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¿Diabetes en Precario?

En las últimas semanas he comentado algunos aspectos de la medicina metabólica y de la hipertensión arterial, y de las dificultades del tratamiento de estas enfermedades. He subrayado la falta de tiempo y de medios. Algo he dicho acerca del escaso reconocimiento que tienen especialidades fundamentales para el abordaje de estos problemas y para la Salud poblacional en general, como Medicina Familiar y Comunitaria. Es preciso añadir algunos elementos que permitan comprender por qué nuestros Sistemas de Salud están mal preparados para encarar el cuidado de una sociedad envejecida, repleta de pacientes crónicos, atosigada con los costes de su asistencia médica y su mantenimiento.
En primer lugar, quisiera disculparme por introducir la subjetividad de mi perspectiva personal. Como endocrinólogo, mi vida profesional me llevó a interesarme por la diabetes. En mis comienzos, era algo relativamente raro: se trata de una enfermedad engorrosa, poco lucida clínicamente. Era frecuente que algunos colegas exhibieran una sonrisa de sorna al ver mis aficiones. O mejor, de alivio: al fin encontramos un ingenuo al que le gustan estas cosas. Con dos o tres más como él, los demás podemos dedicarnos a cosas más interesantes. O menos laboriosas.
Fue la lectura de tantos trabajos científicos lo que me fue atando al problema: la certeza de que la historia natural de una enfermedad cruel y destructiva podía ser vencida. Luego me percaté de que no era la historia natural de una enfermedad, sino la trayectoria de una vida, su duración y su contenido. Poder ver o no a los tuyos, poder caminar por la playa y sentir las olas sobre tus pies. Suena cursi, ¿Verdad?… Pero son las pequeñas felicidades para las que vive uno en el día a día. De este modo, me di cuenta de que la diabetes iba con la vida, y la vida con la diabetes, e hice un largo viaje con tantos pacientes a los que sigo después de más de veinte años. Una estrecha relación que causó un grado de hilaridad entre mis jefes… “Este quiere salvar el mundo”.
A lo largo del camino, me encasqueté las enseñanzas del Steno 2 en el cerebro y las apliqué a vidas y visitas, con los resultados consiguientes: macroalbuminurias que pasaban a microalbuminurias, y luego desaparecían. Riñones tocados que permanecían a flote doce años, o más. Y mil cosas más, que no cuento para no aburrir. Solo decir que esta pasión profesional hizo escuela: compañeras tengo que a esta trinchera vinieron de cabeza, y que hoy ejercen altas responsabilidades administrativas – yo el despacho no lo quise; me gusta el sabor de la pólvora -.
Pero hasta ahí lo personal, que ya ven a lo que me lleva. Luego llegaron los tiempos de la gestión clínica. Los jefes adustos que describo en mi novela K.O.L. Líder de Opinión. Las acreditaciones y los objetivos. Los riñones de mis pacientes, a flote tras doce años, estabilizados después de mil revisiones, debían de ser dados de alta para facilitar que la demora fuera la mínima. Y ahí voy.
¿Adónde se fueron tantos de mis pacientes diabéticos y adónde siguen yéndose hoy, tras acabar un corto periplo de insulinización y ajuste?
La respuesta es clara: a sus casas, con los suyos. A cuidarse con el Equipo de Atención Primaria. Con su enfermero y su médico. Tal y como disponen los sucesivos Planes Andaluces de Diabetes.
No discrepo con ello. Al menos sobre el papel. De hecho, es lo que sucede en los países a los que nos queremos parecer. Y podría funcionar. De hecho, aún puede. Pero echemos un ojo a lo que está sucediendo para planificar las soluciones. Si son posibles con lo que tenemos.
No voy a insistir en que estos pacientes son complejos y polimedicados. Es obvio. Parte de su atención puede encomendarse a enfermería, pero ojo: estas personas desarrollan sus vidas en una maraña fisiopatológica, farmacocinética, farmacodinámica y de efectos indeseables. Necesitan un médico ducho, motivado y con tiempo. Y ahí voy.
Que médicos duchostiene la primaria no es que uno lo suponga, es que lo sé. Lo sé porque los conozco y porque he participado en su formación durante más de dos décadas. Y si hay que mejorar la formación – como si tengo que mejorar la mía –, se hace. Ese no es el problema.
La motivación es otro cantar y ahí se está esmerando el Sistema – y la Sociedad que lo engendra – para aniquilarla. Que a ver cómo uno aguanta la trinchera y la pólvora con el trato a patadas – y prolongado durante décadas -, comidita la autoestima. Pero ahí lo dejo, que eso también da para otro post.
Voy al tiempo. Objeto de la sonrisa de tantos responsable de la mesocracia, y la versión española – y especialmente, la andaluza – de lo que llamamos gestión clínica. “Apáñate”, “organízate”, “establece prioridades” y un largo etcétera de latiguillos de manual. Pero la realidad son unas horas y unos contenidos. Un número de pacientes y sus necesidades. Asistenciales y burocráticas. Una pantalla plana que dicta tiempos y unos programa que funcionan o no, o se detienen y se caen. O te recuerdan si prescribes “bien” o no. Y, además, objetivos como la demora cero. Y los tercer grados con tu jefa o jefe.
¿En cuántos minutos reales– pantalla aparte – se queda el acto médico en Atención Primaria?
¿De cuánto tiempo dispone el médico de Atención Primaria para realizar una atención efectiva para un paciente complejo y polimedicado como el paciente diabético?

@frelimpio

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