El doctor Elías Cañas García-Otero acaba de fallecer. Lo ha hecho así, de improviso, tras una enfermedad agudísima y rápidamente mortal. Y, además, a una edad relativamente temprana. Viene a recordarnos que la vida es tan solo eso, vida: puro milagro, a fin de cuentas.

ELIAS CAÑAS            De su currículum en la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío prefiero que hablen otros, mucho más versados. De su calidad humana y profesional, invito a uno o, mejor, a varios, a enviar sus testimonios a este diario o a cualquier otro. De su faceta de acuarelista nos quedan sus trabajos; propongo a cualquier institución que ceda espacio y tiempo para que todos descubramos este aspecto – para muchos desconocido – del notable doctor.

Es indudable que mucho de nosotros queda en la memoria de los que nos conocieron en vida, traspasado el umbral de la muerte. En este sentido, creo que Elías vivirá en nuestro recuerdo durante mucho tiempo. Su voz profunda resonará desde los recovecos de mi cerebro, devolviéndome a las aulas universitarias, a los tiempos de la residencia en el Hospital Virgen del Rocío donde los dos aprendimos, sufrimos, y luego trabajamos tantos años. Y esa voz seguirá hablándome con calma, como lo hizo siempre, como lo hizo con todos sus pacientes.

Los que estudiamos con Elías recordaremos siempre su letra a mano, perfecta, concebida para él y para todos los que quisiéramos leerle. Vista de modo retrospectivo, era el reflejo de su oposición personal a unos tiempos en los que las prisas y el nerviosismo parecían haberse constituido en el espíritu de la época. No permitiría Elías que fuese así, para él. Y mucho menos para sus pacientes.

“Tempo fugit”, dice el latinajo. Elías se opuso con su voz, su carácter y una práctica profesional que no pretendía rescatar la de otra época, porque el aserto era simplemente mentira: nunca hubo tiempos mejores, en términos generales; la buena medicina pública es un desafío actual, obra en construcción. Pero Cronos no aceptó la rebeldía, y resolvió pararle el reloj vital a media partida. Probablemente, porque Elías era mal ejemplo para los demás, en el código de valores del Dios del Tiempo.

Descansa en la paz que nos transmitiste siempre, Elías. Tu voz profunda nos acaricia con calma todos los días y nos susurra: “no tengáis prisa; lo que ha que llegar, llegará de todos modos… Tan solo amad profundamente lo que hagáis, para que, así, podáis engañar a Cronos y logréis hacer horas de los minutos que se os concedan en esta Tierra…”.

(El doctor Elías Cañas García-Otero falleció en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla, el ocho de noviembre del año dos mil dieciocho)

@frelimpio

Federico Relimpio

 

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