algo importantísimo en los tiempos que corren -. Tras recortes sucesivos, desmoralizado, puede tener la tendencia de decir “que lo mate el litri” y hacer la vista gorda… ¿No? Al fin y al cabo, es lo más cómodo.
4. Considere ahora que la maestra de su hijo detecta que sus dificultades escolares obedecen a un trastorno por déficit de atención con hiperactividad – trastorno que a menudo sólo se diagnostica por alteraciones en el rendimiento escolar -. Conociendo las dificultades que usted ha presentado en anteriores tutorías y desalentada por el trato que sucesivos gobiernos han dado a la función pública puede optar por decir simplemente “va mejorando”, darle el pase y ya encallará el año que viene, cuando el problema sea de otro… ¿No?
5. Incendio terrible, con gente dentro. El bombero tiene que arriesgar el pellejo. Por un momento contempla los ideales que le hicieron meterse ahí y la perentoria necesidad de actuación. Por el otro, se le viene a la cabeza la imagen de su hijo de dos años. ¿Los sucesivos recortes y el trato denigrante de algunos medios inclinarán la balanza?
6. Inspector de policía destapando un club de alterne. Las chicas están aterrorizadas. Están prostituidas a la fuerza y no se atreven a denunciar. Se juega mucho tirando de la manta. Jefazos suyos están metidos en la trama. Puede entrar a saco y quemarse. O largarse y yo no vi nada. O peor, aceptar y entrar en el juego. ¿Qué papel podrá jugar en todo ello el trato que los gobiernos den a la función pública?
7. Contemplamos ahora al médico del Sistema Público de Salud. Caso aparte, porque lo que maneja es más que delicado. Pero imaginen lo que pasa si su celo se estraga. Y se estraga, que no somos monjes. No abundo más aquí, que es mi campo. Al que quiera, mi novela. Y quien dice médic@, dice enfermer@, o cualquier otro integrante del mundo sanitario.
8. … Mil otras posibilidades. No sería justo. No acabaría nunca de representarlos a todos.

Sólo que tiene que saber que el Estado del que nos beneficiamos, del que nos desesperamos y con el que nos cabreamos – con razón o sin ella – se hace todos los días por el esfuerzo de un conjunto variadísimo de profesionales que NADA tienen que ver con un oscuro chupatintas que llega tarde y atiende mal, cuando no está tomando café. Y que si en algo somos un país civilizado – o en vías de serlo – es por poseer un cuerpo – mejorable, como todo – de profesionales que sacrificaron su juventud pasando por una larguísima serie de cribas para poder justificar estar donde están, pero sobre todo hacer lo que hacen. Sus sueldos se quedaron cortitos e irrisorios en la década de las vacas gordas: cualquier chaval de veintidós subido en el andamio se les reía en la cara. Pero ahora, los gobiernos central y autonómicos recortan sus sufridas nóminas para paliar una crisis que ni crearon ni inventaron usando voceros en los medios para procurarse el aplauso facilón de parte de la población, con repercusiones impensables en el funcionamiento íntimo y, a la larga, en la misma estructura del Estado.

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