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El Móvil de Paco

Paco. Me llamo Paco. Y tengo una empresa. Tamaño medio: varias decenas de criaturas. No diré localidad, pero sí diré que en Andalucía, en un polígono industrial, fabricando algo; no viene al caso. Ahí sobrevivimos, desde hace unas décadas.

Otros como yo quebraron, hace ya tiempo. No hacía falta ni estar en crisis, mirusté. De hecho, la competencia más dura cerró en época de vacas gordas. Y tenían mejores productos que nosotros. Ajustaítos de precios y todo. ¿El porqué del fracaso? No tener mi móvil a mano, mirusté… Pero mejor se lo explico.

Esté móvil que llevo siempre en el bolsillo… ¿Lo ve usté? Ni siquiera es un IPhone7 ni nada. Es un patatero de esos, pero vale mucho más de su peso en oro. ¿Qué por qué? Porque tiene lo que nadie tiene. El número. El de la secre. La secre de la conse. La consejera, usté sabe… Sí, no pida usté el móvil de la consejera, que ese lo tiene su mamaíta para darle dolores de cabeza. El importante es el de la secretaria, que domina la agenda. Y eso, mirusté, aquí entre nosotros, eso lo tenemos cuatro o cinco. Por eso nos va bien.

¿Se acuerda de Márquez? Normal, que no se acuerde. Ya nadie se acuerda, en este polígono. Quebró, aunque tenía lo que yo, mejor y más barato. Pero nadie se acuerda de él, ya le digo. Quebró, ¿Y sabe usté por qué? Por no tener este móvil. Lo que le digo. Consiguió un contrato de la Junta, uno bueno. Al tío se le hacían los ojos chiribitas. Se entrampó para comprar maquinaria. Y contrató a siete más. El mejor del polígono. Solo quería a tíos experimentaos, a los mejores. Ná de enchufes, mirusté. Y ahí lo tienes, enchufáo a la máquina de diálisis, a la espera de un riñón.

Que la Junta no le pagaba, mirusté… Que ahí iba, el carnes mías, con sus facturas, una vez y otra. Cuando haya disponibilidad, que le decían. Y que se fue con los abogaos contra la Junta. Y los del banco, contra él, pa cobrarse las máquinas. Antes cobró el banco que él, mirusté, y ahí tiene usté la nave, cerrá a cal y canto: “se vende”. Propiedad del banco. Eso le pasa a Márquez por no tener el móvil. Mi móvil. Este que ve usté aquí, sobre la mesa.

Pero a mí sí que me pagan, mirusté… Puntual, al minuto. Primero, que me entero de tó. De tó, lo que yo le diga. ¿Usté ve el móvil? Pos ahí esta tó. Ida y vuelta. La secre, ya le digo. Antes de que salga el concurso, ya estoy informao. Y tengo aquí un chaval experto en rellenar los papeles. Los que hacen falta. ¿Usté ve allí, a Honorio, enfrente? Ese nunca se entera de ná. Ni de las ayudas, ni de los concursos de la Junta. A ver: los publican y no los publican. Como el que los publica en el retrete del bar de la esquina, que es público, pero que van cuatro. Pero yo me entero, vaya si me entero. ¿El secreto? El móvil, ¿No se lo estoy diciendo? Enterarse a tiempo y presentar los papeles adecuados con todos los requisitos. Cuatro y yo, ya le digo. Y los otros cuatro, defectos de forma. Esto o lo otro. Póngase a hurgar en el expediente, ya le digo.

Mirusté, esto es muy fácil: hoy por ti, mañana por mí. Yo tengo el móvil, ya lo acaba de ver. Pero en este perro mundo, nadie da duros a real. El móvil cuesta un dinerito, ¿Sabe usté? Unas perritas que transfiero todos los años a una cuenta que me dice la secre. Lo que hagan luego, ni idea. Pero mejón no preguntá, ¿Sabe usté? Y otras cosas que pago. Aquel… ¿Ve usté aquel que está en la puerta? Pues lo tengo en nómina sin hacé ná. Ná de ná, lo que yo le diga. Un paripé, lleva papeles de aquí pallá, y cosas que no hacen falta. Pero tengo que justificarlo en nómina. Es el sobrino del alcalde, ¿Sabe usté? Cinco bocas en su casa, a ver qué hacemos, tendrá que comer de algo, la criatura. Pues así tengo a seis, de aquí y de allá, todos con su carta de presentación: primos, cuñados, sobrinas y un largo etcétera. Solo hay un punto en común: que todos, toditos tienen móviles. Y todos los móviles llegan a Roma, de un modo u otro. A la secre. ¿Qué sería de nuestro pequeño mundo sin la secre?

Porque, de vez en cuando, hay que votar, ¿Sabe usté? Y ahí no partimos peras con nadie, tós a una, Fuenteovejuna. Porque imagínese que, por un azar, de repente nos cambian a la secre… ¡Lagarto, lagarto! ¡No lo quiera, la Madre de Dios!

Federico Relimpio

Bajo su Piel Tatuada

@frelimpio

Descubrir un país Bajo su Piel Tatuada (clicar aquí)

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